Existen parejas que están sufriendo serios problemas por alguna de estas situaciones: ambos son de religiones diferentes o uno de ellos es más devoto que el otro, no ateo pero sí apático a las actividades de la comunidad religiosa de su pareja. ¿Cuándo estas diferencias se vuelven un problema? Cuando se convierten en tema de discusión constante. Cuando se presiona al otro a que cambie de religión o que asista dominicalmente a la iglesia o, peor aún, cuando surgen fuertes conflictos sobre los principios religiosos en que educarán a sus hijos.
Cuando no pueden solventar sus diferencias surge la frustración, casi siempre en la mujer, que suele ser la más devota, pues ha sido criada en una iglesia distinta a la de su pareja, y comienzan a distanciarse. También por el qué dirán o por no crear traumas a sus hijos; también es ella la que casi siempre cede y termina por dejar de ir a su iglesia para ir a la de él. Claro que no es feliz, fue criada con otros principios religiosos.
¿La religión puede separar a las parejas? Sí. ¿Qué se puede hacer? Buscar ayuda. Si ya lo intentaron todo, diálogo y acuerdos, y aún así siguen teniendo problemas, necesitan una orientación y apoyo neutral.
Recomendaciones
Si decidimos tener una pareja de otra cultura y religión, tenemos que ser abiertos a otros puntos de vista, a otras tradiciones, a veces a otras maneras de comportamiento. No podemos aferrarnos a nuestra propia manera de pensar y a nuestra visión del mundo, porque eso rompería la armonía en la relación. Hay que tener conciencia de lo que significa estar con alguien que tiene otra idea del amor, o de la amistad, o de matrimonio. Sin ese conocimiento podemos correr el peligro de ser malentendidos y de malentender a nuestra pareja. Lo que acabaría en una pelea o en una relación fracasada.
Esa es la razón por la que algunos buscan pareja que tenga las mismas creencias: estos quieren evitar los malentendidos que puedan ocurrir en el futuro.
Los cristianos de verdad, que practican su religión con mucho empeño, desean compartirlo con su pareja, pues es bonito ir a la misa y disfrutar espiritualemente juntos el ritual cristiano, y no ir solo/sola, mientras que nuestra pareja se queda en casa, diciendo que todo eso de ir a la iglesia no es de mucha importancia. Por otro lado, se dice que los opuestos se atraen, sin embargo en el contexto de la religión, a veces la cuestión de las religiones y creencias opuestas rompe la idea de la atracción de los opuestos. Por la simple razón que en la realidad las religiones opuestas juntas no funcionan para largo plazo.
Aquí podemos preguntarnos si el amor puede ser más fuerte que el apego a la religión, y si la religión une o más bien separa. Para formar una relación seria, hay que tomar en cuenta este aspecto, puesto que los creyentes de la misma religión comparten la misma idea con respecto al matrimonio y al amor. Al contrario, muchos matrimonios viven sus primeros años en fase de enamoriamiento, sin dar importancia a si están de acuerdo en puntos tan importantes como las creencias religiosas, y con el pasar del tiempo, descubren que sus bases éticas y espirituales son radicalmente opuestas, por lo que para poder continuar y seguir comprendiéndose necesitan la ayuda de la psicología y terapias.
Rafael Mejía, psicólogo y terapeuta de parejas, afirma que “siempre va a ser normal que la mayoría de parejas una sea más activa y otra sea más pasiva, ese es el equilibrio del todo y para encontrarlo tiene que ver mucho el respeto”.
“Para que el otro quiera ir a la iglesia, por ejemplo, tiene que hacerlo cuando tenga el deseo. Eso sería un balance entre los roles del pasivo y el activo, y siempre debe haber un respeto mutuo, no se debe criticar”.
Cuando profesan diferentes religiones, Mejía recomienda un principio de equidad, para que exista en esa casa armonía y un mayor conocimiento. En vez de verlo como un factor de riesgo se tiene que ver como un factor de protección. Quitarle el matiz de que “mi religión tiene la verdad absoluta” y reconocer que las dos tienen elementos provechosos. Sobre todo si hay hijos de por medio hay que tener especial cuidado para buscar ese equilibrio.
El principio de la equidad y la sinergia hay que verlo como un factor de protección. Sinergia es lo que va a crear las diferencias prácticas y el respeto es la equidad. “Vos querés adorar un símbolo, yo no lo comparto, pero lo respeto”.
Finalmente, Mejía dice que en primer lugar siempre “recomiendo buscar ayuda profesional, en este tema puede ser un grupo de pareja de la iglesia, escuchar la opinión del padre o pastor, escuchar a un profesional en teología o psicología. Y en base a esto ser ecléptico, de esta religión rescato esto y de la otra lo otro, y formar mi propio criterio. Nadie es el dueño de la verdad sobre este tema”.
La fe y las creencias religiosas se fomentan con las experiencias y las acciones.
Lo que tenemos que hacer es promover los valores de la fe con los niños y con la familia en general.
Tips
Lo que no se debe hacer
No se debe imponer la práctica religiosa.
No tenemos que restringir la curiosidad sobre la religiosidad en la pareja y menos en los hijos.
Lo que sí se debe hacer
Tener bastante apertura del tema. Si es posible, que sus hijos decidan sus propias creencias.
El principio de compartir, la generosidad, lo enseñan en una iglesia, escuela para padres, en un retiro espiritual, involucrar a los hijos de una manera voluntaria.
Siempre que surja una actividad de índole religioso, se debe promover el respeto y el amor hacia un ser supremo.
