El sheriff del condado de Maricopa en Arizona, Joe Arpaio, gusta de presentarse como el más duro de Estados Unidos, cazador sin piedad de indocumentados e inventor de una cárcel en la que los prisioneros viven en tiendas de campaña, a 50 grados a la sombra en verano.
"La próxima vez que quiera quejarse acerca de la cárcel, piense en lo dura que es la vida para nuestros soldados en Irak", desafÃa un cartel en la entrada de la cárcel de Maricopa, que puede albergar hasta 2,000 prisioneros.
Debajo del cartel hay una escena más habitual en la sala de espera de una cárcel: una mujer se enjuga las lágrimas. Cuando se le pregunta a quien espera visitar, se limita a contestar en español: "Es casi una niña".
En la cárcel de Maricopa no hay menores, pero sà detenidos a partir de 18 años, que visten un uniforme sacado de las viejas pelÃculas estadounidenses, a rayas blancas y negras.
Los prisioneros deben llevar además ropa interior de color rosa, para disminuir los robos, según Arpaio, y trabajar a diario en cuadrillas de hasta 20, limpiando calles o pintando paredes, con grilletes en los pies.
RACISMO.Sus crÃticos, igual de feroces que sus partidarios, aseguran que bajo su aparente eficiencia yace un racismo latente, en un estado con 460,000 indocumentados, la gran mayorÃa de ellos hispanos.
Arizona acaba de aprobar una polémica ley, la SB 1070, que da potestad a la PolicÃa para detener a cualquier extranjero sospechoso de no tener sus papeles en regla.Arpaio, hijo de inmigrantes italianos, no se muerde la lengua y rechaza el epÃteto racista.
"Es una lástima que no me quieran", dice con una sonrisa. Luego ataca: "Lo primero que hay que hacer es meter en la cárcel a los que saltan este valla (en la frontera con México) que costó 1,000 millones de dólares".
TEMIDO.La cárcel luce espaciosa y limpia, con las polémicas tiendas de campaña en un gran patio central bajo un sol que ya empieza a ser inclemente.
"Si, puede llegar a ser realmente muy caliente por aquÃ. La temperatura puede llegar a los 50º C en verano", durante el dÃa, explica sin pestañear una oficial, Rene Ansley.
Los prisioneros no sufren de problemas de salud porque se pasan el dÃa fuera de las tiendas, trabajando, o dentro del gran comedor, en el edificio principal, asegura Ansley.
"Les damos agua para que estén hidratados", explica."El sheriff Joe no es alguien agradable, es su estilo. No tienes derecho a café, a cigarrillos.
Si pudiera le dirÃa que no necesita ser tan cabeza dura, pero también aprecio lo que hace por mÃ", explica a la AFP Christopher Lee, de 32 años mientras acaricia un caballo.
Como parte del programa de trabajo dentro de la cárcel, Lee y otros prisioneros cuidan animales maltratados, en una pequeña granja.
También hay programas de lucha contra la adicción a las drogas y hasta un pequeño centro escolar.La última revuelta fue hace cuatro años, se ufana Ansley.
"Muchos no tienen ni idea de lo que quieren hacer con sus vidas. Las cuadrillas, las actividades, les da algo de dirección", explica.
Pero la cárcel de Maricopa es solo para los delitos leves, como conducir ebrio. Lo máximo que puede pasar un prisionero en esta cárcel es un año, reconoce Ansley.
La cárcel de Maricopa luce además desde hace dos años más vacÃa, con una media de 800 prisioneros, desde que el gobierno federal le quitó a Arpaio la posibilidad de colaborar en un programa de lucha contra los criminales indocumentados.
En lo alto de una torre de vigilancia parpadea un anuncio: ‘vacancy’ (habitaciones libres), una broma más del sheriff Joe.
Arpaio ha conseguido crear un clima de miedo en la comunidad migrante de Arizona, pero también es vigilado muy de cerca por el gobierno federal.
El sheriff Arpaio cambió las reglas de la cárcel cuando fue elegido por sus conciudadanos, en 1992, y desde entonces ha renovado su cargo cuatro veces consecutivas, sin problemas.
La popularidad de Arpaio es tan grande dentro y fuera de Arizona que hasta se rumoreó que iba a presentarse para gobernador del estado en las próximas elecciones.
Arpaio, de 77 años, descartó esa posibilidad porque aseguró que quiere seguir sirviendo a su gente. "Si tienes el apoyo de la gente puedes mover montañas, y creo que lo he probado durante 18 años como sheriff", explicó a la AFP.
