Con la mano derecha empuña el bolígrafo, la izquierda sirve para detener el papel. Luego frunce el seño con una mirada calculadora y comienza la obra de arte.
Esa es la vida de Josué Roberto García, uno de esos artistas urbanos que viven en la capital y que con su talento hacen un aporte a la vida cultural y artística del país.
El talento corre por sus venas desde que tenía siete años de edad y ahora ha venido perfeccionando la técnica gracias a la práctica y algunos trucos que aprendió en la Escuela Nacional de Bellas Artes (ENBA). "Comencé dibujando en la escuela Canadá, mis amigos me dijeron que participara en un concurso para el Día de Lempira y lo gané.
El alcalde me dio un diploma y desde ahí seguí siendo el mejor dibujante de la escuela", dijo con una enorme sonrisa tras recordar sus inicios en lo que se convirtió en uno de sus grandes pasiones.
Pasaron los años y Roberto se fue metiendo en serio al mundo del arte. Con muchas dificultades asistió a la escuela hasta lograr graduarse. Sus deseos de superación han sido siempre tan convincentes que no se detuvo. Animado con la idea de perfeccionar sus destrezas en la pintura y el dibujo decidió estudiar en la Bellas Artes, donde se graduó de Bachiller en Artes Gráficas y Pintura.
"Fue uno de los momentos más bonitos de mi vida porque siempre quise graduarme con toga y todo". "Creo que el dibujante es como el mago que sabe muchos trucos, pero no los puede revelar", afirma el joven artista, mientras da color a un dibujo.
UN VENCEDOR. La pintura ha sido como una terapia para Roberto ya que le ha ayudado a superar sus tristezas al ver que los chicos de su edad van a la universidad y él no puede asistir porque la meningitis, una irritación de las membranas que cubren el cerebro y la médula espinal, que sufrió cuando era pequeño mató gran parte de sus neuronas y eso le impide tener el mismo coeficiente intelectual de los demás.
"A veces me siento triste porque pienso que tengo 24 años de edad y no puedo trabajar en una oficina o estudiar en un colegio por mi problema de audición y también me cuesta pronunciar algunas palabras", dijo mientras se acomodaba un audífono café que le permite escuchar.
"Hay muchos artistas que no tienen manos o piernas, otros que tienen problemas en la cabeza, yo creo que no hay barreras para el arte y si las tienes debes superarlas como yo porque al final tienes tu recompensa".
Le gusta pintar a Jesús. El olor a pintura se hizo presente durante toda la entrevista y Josué nos contó que siente una gran tendencia por el dibujo religioso.
Jesús, la virgen María y otras figuras como el cardenal Óscar Andrés Rodríguez, han sido fuente de su inspiración.
"Creo que Dios me regaló este don y por eso me gusta pintar a Jesús o a María. También estoy metido en un grupo juvenil de la parroquia San José Obrero y participo en el Grupo Tarzo, que es de actores de teatro", relata con orgullo.
Las aspiraciones de Roberto son muy altas y asegura que no descansará hasta cumplirlas. "Mi sueño es llegar a ser un pintor o dibujante reconocido, como Sergio Chiuz. Salir al extranjero y vender mis pinturas. Quiero tener mi propio taller de pintura y hacerle retratos a las personas importantes del mundo".
Josué ha convertido el porch de su casa, ubicada en la colonia Calpules de Comayagüela, en un pequeño taller de pintura y en las tardes se refugia entre el papel y las pinturas para hacer algunos rostros que son su especialidad.
Es una forma entretenida de ganarse la vida ya que por su problema de aprendizaje y sordera no ha podido encontrar trabajo. Pero eso no es algo que lo deprima o le impida seguir adelante con lo que le apasiona.
Sus vecinos saben de su arte, y se han encargado de contarle a amigos y conocidos del talento de este ejemplar hondureño. "Me gusta hacer rostros y pinturas al óleo, en este momento solo hago rostros porque siento que a la gente le gusta como me quedan".
CONTRA VIENTO Y MAREA. El arte no es nada barato. Josué ha tenido que luchar contra los altos costos de las pinturas, los colores y todos los materiales con los que trabaja.
A veces, la gente no valora su trabajo como debería porque sienten que una pintura es muy cara y es preferible mandar a ampliar una fotografía.
"Últimamente estoy vendiendo rostros a 150 lempiras pero mis amigos me dicen que estoy regalando el arte.Yo comprendo que la situación económica del país no es muy buena, pero de esto sobrevivo y hay que apoyar el talento hondureño", manifiesta el joven pintor que ha sabido salir adelante, a pesar de sus limitaciones.
Claro que las cosas no son siempre como uno las planea, y Roberto lo sabe.
Precisamente por eso él es un ejemplo para todos los que se rinden ante los obstáculos de la vida y creen que una limitación o un problema pueden truncar sus planes.
Por último, Josué le pide a los jóvenes que nunca abandonen sus sueños y que sigan adelante cuando encuentren algo que les guste. "Yo me dediqué a la pintura y nunca imaginé que podría hacerlo tan bien. Ahora quiero triunfar".
