Lo que comenzó como una protesta local en Túnez hoy se extiende como ola incontenible a media docena de países del mundo árabe. No es la primera vez que los pueblos de esa parte del mundo se alzan cansados de las injusticias y el hambre, pero si es inédito en los tiempos de la globalización, el Facebook y Twitter, cuyo papel ha sido clave en las revueltas pacíficas.
Pero más allá de la inmediatez de las noticias, subyace un trasfondo que gatilló estos nuevos alzamientos populares. El Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) ha puesto de manifiesto en sus informes anuales las grandes y crecientes desigualdades que caracterizan a muchos países árabes, donde amplias capas de la población viven por debajo del umbral de la pobreza.
Según dicho organismo muchos de los países islámicos tienen el nivel de desempleo más alto de las naciones en vías de desarrollo. Ahí las ciudades se han convertido en grandes núcleos de población desocupada y privada de horizontes vitales.
FALTA DE DEMOCRACIA. Diversos estudios de organismos internacionales establecen que el grupo de países árabes que se ubican en la categoría de los más atrasados económica y políticamente son: Túnez, Egipto, Yemen, Afganistán, Libia, Etiopia, Sudán y Siria. Precisamente en los que el alzamiento popular ha prendido como una chispa en gasolina.
Un factor común entre dichos países es la falta de democracia, en ellos prevalece la corrupción que emana de las autoridades, existe un profundo abismo entre pobres y ricos, en donde la transmisión del poder se efectúa por herencia, donde el nepotismo y abusos contra los derechos humanos son moneda de curso legal. Son economías caracterizadas por una alta inflación y desempleo.
El sociólogo francés Gilles Kepel señala que en ese club de países árabes gobiernan regímenes con líderes autoritarios, con más de 30 años en el poder, que utilizan el islam como pretexto en su lucha contra occidente para mantener en el gobierno a políticos corruptos, que se autodenominan “herederos del nacionalismo árabe”.
Bajo la corteza de esta realidad política también se oculta desde hace décadas una pugna a muerte entre dos tipos de sociedades: una moderna y otra tradicional, esta última opuesta ciegamente al cambio y la modernización. En ese grupo de países las posibilidades de prácticas democráticas electorales se redujeron a cero. Asimismo, en ellos tienen gran influencia política teólogos fundamentalistas que propugnan por la tradición religiosa.
Al respecto, Luis Gómez Poyuelo destaca que esas sociedades musulmanas tradicionales o conservadoras se caracterizan por el monopartidismo, por la existencia de dictadores de larga data, donde prevalece el culto a la personalidad de sus líderes populistas, una precaria participación política ciudadana y gran ambigüedad en el respeto a los derechos humanos. El modelo de sociedad conservadora es portador de los valores tradicionales propios del Islam radical, donde no existe separación entre el Estado y la religión.
En el otro bando están sociedades más abiertas a la modernización, tal es el caso de: Turquía, Marruecos, Líbano, Nigeria, Kenia, Pakistán, Indonesia, Malasia y Singapur, practicantes de una democracia electoral, con estilos de vida más occidentalizados en aspectos político, sociocultural y económico. En estos países los teólogos islámicos son moderados y proclives al cambio.
Turquía, liderada por Kemal Atatürk en los años veinte del siglo XX, es ejemplo de una sociedad islámica tradicional en donde se produjo el salto a la modernidad que la condujo hacia prácticas políticas mucho más democráticas que las existentes en su anterior régimen, cuyo nivel de vida es inmensamente superior al de muchas de sus hermanas árabes, por ello es que se ha constituido en modelo a seguir para las demás sociedades musulmanas contemporáneas.
LOS INTERESES DE OCCIDENTE EN EL MUNDO ÁRABE. En esa pugna por promover sociedades libres y democráticas en el mundo árabe no son pocos los analistas políticos internacionales que reprenden el papel jugado por los Estados Unidos y Europa, quienes han puesto sus intereses hegemónicos por sobre las penurias de los pueblos oprimidos. Durante décadas, Washington y las potencias europeas han ignorado las enormes injusticias políticas y sociales existentes en muchos países musulmanes con tal de mantenerlos alineados con sus posiciones estratégicas.
En el pasado la lucha contra la influencia de la Unión Soviética en los países árabes o en la actualidad contra el terrorismo de Al Qaeda, Estados Unidos y Europa han tolerado y permitido la existencia de tiranos dictadores como Saddam Hussein, Haffes El Assad y Hosni Mubarak. Hoy que los seguidores del Corán están en las calles y plazas exigiendo el fin de la opresión los líderes occidentales recuerdan las palabras democracia y libertad.
Pese al negro panorama político y social que viven muchos países árabes expertos en temas islámicos, como Olivier Roy y Gilles Kepel, han pronosticado el fracaso del islam tradicional, de los que pretenden consolidar Estados teocráticos y sostener sociedades conservadoras cerradas, y han dicho que en esos países tarde o temprano sus pueblos, cansados de dictadores mesiánicos, lograrán por la fuerza de la razón y la justicia imponer un modelo de democracia árabe, sustentada en las tradiciones y costumbres propias de su cultura e historia.
Si las multitudinarias protestas movilizadas en las calles y plazas en Egipto tienen éxito y logran sacar del poder al dictador, sin lugar a dudas en el mundo árabe se abrirán las puertas a la democracia, la libertad y la justicia social por la que tantos han luchado durante décadas.
EL PAPEL DE ESTADOS UNIDOS
Reacción. La ola de cambios que azota el mundo árabe se ha hecho eco de los llamamientos de Estados Unidos a favor de la democracia, pero amenaza con transformar el actual paisaje regional en uno menos favorable para Washington. Su prudencia ante la situación en Egipto se explica fácilmente: el presidente egipcio Hosni Mubarak ha sido un aliado precioso para Estados Unidos contra el islamismo y para los esfuerzos de paz entre Israel y los palestinos, utilizando todo su poder con el resto de los dirigentes árabes.
*Periodista y politólogo
