Erase una vez… una frase nos hacer remontar al encanto y la magia de los cuentos, nos hace volar hacia tierras recónditas, héroes, princesas y dragones. Historias de mundos fantásticos que nos ponen en contacto con el valor y la belleza que residen en el alma humana. Los cuentos de hadas están fundamentados en las raíces de la historia de los pueblos y traen a flote los sueños que danzan escondidos en nuestro propio corazón.
EL ORIGEN DEL CUENTO.
Para remontarnos a la historia de los cuentos nos dirigiremos en primer lugar a la literatura india.
En las postrimerías del siglo XVIII llega a los medios culturales europeos la noticia de la existencia de una lengua antiquísima: el sánscrito, “lengua sagrada”, “lengua perfecta”. Este descubrimiento -fuente de la filología comparada-, nos dio la posibilidad de adentrarnos en un amplio universo de complejos y ricos valores, y puso al alcance de la sensibilidad occidental un prodigioso caudal de emociones, vivencias y símbolos, cuya inagotable diversidad, en ocasiones de difícil comprensión por el distanciamiento, aún nos conmueve con su belleza y profundidad espiritual.
Y es en la India donde encontramos los primeros mitos de una antigüedad indeterminable, recogidos y compilados con mucha posterioridad. El Ramayana y el Mahabharata son las dos grandes epopeyas épicas de la India.
El Ramayana nos cuenta las vicisitudes de Rama: su nacimiento, luchas, destierro, el rapto de Sita -su esposa-, su azaroso rescate y los hechos militares que condujeron a la conquista de Ceilán y la destrucción de los enemigos de Rama, los Raxasas. El Ramayana patentiza, en su laberíntico desarrollo, la fuerza de una cultura en pleno apogeo y una intensa comprensión de las emociones del hombre.
También es la India la cuna de la fábula y el cuento como género. El Hitopadesa y el Panchatantra son los primeros libros de relatos breves que registra la historia de la literatura universal. De ellos y de las fábulas de Bidpai (en las que se origina el Calila y Dimna, primer libro de cuentos traducido al español, en el siglo XIII) se deriva la multitud de formas literarias narradas que proliferan en Europa durante la Edad Media.
El cuento indio llegó a Europa por dos vías; la de las traducciones persas, hebreas, griegas y latinas, y por la recreación árabe (Las mil y una noches).
En las literaturas del cercano oriente, en Babilonia, encontramos la obra literaria más conocida de Sumeria: La epopeya de Gilgamesh, la cual narra la historia del héroe que encarna el espíritu de la lucha del hombre que se debate entre su naturaleza divina y material.
CIVILIZACIONES INDÍGENAS.
En América nos encontramos con grandes civilizaciones, la azteca, maya, tolteca y quechua, donde existe una riquísima tradición oral que resulta difícil de investigar debido a la escasez de textos que han recogido esta inmensa tradición.
Algunas de las características comunes que muestran es la constante presencia de elementos religiosos en su temática, una expresión muy refinada y un gran sentido del humor. En la cultura maya-quiché nos encontramos con el Popol Vuh, una cosmogonía religiosa que da cabida a las leyendas y tradiciones de esta cultura. De allí nos llega el mito de Ixquic, antecedente del cuento que muchos siglos después transcribieron los hermanos Grimm, Schneewittchen (Blancanieves).
Habla de una niña que es hija de uno de los siete señores del mundo de los infiernos, y llega hasta un árbol del que pende la cabeza de Hunahpu, muerto por los señores de los infiernos. Ella se acerca al árbol que le ofrece sus frutos.
La niña extiende su mano derecha y la calavera le lanza saliva, con lo que la niña queda fecundada y concibe dos seres. Cuando el padre descubre la deshonra de su hija decide alejarla del reino y sacrificarla. A esa tarea manda a unos cazadores-búho, a quienes pide que traigan el corazón de la joven como prueba de haberla matado. Ellos se conmueven y no pueden matarla, y para engañar a los señores del infierno le llevan un corazón hecho con resina.
Grecia, la cuna de nuestra civilización occidental, a través de sus obras cumbres La Ilíada y La Odisea nos da a conocer su rica religión repleta de mitos que nos están hablando de la naturaleza del hombre y de los dioses, de la relación de unos con otros, de la creación del universo y de las leyes que rigen los ciclos de la naturaleza.
¿QUIÉN SOY, QUÉ ME PASA, MAMÁ?
Todos los seres humanos necesitamos comprendernos a nosotros mismos, ya que desde niños nos damos cuenta de que no solo el mundo externo es complejo sino que también lo es nuestro mundo interior.
Esta búsqueda del significado de la vida comienza en la infancia de modo inconsciente y lo hemos encontrado de niños a través de los cuentos de hadas. Schiller decía al respecto: “el sentido más profundo reside en los cuentos de hadas que me contaron en mi infancia, más que en la realidad que la vida me ha enseñado”.
A través de los milenos, al ser repetidos los cuentos una y otra vez, nos llegaron llenos de significados, algunos evidentes y otros muchos ocultos. Estos significados aparentemente ocultos producen sin embargo sus efectos, ya que se dirigen a otros vehículos del hombre distintos del raciocinio; más tarde, la vida o la filosofía, en la medida en que crezcamos, nos proporcionarán alguna explicación acerca de aquello que nos curaba sin nosotros saberlo. Y eso sucede desde que nacemos.
Lo primero que un niño escucha al nacer, acunado entre los brazos de su madre, son las canciones que le mecen con un ritmo monótono y tranquilizador, amparadoras, conjuradoras de peligros, rebosantes de amor y en ocasiones bromistamente amenazadoras, y esas nanas que solo conocemos conscientemente después de ya haber sido sus cautivos son nuestro primer contacto con la literatura oral.
Estas rimas han llegado hasta nosotros desde tiempos inmemoriales y nos ponen en contacto con el mundo circundante y con nuestros antepasados, los más próximos y los más lejanos. Nos proporcionan un sentido de pertenencia e identidad.
Nacemos, como dice Jostein Gaarder, dentro de una lengua, y del mismo modo nacemos dentro de un canon de narraciones. Escuchamos cuentos y luego aprendemos a hablar.
Estos cuentos son una invitación de la madre al niño para que entre en el mundo de los sueños, de las hadas y princesas, para que se adentre en un mundo mágico, en un cuento maravilloso. De niños desconocemos el significado de las canciones que nos cantan pero el efecto de las palabras con fonemas repetidos, la cadencia, el ritmo de las palabras nos tranquiliza, comunica a nuestras emociones que todo está en calma, que no hay nada que temer.
Según Bettelheim el éxito de los cuentos de hadas radica en que enriquecen la vida interna del niño empezando allí en donde se encuentra él, en su ser psicológico y emocional. Los cuentos hablan de los fuertes impulsos internos, de un modo que el niño puede comprender inconscientemente y sin quitar importancia a las graves luchas internas que comporta el crecimiento, y ofrecen ejemplos de soluciones temporales y permanentes a las dificultades apremiantes.
ENTRE EL BIEN Y EL MAL.
En los cuentos de hadas el mal está omnipresente, al igual que la bondad. El mal existe; existen los terremotos, los ciclones, las sequías, las enfermedades y la muerte, y también existe el mal que nos causamos los unos a los otros.
Por eso los héroes se encuentran con el mal en el camino. Prácticamente en todos estos cuentos, tanto el bien como el mal toman cuerpo y vida en determinados personajes y en sus acciones, del mismo modo que están también omnipresentes en la vida real. Esta dualidad plantea un problema moral y exige una dura batalla para lograr resolverlo.
Por otra parte los malvados no carecen de atractivos, tienen enormes poderes, capacidades de transformación, son valientes y tienen dominio de la situación. La lucha es real y el malvado tiene que resultar realmente derrotado, y lo es porque el bien es más poderoso, la virtud triunfa porque es mejor, es más fuerte que el mal.
Los personajes de los cuentos de hadas no son ambivalentes, no son buenos y malos al mismo tiempo, como somos todos en realidad. Quien creó los cuentos sabía que la polarización domina la mente de los niños y también está presente en los cuentos. Una persona es buena o es mala, pero nunca ambas cosas a la vez, un hermano es tonto y el otro listo, una hermana es trabajadora y otra perezosa, un progenitor es muy bueno y el otro es perverso.
Esas polarizaciones proporcionan al niño la ayuda para tomar una decisión básica, sobre la que se constituirá todo el desarrollo posterior de la personalidad.
Las elecciones de un niño se basan más en quien provoca su simpatía o su antipatía que en lo que está bien o está mal. El niño no se identifica con el héroe bueno por su bondad, sino porque la condición de héroe le atrae profunda y positivamente. Para el niño la pregunta no es ¿quiero ser bueno?, sino ¿a quién quiero parecerme?
