El demonio, reencarnado en los antiguos colonizadores europeos, volvió a intentar esclavizar al hombre negro, quien una vez más resistió por sus ansias de libertad en el Festival Anual de Diablos y Congos, celebrado en la localidad panameña de Portobelo.
Desde la mitad del siglo XVI se representa en Portobelo, ciudad del atlántico panameño donde los europeos traficaban con esclavos negros, esta fiesta alegórica.
Habitantes del lugar olvidan por unos momentos sus problemas llevando diabólicas máscaras, hechas unas de barro y otras de cartón y papel de aluminio, yuca y harina. Lo acompañan de un disfraz de tela roja y negra y un rudimentario calzado de plumas.
Por otro lado, otro grupo viste con harapos y collares además de llevar sus caras pintadas con carbón. También llevan muñecos de bebés colgados en sus cinturas. Ellos son los “congos”.
“El mal es representado por los diablos que representan al español esclavista, al patrón de la plantación y los ‘congos’ representan al negro rebelde que no quiere ser esclavo”, dijo a la AFP Roberto King, productor del Festival de Diablos y Congos.
Esta ciudad fue durante los siglos XVI y XVII uno de los principales puertos y punto de trasiego de toda la riqueza de América, incluido el tráfico de esclavos.
“Este festival es la herencia de los esclavos negros que escaparon de las plantaciones, fueron a la montaña, se convirtieron en cimarrones y crearon espacios donde mantuvieron viva su cultura”, dijo King.