Las consultas de médicos generales suelen estar llenas de casos como el de una mujer que va de especialistas en especialistas, cuya presencia es temida y evitada por la impotencia que suscita en el Centro de Salud al que acude, porque no se sabe qué hacer con ella.
A veces consulta por jaquecas sin causa orgánica localizada, otras, por dolores en las articulaciones que no responden a una afección clara, o por supuestos malestares, asimismo imprecisos, tal vez gástricos (punzadas, dolores, acidez), tal vez ginecológicos ("un dolorcillo que va y que viene) hasta que al final algún especialista fatigado echa mano del socorrido rótulo del "síndrome del ama de casa" y la envía a un psiquiatra donde, tras una breve escucha, la despachan prontamente con ansiolíticos y antidepresivos suficientes para una buena temporada.
Efectivamente, el problema está en el alma de esta mujer, pero un psicofármaco es un alivio fugaz que, si bien consuela, no elimina la raíz del asunto.
En este caso, la consultante ha visto cómo sus hijos, uno tras otro, han ido abandonando el hogar; y ella, que durante más de veinte años (tiene 45) vivió a su servicio, no sabe qué hacer ahora con el tiempo, que se le hace largo, muy largo.
No sabe qué hacer consigo misma y con su vida. Siempre fue para otros, nunca tuvo mundo propio y no sabe volver para sí. No sabe buscar un nuevo sentido y retomar las riendas de su existencia. Solo sabe que se siente mal, y por eso busca ayuda desesperadamente.
REFLEJOS
Las emociones del alma se reflejan en nuestro cuerpo a través de alteraciones somáticas. Por otro lado, los conflictos del mundo interior a veces con expresiones corporales. Entre el alma y el cuerpo hay un lenguaje cuyo mecanismo podemos interpretar.
Nuestro cuerpo puede hablar a través de los órganos y de sus funciones. Puede expresar mediante sus distintas afecciones los distintos procesos de nuestro mundo anímico, y esto lo lleva a cabo mediante el mecanismo de conversión.
El mecanismo de conversión psicosomática es un recurso defensivo del ser humano que consiste en "convertir" un elemento correspondiente al mundo psíquico en una respuesta que expresa mediante el cuerpo o a través de alguna alteración somática. Mediante la "conversión", los órganos son simbólicos y significativos de los movimientos del alma.
Generalmente suele aludirse bajo el término de somatización, a cualquier efecto, sentimiento, emoción o idea que aparece vertida por la vía del cuerpo. Sin embargo, conviene precisar la diferencia existente entre lo "psicosomático" y lo "conversivo", aunque ambos mecanismos utilicen la esfera corporal de los conflictos del mundo interior.
Nuestro mundo occidental, tan acostumbrado a dividir las cosas, se ha mostrado siempre un tanto remiso a estudiar a los seres humanos desde el punto de vista de la interacción entre sí, dentro de sí y con su entorno.
Desde esta última perspectiva, una alteración somática influye en las emociones y pensamientos, y viceversa. El ejemplo más simple que podemos encontrar es el de una persona sometida a una gran tensión o que haya sufrido recientemente una pérdida importante en su vida, probablemente tendrá menos fortaleza inmunológica y será más susceptible a la acción de los procesos virales o infecciosos en general.
Por más reticencias que tengamos en relación con el asunto, no debemos olvidar que, a lo largo del desarrollo psicoevolutivo del ser humano, "en el principio está el cuerpo". A través del cuerpo entramos en este mundo.
A partir de las primeras interrelaciones del bebé con su medio ambiente, el claustro materno primero, y la madre o sustituta después, comienza a diferenciarse el futuro ser en lo que se ha llamado el proceso de separación-individualización, a lo largo del cual va surgiendo paulatinamente el sujeto humano como ser independiente camino de la individualidad, y a medida que su psiquismo se va integrando y van apareciendo las representaciones mentales y la simbolización.
PSICOSOMÁTICO O CONVERSIVO
Pero en este camino pueden quedar experiencias y emociones no "metabolizadas", que no llegarán y que tal vez afecten directamente al pequeño, que las recibe y expresa por la vía del cuerpo.
Es posible que tiempo después, sea el cuerpo sin mediaciones el que transmita a su manera lo que no puede decirse de otro modo.
También es posible que el cuerpo se haga eco, resuene, recoja y comunique simbólicamente algo originado y perteneciente al ámbito psicológico.
Y esta es la diferencia básica entre lo psicosomático y lo conversivo: el grado de simbolización alcanzado; aunque en ambos procesos el cuerpo hable como síntoma.
Lo psicosomático es contundente, radical. Una persona arrasada por una emoción puede sufrir un infarto agudo de miocardio y fallecer como consecuencia.
Otra persona, en cambio, siente "como si" se muriera de miedo, de dolor, de pena, de tristeza o de desesperanza, pudiendo responder su cuerpo a tal sentimiento interior de descomposición con diarreas, fiebre, aceleración o desaceleración del latido cardiaco, vómitos, náuseas, inapetencia, apatía, alteraciones inmunológicas o dolores en la zona del cuerpo depositaria de la idea y del afecto somatizado. Se trata de un proceso conversivo.
Muchas veces en lo psicosomático no surge, aparentemente, una relación clara o directa entre las emociones, los pensamientos y lo expresado por el cuerpo.
En cambio aparece hipertensión, hipertiroidismo y otras alteraciones glandulares o úlceras sangrantes que están muy lejos del complejo mundo de las emociones y sus representaciones mentales; en principio, los profesionales de la salud que recogen tales casuísticas, hablan de modo general de "estilos de vida predisponentes", "modos de carácter", "tipos de personalidad culpabilizados", "castigarse a sí mismos", etc.
Sin embargo, en la somatización es más común encontrar una respuesta directa y significativa: una alteración menstrual puede hablar de miedo a la maternidad, deseo de la misma, auto castigo por las relaciones sexuales previas vividas con culpa, etc.
Una moderna ejecutiva de una gran empresa posiblemente muestre ostentosas jaquecas que todos encontrarán razonables, dados sus múltiples "quebradores de cabeza", y puede que padezcan trastornos ginecológicos que constituyen una llamada de atención silenciosa hacia su olvidada femineidad.
Aún hoy en día podemos recordar algunos grandes recitales de las estrellas de la canción dedicados al ámbito preferentemente juvenil, y cómo durante los mismos algunas adolescentes lloran, y se "desmayan" sin poder observarse en algunas situaciones grupales donde la energía emocional puesta en juego es muy elevada.
SIMBOLIZACIÓN
La simbolización de un conflicto puede expresarse corporalmente, así como también podemos responder con el cuerpo ante identificaciones con nuestros semejantes: un joven de diecinueve años sufre continuas taquicardias y los médicos descartan cualquier afección cardiaca.
Es a través de la psicoterapia como se encuentra que su padecimiento comenzó con la muerte de su padre, repentina y en su presencia, debida a un fallo del corazón.
La aceleración de los latidos cardíacos de base psicógena es una alteración muy común; puede surgir, como en el ejemplo citado, como una respuesta de miedo basada en una identificación, pero más comúnmente forma parte de toda una constelación psicofisiológica de alerta con que una persona se prepara y responde ante un peligro objetivo o subjetivo.
La alarma puede dispararse ante una idea, la anticipación o la presencia de una situación, un objeto o una persona que corresponde al encuentro con lo temido.
En otros casos es el modo de vida el que constituye el "peligro" que hace preparase al sujeto con una serie de modificaciones fisiológicas que rompen el equilibrio y la armonía orgánica, provocando a su vez alteraciones psicológicas que repercuten nuevamente en el organismo.
Es el ejemplo del tan divulgado estrés. Aquí la persona enfrenta los distintos avatares de su existencia como si estuviera en la selva rodeado de predadores o como si fuera a la guerra.
Ambas situaciones, aunque sentidas radicalmente, pueden no ser más que su trabajo cotidiano, su vida familiar, el medio ambiente urbano, su entorno emocional y social en general o una interrelación de todos estos factores, pero el sujeto vive tales circunstancias de forma tan amenazante que se prepara orgánicamente para "vender cara su vida", con el resultado de que a veces aparecen graves enfermedades o incluso la muerte súbita, porque la existencia, vivida de modo negativo, puedo con él.
En muchas ocasiones el estilo de vida que es insoportable para la persona subyace bajo una queja difusa, bajo el nombre de un malestar que se sitúa en el cuerpo cuando no se sabe, no se quiere o no se puede "sentir en otro sitio" (en el campo psíquico, en la conciencia). Así, se busca una ayuda, a veces bajo la forma de una píldora milagrosa, para aliviar un padecimiento que está en otro lugar.
Los psicosomáticos son en general padecimientos indefinidos, que están lejos de la palabra y del símbolo, y que pueden afectar a la piel (eccemas y psoriasis), al sistema endocrinológico, con diferentes alteraciones hormonales (hiper o hipotiroidismo), a los órganos o a sus funciones (problemas respiratorios, renales, circulatorios, gastrointestinales), y a los procesos inmunológicos.
Muchas veces, si somos capaces de seguir el camino de nuestra dolencia o enfermedad, también podemos entender la "enfermedad como un camino". Un camino hacia nuestro crecimiento y hacia una mayor conciencia. En ello estamos trabajando.
