Lo conocen como el sacerdote catracho de corazón que ha dedicado cincuenta años de carrera sacerdotal ayudando a los matrimonios y familias en crisis.
Su carisma, don de gente y vocación de servir a su prójimo lo llevaron a abandonar su natal país, Canadá, y viajar por varios países de Latinoamérica siguiendo el llamado de Dios para predicar su palabra.
“Yo elegí mi vocación desde los nueve años, por supuesto pasaron muchos años para que pudiera hacerse realidad mis deseos. A mis diez y nueve años nada me detiene e ingresé a la sociedad de sacerdotes misioneros en Quebeck. Durante cinco años fui formándome y luego me ordené como sacerdote el 29 de junio de 1959”.
Un peregrinar sembrando la semilla de la fe y la esperanza lo sitúan en Perú, donde permaneció por varios años desempeñándose en una parroquia de la costa.
SU LLEGADA A TEGUCIGALPA.
A solicitud de la Iglesia Católica hondureña el padre Alfonso llega al Seminario Mayor en Tegucigalpa, donde permanece año y medio. Inmediatamente se gana el cariño de quienes lo conocen, sin imaginar la gran trayectoria y el legado que deja de amor, comprensión y misericordia entre los que tienen el placer de conocerlo. Sus primeros años de labor sacerdotal los realizó en la parroquia del Corpus en Choluteca.
En ese cálido lugar del país y junto al Padre Julio Cesar Martínez, Sor Michelle Saint Pierre, Padre Guido Soucy, Sor Roberta Levasseur y Sor Martha Malenfant fue de los primeros maestros voluntarios que brindaron sus enseñanzas en Instituto Monseñor Raúl. Este es un sitio dedicado a la formación de los agentes de pastoral. Además, estando en Choluteca, el padre Proulx sintiendo que podía hacer mucho por los matrimonios, comenzó a trabajar con la comunidad en la propagación de las responsabilidades que una familia conlleva. También se interesó en formar a líderes comunitarios en realizar charlas a las parejas jóvenes con miras al matrimonio.
Al cabo del tiempo, su presencia es requerida por el Cardenal su eminencia reverendísimo Óscar Andrés Rodríguez. Como es su disciplina, obedece y acepta el cargo de vicario en la pastoral de Tegucigalpa. “Tuve la gran dicha de conocer a muchos feligreses que me ayudaron desde un principio para realizar lo que ahora se conoce como el Instituto Hondureño del Matrimonio y la Familia (Ihmaf)”, señala el padre. Esta organización comienza con la conformación legal en febrero del 2002 y bajo la misma se han titulado a más de doscientos alumnos en las áreas de líderes, consejeros y guías matrimoniales.
