Honduras
01.01.2011 - Vladimir López Recinos/ Investigador del fenómeno - migrantes2004SPAMFILTER@yahoo.com.mxna vez más se presenta el dramático secuestro de 40 migrantes centroamericanos en territorio mexicano y otra vez queda al descubierto la indiferencia e incompetencia de la Cancillería hondureña y su servicio exterior en México y Estados Unidos, al extremo que parecieran no existir y eso es perjudicial para los hondureños.
Es de nueva cuenta, Relaciones Exteriores de El Salvador, quien sale a dar la cara no solo por los suyos, sino que también por nuestros compatriotas, y desde el principio ha exigido al gobierno mexicano que actúe de forma inmediata.
La mayoría de los 40 migrantes secuestrados posiblemente sean hondureños. Después de México, Honduras es el segundo país latinoamericano que más personas expulsa a EE UU y éstas tratan de llegar de forma irregular o indocumentada transitando por el territorio mexicano, que hoy está siendo controlado y a la vez disputado por distintos grupos del crimen organizado.
Los acontecimientos, las acciones institucionales y de los distintos actores involucrados en este nuevo y dramático incidente como en la emigración de los hondureños y demás centroamericanos está siendo documentado de forma permanente por nuestro Observatorio Académico de la Migración.
Es conveniente analizar los acontecimientos que se han venido dando de la forma siguiente: A medianoche, entre el jueves 16 y el viernes 17 de diciembre, se produce el secuestro de 40 migrantes centroamericanos lo cual es denunciado por el coordinador del albergue Hermanos en el Camino, Alejandro Solalinde. La cónsul salvadoreña en Chiapas, Vilma Mendoza, por su parte también confirma el hecho; ambos recaban testimonios, ratifican el rapto y además informan sobre la detención de más migrantes en algunos operativos migratorios (El Universal 18/12/10). La Cancillería de El Salvador, en un extenso y detallado comunicado, no solo da a conocer más pormenores de lo ocurrido en la localidad de Chahuites, Oaxaca, sino que también condena y reclama enérgicamente el esclarecimiento del secuestro de los migrantes centroamericanos, asimismo, exige una inmediata investigación por parte de las autoridades de México (El Norte 21/12/10).
En contraste, la Cancillería hondureña anuncia su gran programa "Honduras is open for business" e informa de las instrucciones precisas que tiene el servicio exterior para dedicarse a dar a conocer ese proyecto en el mundo con el que se pretende incentivar la inversión en el país (El Heraldo 21/12/10). También un día después del secuestro se hace una apología de la migración y se alaba "al migrante triunfador" tras el descubrimiento denominado: "arquitectura de remesas", que en el fondo no es más que la construcción de las casas que los migrantes han venido haciendo con los dineros que obtienen como producto de las extensas y agotadoras jornadas de trabajo en EE UU (La Tribuna 17/12/10).
FALTA DE CONCIENCIA.
Es evidente la falta de conciencia que se tiene sobre la problemática de la emigración hondureña indocumentada a EE UU, tanto a nivel gubernamental como de la sociedad en general. Una vez más queda claro que a las autoridades del gobierno y el Estado hondureño no les importan los migrantes, solo sus votos en el exterior y las remesas que ellos envían. Así es y ha sido en este y los distintos gobiernos hondureños, que han visto la migración hondureña a EE UU como una válvula de escape, pues la partida de miles de hondureños, en cierta medida les permite gobernar sin presiones, y a la vez les resulta redituable si los migrantes una vez trabajando en Estados Unidos envían dólares al país.
Igualmente se insiste constante y permanentemente en transmitir una idea errónea de la emigración como el mal llamado "sueño americano" que existe en el imaginario colectivo, asimismo, la ridícula idea de que Honduras, con altos niveles de inseguridad, pobreza, atraso e ingobernabilidad, es el paraíso para las inversiones. El gobierno, al igual que otros sectores sociales, debería ser más serio, ponerse a trabajar de verdad y mejor intentar hacer un mínimo esfuerzo para ver de qué forma realmente podrían contribuir al desarrollo de nuestra nación. ¿Por qué mejor no buscan reales soluciones al desastre económico, político y social que hay en el país?
La anterior interrogante, debería motivar al gobierno en turno y a toda la sociedad hondureña en su conjunto a reflexionar entorno a la migración internacional, las remesas, la participación de los migrantes y su familia en la economía nacional e implicaciones que puede tener la emigración en el desarrollo del país.
La respuesta de la Cancillería hondureña frente a este nuevo y lamentable hecho fue hasta cinco días después. Tardó mucho. Estuvo desarticulada de su personal en el servicio exterior y con datos preliminares e imprecisos (La Prensa 22/12/10). Del embajador de Honduras en México, jamás se conoció opinión alguna. De los comisionados de los migrantes que residen en EE UU tampoco. Está por demás, seguir refiriéndose al silencio asumido y tratar de encontrarle una explicación al mismo, pues es solo más evidencia de lo que ya ha quedado demostrado: una gigantesca incapacidad e indiferencia. Situación que además, puede ser avalada con horas de grabaciones en entrevistas y grupos focales a los migrantes donde ellos son enfáticos y categóricos: "Estamos desprotegidos y nos tratan peor que a los animales", "Nos cortan la comunicación o nos dejan esperando en el teléfono".
El secuestro y posterior matanza del pasado 22 de agosto en San Fernando, Tamaulipas, México, no sirvió de aprendizaje, se continúa igual o hasta peor. Consideramos que los hondureños deberían de abstenerse de emigrar de forma indocumentada hacia EE UU y mejor exigir de forma organizada empleo, buenos salarios, prestaciones sociales y otros derechos como mejor servicio de salud, educación de calidad, seguridad pública y jurídica, al gobierno que dice representarlos y Estado que pertenecen.
¿Qué hace el gobierno hondureño para no expulsar más personas? ¿Qué se hizo para intentar prevenir ese tipo de tragedias? Los gobiernos anteriores y el actual no han asumido una postura crítica en defensa de los migrantes indocumentados hondureños, pues éstos pareciera que no cuentan como ciudadanos, solo cuentan las remesas que envían. A diario, niños, hombres y mujeres vulnerables mueren en el camino y trayecto hacia EE UU. Resulta que son asesinados o terminan despedazados al caer de vagones del tren, pero eso no es motivo suficiente para emitir una protesta enérgica y exigir un mejor trato.
Antes de la tragedia de San Fernando no hay registro oficial de un reclamo oportuno y directo del gobierno hondureño demandando un mejor trato para a sus connacionales en tránsito por México. Previo a esa horrenda matanza jamás existió una reacción inmediata de Honduras. Hoy tampoco la hay, sino que los reclamos siempre han sido de parte de otros gobiernos, de organismos internacionales y locales mexicanos que trabajan en defensa de los derechos humanos, y que como ahora han salido a denunciar y protestar por lo ocurrido. ¿Qué está pasando en Honduras? ¿Para qué sirve la Cancillería hondureña, el embajador, los cónsules de Honduras en México y los comisionados de los migrantes? ¿Dónde están? ¿Existen?
Es Navidad y mientras escribo el presente artículo las autoridades mexicanas -a raíz de la presión e insistencia de la Cancillería salvadoreña y los testimonios de varios hondureños que escaparon al secuestro- ya han tenido que iniciar una formal investigación y anuncian que todavía no hay rastro de los migrantes. Por su parte, la Cancillería hondureña anunció que será pasada la festividad cuando se tratará de viajar e ir a ver qué pasa en México. Ojalá no sea demasiado tarde e igual que en agosto cuando se les comunicó que, aunque no quisieran y a regañadientes, tenían que venir a reconocer muchos cadáveres, pues todo indicaba que la mayoría pertenecían a nuestros connacionales, y así fue.
Es importante reflexionar el por qué los migrantes hondureños no deberían seguir subsidiando un gobierno que no los protege, pero que bien se gasta gran parte del presupuesto nacional en sostener un ministerio y servicio exterior incapaz. Los migrantes, que aportan a la economía hondureña $2,431 millones anuales, según cálculos del Banco Central de Honduras, sus familiares y todo ciudadano que así lo considere conveniente, tienen todo el derecho de exigir la renuncia de los funcionarios que no cumplen su trabajo, pero mensualmente reciben un oneroso salario para brindar un servicio público.