Camino a los altares

Uno de los tantos milagros que trascienden es que Juan Pablo II curó a un niño enfermo de leucemia en fase terminal, durante la visita del Papa a México.
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Honduras

30.04.2011 - Siempre - siempreSPAMFILTER@elheraldo.hn

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El día de su histórico adiós el mundo se unió en un clamor unánime: “Santo, santo, santo”. Hoy, seis años después Juan Pablo II, El Grande, es proclamado beato, un paso previo a la canonización.

Católicos del mundo tienen los ojos puestos hoy, primer domingo después de Pascua, una jornada dedicado por el propio Karol Wojtyla a la “divina misericordia”, en la Plaza San Pedro, el lugar de la ceremonia. La beatificación del Papa polaco, quien falleció el 2 de abril de 2005 a los 84 años tras una larga enfermedad que el mundo siguió en directo, es el paso previo a la canonización y se lleva a cabo en un tiempo récord, inferior a los cinco años habitualmente necesarios para iniciar el proceso.

PASO A PASO. Los requisitos para alcanzar la “gloria de los altares” fueron reducidos por el popular pontífice polaco mediante una reforma del Código de Derecho Canónico introducida en 1983.

Tres son las etapas que debe pasar el candidato para poder ser proclamado santo: confirmación de las “virtudes heroicas”, beatificación y canonización. Para las dos últimas se necesita un milagro comprobado.

La beatificación es un proceso que habitualmente lleva décadas y en algunos casos siglos, pero en el caso de Juan Pablo II llegó tan solo cinco años y siete meses después de su muerte.

El primer paso para el proceso de beatificación lo da generalmente el obispo de la diócesis a la que pertenecía el candidato y difícilmente antes de los cinco años posteriores a su muerte.

Ese plazo fue más breve en el caso de Juan Pablo II, fallecido el 2 de abril de 2005, cuya beatificación fue aprobada en enero pasado en un plazo récord por su sucesor, Benedicto XVI.

Durante la investigación, primero se demuestra que el difunto gozaba de “fama de santidad” y que merece ser propuesto como candidato a la canonización.

El obispo y los laicos, o incluso el llamado “postulador” (suerte de abogado defensor), elevan posteriormente la propuesta a la Congregación para las Causas de los Santos -más conocida en Roma como la “fábrica de santos”-, que es la encargada de dar el “nihil obstat” (permiso) para iniciar el verdadero proceso de las “virtudes heroicas”.

El postulador debe reunir toda la información, desde testimonios hasta cartas y escritos, para demostrar que el candidato practicaba de forma “heroica” y continuada las virtudes de la fe.

El informe pasa entonces por las manos del famoso y antiguamente llamado “abogado del diablo” -porque ponía mil trabas y obstáculos en el camino del candidato-, que ahora se llama en cambio “promotor de la fe”, quien ha pasado a ser casi un colaborador del futuro santo, tratando de ayudarle indirectamente a demostrar sus cualidades.

Los teólogos consultores, los cardenales y hasta el Papa tienen derecho a opinar en esta etapa del proceso, después de la cual se puede prever la beatificación, siempre y cuando se haya demostrado al menos la existencia de un milagro que pueda ser atribuido al candidato.

EL MILAGRO. En el caso de Karol Wojtyla, este intercedió para la curación “milagrosa” de la monja francesa Marie Simon-Pierre, enferma de Parkinson.

La reforma del Código de Derecho Canónico exige demostrar otro milagro para poder ser proclamado santo.

Pero demostrar la validez del milagro tampoco es tarea fácil. La Congregación para las Causas de los Santos se vale del asesoramiento de un equipo de 70 médicos y de distintos expertos, así como de los estudios clínicos a los que es sometido el individuo supuestamente curado por milagro.

Una primera aproximación al fenómeno denominado “milagro” la da el hecho de que se trate de la curación instantánea, perfecta, duradera e inexplicable científicamente, como la de una enfermedad incurable o muy difícil de curar.

Según el cardenal suizo Georges Cottier, “todo está listo” para iniciar el proceso de canonización y demostrar que Juan Pablo II intercedió en un segundo milagro.

Uno de los tantos que trascienden es que Juan Pablo II curó a un niño enfermo de leucemia en fase terminal, durante la visita del Papa a México.

Si bien para la canonización de Juan Pablo II, es decir para que sea proclamado santo, se requiere la ratificación de otro milagro, su figura y obra comienza a ser cuestionada.

EL PAPA SANTO NÚMERO 89. Juan Pablo II se encamina a ser el Papa santo número 89. Porque ya hay 78 papas santos y 10 beatos. La mayoría de ellos pertenecen a los primeros años de la Iglesia. El primero de todos, Pedro, el primer vicario de Cristo, martirizado en Roma. Y después, muchos de los siguientes: Lino, Anacleto, Clemente, Evaristo, Alejandro... Los 53 primeros papas fueron mártires.

Más adelante llegaron a los altares otros pontífices sin haber sido mártires. Entre ellos, los tres papas Magnos: León I (440-461), Gregorio I (590-604) Y Nicolás I (858-867). León I convenció, en el 452, a Atila de que no arrasase Roma. Gregorio Magno se convirtió en líder de la ciudad arrasada por la peste y la calamidad, estableció vínculos con los ortodoxos, evangelizó a británicos, francos y visigodos. De Nicolás I, sus contemporáneos decían: “Mandaba a los tiranos dominándolos con su autoridad superior, como si fuese el dueño del mundo”.

Más cercanos en el tiempo están San Pío V (1566-1572), San Pío X (1903-1914) y los dos papas beatificados precisamente por el papa Wojtyla: Pío IX (1846-1878) y Juan XXIII (1958-1963). Pío V ha pasado a la historia por el ritual de la eucaristía que lleva su nombre. Un ritual que se renovó a fondo en el Concilio Vaticano II, pero que aún practican los seguidores del obispo cismático Marcel Lefebvre.

Esencialmente, misa en latín y de espaldas al pueblo. Pío X fue el Papa salido del cónclave en que el emperador austríaco vetó al cardenal Rampolla. Sus votos los recogió el cardenal Sarto, que, nada más ser elegido, prohibió los vetos en el cónclave.

Juan XXIII fue santo por aclamación popular. Ya en vida se le conoció como el Papa Bueno y en sus funerales, la gente, que abarrotaba la Plaza de San Pedro, lloró emocionadamente su pérdida. Y pronto comenzó a pedir que se le elevase a los altares.

Algunos le reprocharon a Wojtyla que, quizás para compensar, hubiese beatificado al mismo tiempo a otro Papa que no gozó de la estima popular: Pío IX. En la ceremonia de su beatificación, Juan Pablo II sólo dijo de él: “En tiempos turbulentos supo siempre conceder el primado absoluto a Dios”.

Investigación

Para declarar beato a Juan Pablo II se documentaron hechos concretos para demostrar que fue un santo. Para eso interrogaron a 114 personas, tanto a favor como en contra de la beatificación. 35 cardenales, 20 obispos, 11 sacerdotes, 5 religiosos, 3 monjas, 36 laicos, 3 no católicos y 1 judío, que respondieron a 129 preguntas cada uno.

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Juan Pablo II sube a los altares a solo seis años de su muerte. A pesar de la extremada velocidad, el Vaticano insiste en que se han respetado escrupulosamente todos los pasos.
Juan Pablo II sube a los altares a solo seis años de su muerte. A pesar de la extremada velocidad, el Vaticano insiste en que se han respetado escrupulosamente todos los pasos.

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