Dieciséis años después de su muerte, la figura del ‘Gran LÃder’ Kim Il-Sung -presidente fundador de la República de Corea del Norte y de la primera dinastÃa comunista (su hijo lo sucedió en el poder y en un futuro próximo lo hará su nieto)-, sigue omnipresente en la sociedad norcoreana a través de un culto exacerbado de la personalidad con contornos mesiánicos.
Su rostro sonriente está por todas partes en los muros, los cantos a sus gloria pueden escucharse dÃa y noche en las avenidas de Pyongyang e inmensos monumentos exaltando su obra pueblan el paisaje de la capital.
Según los analistas, los responsables del partido, reunidos por primera vez desde hace 30 años, podrÃan preparar al joven Kim Jong-Un para suceder a su padre, Kim Jong-Il.
El muy poderoso ejército norcoreano eligió al más joven de los hijos de Kim Jong-Il como delegado para la reunión excepcional de los dirigentes del partido de esta semana, lo que revela el apoyo de los militares a este hombre de 27 años, según un cotidiano surcoreano. Además, Kim Jong-Un fue horas después nombrado general cuatro estrellas por su padre, Kim Jong-Il, lo que parece confirmarlo como probable futuro lÃder de este cerrado régimen comunista.
El ejército coreano, con sus 1.2 millones de soldados, es uno de los cinco mayores del mundo.
Soldados armados montan guardia en los edificios gubernamentales, pero salvo sus fusiles, no se ven armas en la capital norcoreana, cuyos soldados parecen dedicarse sobre todo a trabajos no militares, como un grupo visto cuando trabajaba en un parque.
Presidente eterno
De todas maneras, la figura omnipresente en la vida de los norcoreanos sigue siendo la del ‘Sol benévolo’, Kim Il-Sung. "Tengo la impresión que sigue con nosotros, porque el Gran LÃder sigue en mi corazón", declara el teniente Ri, guÃa en un museo dedicado a la "gran victoria" de Corea del Norte en la guerra de 1950-53, que dividió en dos la penÃnsula.
Después de su muerte, en 1994, a los 82 años, Kim Il-Sung fue declarado ‘Presidente Eterno’, y su hijo elevado al rango de ‘Querido LÃder’.
"Kim Il-Sung, Kim Jong-Il, Jesucristo: es en lo que creen", comenta un turista asiático que va regularmente al paÃs.
Los extranjeros, que no pueden recorrer el paÃs sin guÃa, deben reservar su primera visita a una estatua gigante de Kim Il-Sung. Al otro lado de la ciudad se encuentra el mausoleo, donde todos los norcoreanos van para rendir homenaje al padre de la nación. Hay que inclinarse de nuevo ante una estatua blanca esta vez, antes de recorrer el Pasillo de las lamentaciones, donde una grabación relata que el paÃs lloró durante diez dÃas después de la muerte del "hijo de la humanidad".
Su cuerpo embalsamado, vestido con un traje oscuro reposa sobre un paño rojo en un féretro de cristal, colocado sobre un altar, en el centro de una habitación fresca y sombrÃa. Un guÃa murmura que cada vez que visita el mausoleo tiene nuevas fuerzas para seguir su ejemplo.
Desde su infancia, los norcoreanos son saturados de mensajes a la gloria de este hombre, que fundó el Estado comunista en 1948, después de haber combatido a los japoneses durante la guerra.
Después de una industrialización creciente en los años 60, la economÃa del paÃs se derrumbó y una hambruna terrible provocó dos millones de muertos a finales de los 90, según las ONG.
En la escuela del 9 de junio, una clase entera está dedicada al estudio del presidente. Al entrar en el edificio, lo primera que ven los escolares es un inmenso retrato del presidente eterno, el único representado por pinturas y estatuas, aún cuando la presencia de su hijo también se hace sentir.
Coronando los inmensos edificios grises, a lo largo de los caminos e incluso en medio de los arrozales, los paneles con consignas escritas en rojo vivo llaman a los habitantes a "seguir al general Kim Jong-Il hasta el fin".
Como si fuera poco, dos flores tienen su nombre y el de su padre: la Kimilsungia (una flor rosada) y la Kimjongilia (roja).
EL CONFLICTO. Kim Il-Sung luchó contra la ocupación japonesa antes de fundar en 1948 la República Democrática de Corea del Norte y, dos años después invadir el sur.
La guerra que estalló entre el norte comunista y el sur apoyado por Estados Unidos y Naciones Unidas, duró tres años. El conflicto terminó con la firma de un armisticio -por lo que siguen técnicamente en guerra- y la penÃnsula todavÃa dividida. Una división que persiste hoy. La guerra de Corea continúa hasta ahora en las pantallas de televisión del paÃs, donde los filmes de guerra que exaltan el heroÃsmo de los norcoreanos son frecuentes.
