Cien años después del aviador francés, el piloto Edmond Salis repitió la histórica proeza de Louis Blériot, primer hombre en cruzar el canal de la Mancha en avión, uniendo la ciudad francesa de Blériot-Plage con el puerto inglés de Dover en un monoplano de época. Su compatriota Edmond Salis despegó de los acantilados de Calais, en el norte de Francia, a bordo de un Blériot XI de 1934, idéntico al utilizado el 25 de julio de 1909 por Louis Blériot, y aterrizó unos 40 minutos después en la ciudad de Dover, al sur de Inglaterra.
Salis despegó hacia las 09H10 locales (07H10 GMT), con un ruido ensordecedor ante la mirada de varios cientos de aficionados, a bordo de un Blériot XI de 1934, idéntico al utilizado en 1909 por Louis Blériot, y aterrizó unos 45 minutos después en Dover.
"Fue una aventura extraordinaria. La partida fue un poco tensa, debido al viento, pero una vez que el despegue pasó, fue sublime", se alegró a su llegada a Dover el piloto francés, cuyo padre y abuelo efectuaron el mismo trayecto a bordo del mismo avión.
HAZAÑA. La aventura, punto de partida de una serie de manifestaciones para conmemorar el centenario de la hazaña de Louis Blériot, era incierta hasta último momento debido a vientos demasiado fuertes para un antiguo monoplano. "Seguramente, Louis Blériot se hizo las mismas preguntas antes de despegar, pero tenÃa más incertidumbres porque nadie lo habÃa hecho antes que él", habÃa dicho antes del despegue Edmond Salis, que llevaba un casco de cuero, gafas y un chaleco salvavidas.
Por suerte, el viento le dio tregua y permitió al equipo que organiza las manifestaciones instalar el monoplano en el vasto terreno que sirvió de pista de despegue.
Luego de hacer arrancar a mano la hélice del Blériot XI para calentar el motor, el avión finalmente se alzó al aire. "Después del despegue, vi muy rápidamente las costas inglesas. Entonces pensé que el único problema que podÃa tener era el motor, pero el motor lo conozco bien", comentó Salis, que ya efectuó "una decena de horas" de vuelo con el Blériot XI antes de la travesÃa de este sábado.
"‘Inglaterra ya no es una isla’: cien años después, lo hicimos de nuevo", se alegró Pierre Alain Antoine, presidente de la comisión de vuelos de los actos del centenario, al enterarse del aterrizaje en Dover del monoplano, citando el tÃtulo del Daily Mail un dÃa después de la hazaña de Blériot.
"Estoy orgulloso, pero la hazaña es más bien Blériot quien la hizo", concluyó Salis al llegar.
Otro monoplano de época, pero parcialmente reconstituido, a diferencia del Blériot XI de Salis, totalmente de origen, también cruzó el canal este sábado por la mañana y otros dos aviones harán lo mismo por la tarde.
En cambio, una réplica del avión de Louis Blériot a escala 1/2, teleguiado en vuelo desde un ultraliviano, no tuvo la misma suerte: se estrelló unos cien metros después de su despegue.
HISTÓRICO. En 1909, el éxito aéreo de Louis Blériot habÃa sentado las bases de la aeronáutica moderna y lo habÃa hecho entrar en la leyenda, al lado de Clément Ader, Santos Dumont o los hermanos Wright.
Louis Blériot habÃa despegado aquel 25 de julio de 1909 a las 04H41 de Baraques en Sangatte, rebautizada Blériot-Plage en 1936, y aterrizó a las 05H18 en una pradera, a un costado del fuerte desde el cual se ve el puerto de Dover.
Apenas bastaron 36 minutos para que Blériot se convirtiera en uno de los más famosos pioneros de la aviación mundial.
HabÃa recorrido los 43 km en 37 minutos, a una velocidad promedio de 65 km/h.
Blériot realizó el vuelo seis años después que los hermanos Wright realizaran el suyo en tierra en Kitty Hawk, en Carolina del Norte, y durante una década en la que los pioneros en Europa y América del Norte desarrollaron los rudimentos de la tecnologÃa aérea.
Blériot restó importancia a las burlas y crÃticas de su tiempo -incluyendo las de su madre, que lo consideró un loco- y dedicó una década de su vida y la totalidad de su fortuna a realizar su sueño.
El viaje sobre el Canal de la Mancha, aquel 25 de julio de 1909, marcó de manera indeleble el futuro de la naciente aeronáutica mundial.
Contribuyó a multiplicar los esfuerzos de diseñadores, fabricantes y pilotos por volar cada vez más rápido, más alto y más lejos, asà como convenció a gobiernos y al público de los prometedores beneficios de la aviación.
