A Honduras llegó el martes 8 de marzo de 1983... y su huella está presente. En la capital, dos vías de comunicación llevan su nombre; Juan Pablo II. No solo dejó su huella en nuestro país, sino que en las 129 naciones que visitó.
Ese récord de viajes le mereció para que le llamaran el “Papa Viajero” y con mucha mayor razón si se tiene en cuenta que sus antecesores no pusieron prácticamente un pie fuera del Vaticano.
Y la razón por la cual el santo Papa viajaba tanto era porque según sus palabra: “El Papa viaja tanto, porque no todo el mundo está aquí (en Roma)”. Aunque Pablo VI fue el primer Papa en la era moderna que viajó al exterior, Juan Pablo II hizo de los viajes una característica de su pontificado.
EL MENSAJERO EN LA TIERRA. Para Karol Wojtyla la labor pastoral de la confesión católica, obligaba a predicar sobre el terreno, para que el mensaje calase este debía ir acompañado del mensajero a todas partes. En los tres primeros años desde su elección, en 1978, había visitado ya cuatro continentes.
Al final de su papado, Juan Pablo II había conocido en viaje oficial más de 129 países, muchos de ellos en varias ocasiones. En total viajó un millón 247 mil 613 kilómetros, o 3.24 veces la distancia de la Tierra a la Luna, en viajes papales dentro y fuera de Italia.
“Para mí, un lugar pequeño es tan importante como una diócesis numerosa”, dijo a modo de explicación sobre su escala en la isla de Guam en 1981.
Según estadísticas del Vaticano, pasó 822 días, o más de dos años y tres meses, fuera del Vaticano. Se mantuvo en movimiento pese al deterioro paulatino de su salud, que le impidió arrodillarse y besar el suelo a su llegada por primera vez a un país. Casi imposibilitado de caminar, le instalaron plataformas móviles al pie de su avión. Cuando visitó Eslovaquia en septiembre del 2003, Juan Pablo ya no pudo completar sus discursos, caminar, ni siquiera ponerse de pie.
Contraviniendo los consejos de sus asistentes, en el 2002 viajó a Canadá, Guatemala y México. Pero su programa de actividades se aligeró y las reuniones se redujeron.
VIAJES QUE HICIERON HISTORIA. Los viajes de Juan Pablo hicieron historia, ya fuera para oficiar la misa ante más de un millón de personas en su Polonia natal en 1979, cuatro millones en las Filipinas en 1995, o apenas un centenar de fieles en un reducto católico en Noruega en 1989. Hasta que llegó Juan Pablo, ningún pontífice había visitado jamás Polonia, Cuba, Sudáfrica y una larguísima lista de naciones en África, Latinoamérica y Europa.
Juan Pablo viajó dieciocho veces a América Latina proclamándolo “el continente de la esperanza”.
Cumplió uno de sus sueños con la visita a Tierra Santa en el 2000, donde el peregrino de la fe rastreó los orígenes de la cristiandad con escalas en Israel, los territorios palestinos y Jordania. Juan Pablo estableció lazos diplomáticos formales con Israel, pero a menudo se desesperó por los obstáculos en el camino de la paz entre judíos y árabes.
Pero otros de sus sueños no pasaron de quimera. Una visita a China, donde no se reconoce la autoridad papal sobre los católicos, resultó irrealizable, al igual que una visita a Moscú debido a las disputas con la Iglesia ortodoxa rusa.
De gran carácter simbólico se puede considerar su viaje a Santo Domingo en 1992, con ocasión del quinto centenario del inicio de la evangelización en América, uno de sus destinos preferidos y más frecuentados.
Como lo ha sido también el continente africano, territorio que por el carácter sincrético de sus religiones -animistas, cristianos y musulmanes conviven en porcentajes parecidos en muchos de aquellos países- ha obligado a cuidar con especial mimo la labor pastoral hacia sus habitantes.
VIAJES POLÉMICOS. La polémica ha rodeado, en ocasiones, algunas visitas del Papa. Su aparición en público junto al dictador Augusto Pinochet durante la visita oficial que realizó a Chile en 1987 le acarreó multitud de críticas entre un amplio sector de la opinión pública. No menos conflictiva fue la que emprendió a la Cuba castrista.
La química entre ambos parece, sin embargo, que funcionó durante su estancia, y sus mensajes en contra del consumismo desmesurado del capitalismo causaron cierto asombro y malestar entre algunos gobiernos occidentales, especialmente en Estados Unidos.
