Para los que hemos tenido la oportunidad -atención: no digo suerte- de conocer a Patricia Rodas, los acontecimientos que se han sucedido en Honduras desde enero de 2009, en que la entonces canciller imprimió el giro izquierdista en la política exterior del país y comenzó su pérfida labor en la fundación del régimen chavista, tienen una explicación lógica y racional.
Siguen, tan solo, el “plan Honduras” que Hugo Chávez había bocetado en sus proyectos continentales nunca ocultados y bien aireados, incluso, por sus voceros.
EL ACERVO IDEOLÓGICO DE RODAS. Patricia Rodas, procedente de una familia de rancio abolengo hondureño, donde pudo saborear la política de la mano de su padre, el Dr. Modesto Rodas, nació y creció en la época de los grandes mitos y fantasías revolucionarias.
Creyó sinceramente en la “epopeya” de la Sierra Maestra, cuando los barbudos conquistaron La Habana para a renglón seguido poner a funcionar los paredones de fusilamiento, y leyó con avidez “La historia me absolverá” de Fidel Castro y “El diario del Che en Bolivia”. Soñaba con Carlos Marx y leía a escondidas los soporíferos poemas de Ernesto Cardenal.
Luego llegó la revolución sandinista, plagada de ilusiones y más tarde de febriles decepciones, y Patricia descubrió el dulce encanto de la revolución y, sumida ya en la mística castropaleoestalinista, se dejó seducir por la misma.
Puso un sandinista en su vida privada, emigró hasta Managua para comprobar in situ y de visu el “proceso revolucionario” y se creyó a pies y puntillas, como se suele decir, las inflamantes peroratas de los nuevos caudillos de la “luminosa era socialista” y sus planes de librillo.
Más tarde, ya con la realidad abriéndose paso, aquella opereta revolucionaria acabó naufragando en los mares de la racionalidad política, los sandinistas perdieron unas elecciones libres y democráticas, en 1989, y Patricia Rodas se fue con la música sandinista a otra parte, para comprobar si en Honduras se daban las “condiciones sociales y políticas para alumbrar un proceso revolucionario”, en la conocida jerga del pleistoceno soviético que manejan estos prohombres de la patria.
EL AUGE: LOS PRIMEROS PASOS DE HONDURAS HACIA LA ALBA Y EL BLOQUE IZQUIERDISTA
Pero Patricia, ya animada y jaleada por los recientes éxitos de Chávez en la escena americana, muy pronto comprendió que una epopeya al estilo de las cubana y la nicaragüense tenía muy pocas posibilidades de “cuajar” en la racional y poco dada a los excesos realidad hondureña. Así puso en marcha su verdadera aportación al marxismo-leninismo local: el “entrismo”.
Toda vez que una fuerza comunista, o al estilo de las chavistas que ya operan en el continente, tenía muy pocas posibilidades en Honduras, Rodas, junto con un grupo de sus selectos acólitos, se afiliaron al Partido Liberal y en un periodo de tiempo relativamente corto se hicieron con los mandos de dicha formación política.
Después, de la mano de “Mel” (Manuel) Zelaya, cuya única ideología conocida era la perpetuación en el poder, pusieron en marcha sus pérfidos planes: fundar régimen y utilizar a los “tontos útiles”, para más adelante subvertir el sistema democrático y “profundizar en el proceso revolucionario”; es decir, crear una dictadura de corte socialista de partido único, disciplina cuartelera y economía intervenida e infuncional.
Eran los tiempos del auge, a comienzos del año 2009, cuando todo estaba saliendo relativamente bien y el venezolano Hugo Chávez se mostraba complacido por los avances de la muchachada hondureña.
El “entrismo” había funcionado, todo se desarrollaba sin problemas y Rodas se mostraba eufórica, como si estuviera al borde del éxtasis tras fotografiarse con su mentor espiritual: Hugo Chávez. No era para menos, qué emoción.
LA EJECUCIÓN DEL “PLAN HONDURAS” Y EL TRABAJO DE LA CANCILLER
El “Plan Honduras” de Hugo Chávez, que ejecutaba a la perfección y sin miramientos Rodas, pasaba por la reelección de Zelaya, prevista si nadie se oponía a la denominada consulta de la “cuarta urna”, y la disolución del Parlamento para convocar a una asamblea constituyente que ya estaría completamente en sus manos.
Los Kerensky del momento, que eran muchos, todavía creían en la sinceridad del “proceso” y nadie esperaba el desenlace que más tarde aconteció.
LA “REVOLUCIÓN DE OCTUBRE” EN VERSIÓN HONDUREÑA
Y llegó el momento, en junio de 2009, cuando Rodas puso en marcha toda la maquinaria política, utilizando de una forma torticera e inapropiada todos los medios de la Cancillería, para llevar a cabo la dichosa consulta reeleccionista, lograr una cierta legitimidad internacional invitando a observadores electorales solo de los países de la Alternativa Bolivariana para las Américas (Alba) y animando al presidente Zelaya a seguir adelante, pese a que todas las instituciones y líderes de opinión le habían aconsejado de desistir en el intento.
Pero Rodas, como buena revolucionaria que es y habiéndose empapado de Lenin desde su más tierna infancia, creyó ver en aquellas fechas el “momento propicio” leninista para llevar a cabo su peculiar “revolución de octubre”, en versión hondureña, en aquel ya lejano junio de 2009.
La suerte les sonreía a los nuevos revolucionarios, mientras que Zelaya, como un vulgar Nerón de una Tegucigalpa que estaba ardiendo aunque nadie lo percibiese, soñaba con emular las hazañas de los viejos césares, aunque eso sí sin composiciones ni liras, pues el personaje tampoco da para más.
Los partidarios de Rodas, conocidos como los “patricios”, sabían que en el fondo Zelaya era tan solo un “tonto útil”, como describía a Lenin a los burgueses que trabajaban para la revolución comunista sin serlo, y que una vez avanzando el proceso revolucionario sería fácilmente eliminado de la escena tal como ha ocurrido en otras revoluciones, que siempre acaban devorando a sus hijos.
EL FIN JUSTIFICA LOS MEDIOS
Para Rodas, como para su camarilla de aventureros, oportunistas e izquierdistas convencidos, el fin justificaba los medios y todo valía, incluso la utilización de procedimientos ilegales, para perpetuarse en el poder por todas las formas y subvertir el sistema, de tal forma que utilizando los mecanismos institucionales que tenían a su alcance se trataba de fundar régimen sobre las ruinas de la legalidad anterior.
Tanto Hilter, como el propio Lenin utilizaron inicialmente la vía democrática para llegar al poder, destruyendo la “legalidad burguesa”, y dar rienda suelta a sus respectivos proyectos totalitarios.
EL OCASO: DE REGRESO A MANAGUA
La caída de Patricia Rodas se produce el 28 de junio del pasado año, cuando el proyecto chavista para Honduras fue detenido en seco y sin vuelta atrás y cuando las instituciones ponen a todos en su sitio.
Luego llegaron las elecciones democráticas de noviembre, la toma de posesión de Porfirio Lobo del Partido Nacional y los reconocimientos internacionales de su gobierno.
Era el triste final de Rodas y los suyos. La ideóloga de Zelaya se iba con su cantinela, tontuna y sandinista, triste y castrista, a Managua.
Su desmedida ambición, junto con su escasa capacidad de análisis para comprender que la sociedad y las instituciones hondureñas no iban a seguir sus pasos y que iban a dar merecida respuesta a su envite, le llevaron a este estado de cosas.
En definitiva, y ahora que saborea de unas merecidas vacaciones en la patria de Sandino, Rodas no fue la alumna aventajada de Lenin que se creía y, como vemos, no supo elegir su “momento propicio”. Pero todo eso ya es historia, que quizá todavía está por escribir.
