Desde hace unos años la imagen de Perú ha cambiado notablemente. De ser el país de la violencia y del terrorismo senderista, que fuera el azote del país durante décadas, ha pasado a ser una de las naciones más florecientes y prosperas de América Latina. Ya se habla del “milagro peruano” y de cómo este Estado, que estuvo a punto de ser fallido, ha logrado conciliar crecimiento económico con desarrollo social.
También en lo político, tras superar la ola populista y autoritaria en la que se vieron inmersas la mayor parte de los países de la región, parece superada. Incluso la victoria de la izquierda moderada en Lima, de la mano de una variopinta coalición que aupó a Susana Villarán, anuncia nuevos tiempos en la política peruana y el asentamiento de la normalidad tras décadas de inestabilidad.
Perú ha dejando de ser noticia, atrás quedaron los años de los coches bomba en el centro de Lima, de las matanzas de Sendero Luminoso y la dictadura de Fujimori. Los peruanos ya están “vacunados” e inmunes a las llamadas de sirena del populismo y el autoritarismo, esos tiempos, afortunadamente para todos, ya pasaron y ahora el país se encamina hacia la plena modernización y la transformación económica.
Los indicadores económicos señalan que el país podría crecer este año algo más del 6%, una cifra inalcanzable para muchos países de su entorno geográfico. Las calles están repletas de nuevos coches importados, que hacen de Lima una ciudad atascada a todas horas, y los restaurantes de los lujosos barrios de San Isidro y Miraflores están atestados. La capital peruana es un hervidero de gente. Luego el país goza de confianza en los mercados internacionales, tal como señalan casi todas las instituciones financieras, y las inversiones extranjeras fluyen en un clima de seguridad jurídica y empresarial, algo muy diferente con lo que ocurre en algunos de sus vecinos contagiados de la “ola” bolivariana.
El desempleo está por debajo del 10% y el gobierno asegura que ha reducido la pobreza sustancialmente, aunque las cifras son todavía muy elevadas y superan al 30% de la población. El producto interior bruto por persona supera los 6,000 dólares y está por encima del de muchos de sus vecinos, casi similar al de Colombia. En competitividad, en un continente que está emergiendo ahora como potencia global, Perú se encuentra en un destacado puesto número 41 sobre los 139 países que evalúa el informe presentado este año en el Foro Económico Mundial celebrado en Suiza.
Las exportaciones, como parte de un cuadro macroeconómico en términos generales positivo, también aumentaron en los últimos años, sobre todo en lo que se refiere a las materias primas (petróleo e hidrocarburos). Y el turismo, si comparamos con las cifras de visitantes del año 1993, se ha multiplicado por cinco en estos últimos 17 años, aunque todavía la cifra es baja y no llega a los dos millones de visitas.
ÉXITOS ECONÓMICOS, BAJA POPULARIDAD DEL PRESIDENTE. En lo que respecta a la popularidad del presidente, Alan García, hay que reseñar que se encuentra en niveles modestos -cerca del 40%-, pero mucho más alta que durante su primer mandato y muy por encima de anteriores presidentes, como Alejandro Toledo, que apenas llegaba al 8% cuando abandonó el cargo. El APRA, que es el partido tradicional, podría obtener en unas futuras elecciones quizá el primer puesto en asientos parlamentarios, aunque lo tendría muy difícil para obtener la presidencia de la República si las elecciones fueran ahora.
Las pasadas elecciones municipales, celebradas hace apenas unas semanas, dieron el triunfo a la izquierda de la mano de la ya citada futura alcaldesa de Lima, Susana Villarán, lo que hace presagiar un giro político en Perú. Tengamos en cuenta que un tercio de los peruanos viven en la capital y que la ciudad es una suerte de gran laboratorio de los procesos que más adelante acontecen en el país.
Una vez derrotado Sendero Luminoso, que impedía la articulación y vertebración de un proyecto que agrupase a una izquierda peruana exhausta y acorralada, puede que se visualice en el corte plazo una posibilidad real de que sea capaz de llegar al poder a través de las nuevas fuerzas progresistas.
El próximo año Perú celebra unas elecciones presidenciales trascendentales, pues se trata de unos comicios en los que peruanos tendrán la ocasión de ratificar el rumbo positivo de estos años o aventurarse por nuevas apuestas más arriesgadas, entre las que se encuentran las de la hija del ex presidente Fujimori, Keiko Fujimori, y el nacionalista Ollanta Humala.
ESTABILIDAD POLÍTICA Y ECONÓMICA TRAS AÑOS DE DICTADURA. Las encuestas señalan que el actual alcalde de Lima, Luis Castañeda, de ideas centristas y moderadas, figura en primer lugar en intención de voto seguido de la vástaga de Fujimori, que le pisa los talones electoralmente hablando. Atrás quedan el resto de los candidatos, entre ellos el conocido periodista y showman Jaime Bayly, cuyas posibilidades de llegar a la presidencia son casi nulas, y el ex presidente Alejandro Toledo, cuya gestión entre los años 2001 y 2006 estuvo caracterizada por el nepotismo, el despilfarro de los bienes públicos y la corrupción.
Hoy su intención de voto en los sondeos publicados en Lima apenas supera el 10%, aunque su caso es la demostración evidente de que en la política peruana nada está escrito, pues su popularidad al final de su mandato estaba por los suelos y nadie apostaba hace unos meses por este insólito caso de resurrección política.
En cualquier caso, al margen de quien gane los próximos comicios presidenciales, parece que Perú se aleja de una forma indefectible de su tenebrosa herencia, caracterizada en el pasado por la lacra del terrorismo y la pervivencia de formas de poder autoritarias. El anclaje del país en la senda de la estabilidad política y económica parece casi definitivo y no un momento evanescente; lejos quedan atrás los años de terror, intriga y miseria política fujimorista.
Los principales responsables de aquel oscuro período, por no decir ominoso, el presidente Fujimori y el “príncipe de las tinieblas” Vladimiro Montesinos, descansan hoy en sendas cárceles del país. Sin embargo, pese al ambiente tranquilo que se respira en la nación, habrá que estar muy atentos a los acontecimientos que se sucedan en los próximos meses, pues la historia de Perú siempre es una caja de sorpresas y episodios enigmáticos muchas veces inexplicables.
