Juan Pablo II el Grande pasará a la historia de la Iglesia y de la humanidad por muchas y sobradas razones. Una de ellas es su condición de Papa del pueblo, de Papa de todos. El 16 de octubre de 1979 fue elegido el primer Papa polaco de la Iglesia. Karol Wojtyla, el líder de la Iglesia Católica; Juan Pablo II, el hombre, el artista, el intelectual, el deportista, el sacerdote.
El legado de su pontificado abarca muchas áreas: las novedades que introdujo en la religión católica, su devoción mariana e incluso sus posiciones políticas marcaron su paso por el trono de San Pedro y dejaron, sin duda alguna, una estampa imborrable para toda la humanidad.
En sus numerosos discursos y ensayos también propició la reconciliación con los judíos y el diálogo con los musulmanes y con otras confesiones, pidió perdón por los errores y horrores cometidos por los católicos en el curso de los siglos, al tiempo que adoptaba una línea sumamente conservadora en temas relacionados con el control de la natalidad, el aborto y el divorcio.
EL PAPA DE LOS JÓVENES. Una de las grandes paradojas de los más de 26 años de pontificado de Karol Wojtyla, es, sin lugar a dudas, la magnífica relación que mantuvo siempre con los jóvenes del mundo, hay todavía quien no se puede explicar cómo un hombre de edad avanzada y enfermo tenía ese poder, esa capacidad, de convocar e inspirar a millones de jóvenes a participar en las Jornadas Mundiales de la Juventud, llegando a tener, en el jubileo del año 2000, a tres millones de jóvenes en Roma.
Este poder de convocatoria se vio manifestado de manera sorprendente en los días posteriores a su triste deceso, pues a sus funerales asistieron millones de jóvenes provenientes de diversas partes del mundo; se veía desfilar en grupos tipo scout a jóvenes de diferentes nacionalidades, idiomas, color de piel… en fin jóvenes con, aparentemente, muchas diferencias, pero teniendo algo muy grande en común: el gran afecto, la gran empatía que sentían por Juan Pablo II.
Juan Pablo II no solo fue el Papa de los jóvenes, fue también “el Papa que se mantuvo joven por siempre”, como han dicho algunos de sus más fieles seguidores, pues consideraban a Juan Pablo II uno más de ellos, y esto era recíproco, pues su santidad, a pesar del cansancio físico y todas las enfermedades que lo aquejaban, siempre mantuvo el corazón, la actitud y el pensamiento de un joven, pues como él mismo decía “quien vive con los jóvenes se transforma en joven”; y si dicen bien sobre que la verdadera juventud es la que da Dios mismo, y no la de la edad, entonces él era aún un joven.
Dedicó gran parte de su pontificado a la atención de los jóvenes, lo cual uno puede apreciar desde la inauguración de su pontificado cuando dijo a los jóvenes “Vosotros sois la esperanza de la Iglesia y del mundo, vosotros sois mi esperanza”.
POLÍTICA. Según Juan Pablo II, para que los políticos cumplan el mandamiento fundamental de amar a Dios y a los hermanos tienen que vivir el compromiso político como un servicio. Un servicio que “pasa a través de un diligente y cotidiano compromiso, que exige una gran competencia en el desarrollo del propio deber y una moralidad a toda prueba en la gestión desinteresada y transparente del poder”.
El católico, además de servirse como guía de estos principios, que valen para todo político, cuenta, además, con las orientaciones de la doctrina social de la Iglesia, que, como explicó el santo padre en una ocasión “no constituyen una ‘ideología’ y menos un ‘programa político’, sino que ofrecen las líneas fundamentales para una comprensión del hombre y de la sociedad a la luz de la ley ética universal presente en el corazón de todo hombre e iluminada por la revelación evangélica”.
DEVOCIÓN MARIANA. Juan Pablo II exaltó la imagen de la Virgen María, y esa dedicación es la que lo convirtió en el Papa que visitó el mayor número de templos marianos en el mundo. Su fervor hacia la Virgen se constituyó en uno de los valores más importantes durante su vida religiosa. Presidió su pontificado con el lema Totus Tuus, que significa “Todo tuyo”, en referencia a la Virgen María. Fue devoto ferviente de la Virgen del Carmen.
En su encíclica Redemptoris Mater, de 1987, Juan Pablo II explicó que su devoción mariana parte de la base de que María fue el ejemplo más elocuente de cristiandad.
La devoción por la Virgen nació a partir de las Carmelitas Descalzas, congregación con la que desde niño tuvo contacto. Él mismo dio a conocer la influencia que las carmelitas ejercieron en su vida.
BIBLIOGRAFÍA. Un legado así, tan rico, tan hermoso, tan inagotable, no se puede olvidar ni obviar ni prescindir. Queda para las presentes y futuras generaciones y queda como patrimonio -que nunca hipoteca- para su sucesor, que no será nunca una copia de Wojtyla, que será él mismo y, en definitiva, será un nuevo eslabón en la cadena de la sucesión apostólica petrina, que es eslabón y expresión de la alianza eterna de amor de Dios con la humanidad, mediante su Iglesia, sacramento universal de salvación, prolongación de Jesucristo, el único Redentor.
Fue muy prolífico en escritos, publicó catorce encíclicas, y convocó nueve consistorios en los que creó 232 cardenales, de ellos uno “in pectore”, cuyo nombre no reveló nunca.
