Evita reina en el exclusivo cementerio de la Recoleta

Tras su muerte a causa de un cáncer, sus restos recorrieron un periplo denigrante.
ElHeraldo.hn

Argentina

08.10.2011 - Agencia DPA - siempreSPAMFILTER@elheraldo.hn

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El desfile de gente por el portal de ingreso del histórico y artístico cementerio de la Recoleta es incesante. Y la mayoría, tanto extranjeros como argentinos, peregrina hacia una austero mausoleo de mármol negro, la tumba de Evita.

Los visitantes de este exclusivo cementerio de Buenos Aires, último descanso de las personalidades de la alta sociedad de los siglos XIX y XX, caminan asombrados por el exquisito arte que decora las bóvedas.

Pero su objetivo es claro. “Vinimos exclusivamente a conocer la tumba de Eva Perón”, admite José, un turista colombiano. Una pareja perdida en las callecitas del camposanto se lanza sobre una persona con mapa para preguntarle dónde está.

Una representante de la Asociación de Amigos del Cementerio de la Recoleta asiente. “Todos vienen a visitar a Evita, pero yo también intento guiarlos para que destinen unos minutos más para disfrutar también del arte y la historia”, señala a la agencia dpa.

“Ella seguramente no se hubiera puesto feliz de saber que sería enterrada acá”, sostiene Diego Zigiotto, autor del libro “Las mil y una curiosidades del cementerio de Recoleta”.

Eva Duarte (1919-1952), esposa del expresidente argentino Juan Domingo Perón, se convirtió en una leyenda política. La “abanderada de los humildes” se dedicó a luchar a favor de los pobres, los obreros y los “descamisados”, como ella los llamaba.

Hoy, sus restos descansan junto a los de aquellos que ella repudió durante su corta vida: los ricos y poderosos integrantes de la oligarquía argentina.

Tras su muerte a causa de un cáncer, sus restos recorrieron un periplo denigrante. Su cadáver embalsamado fue robado de la sede de la central obrera CGT por un militar, estuvo a punto de ser destruido, fue enviado a Italia y enterrado allí bajo otro nombre, hasta que en 1971 fue devuelto a Perón.

Hoy descansa en una discreta bóveda de la familia Duarte, cubierta de placas recordatorias de bronce a la “compañera Evita” y de flores que la gente deja en su memoria, engarzadas en la puerta de bronce labrado.

El cementerio, que está ubicado en el céntrico barrio porteño de Recoleta, es una isla de silencio y recogimiento en medio de una metrópolis que late desenfrenada.

Es considerado el tercer camposanto más importante del mundo por la arquitectura de sus mausoleos y su arte decorativo, después del Staglieno, en Génova, y el Pére Lachaise, en París.

Bellísimas esculturas realizadas por famosos artistas, vitrales, portales en hierro y bronce finamente decorados y, en muchos casos, los féretros a la vista de los visitantes.

Fue creado en 1822 y sus comienzos fueron humildes, hasta la apertura de un segundo cementerio en la ciudad, el de Chacarita. Fue entonces cuando Recoleta empezó a ser elegido por la alta sociedad. Sus 4,800 bóvedas en los 54,843 metros cuadrados de la necrópolis se vendieron en su totalidad hacia 1880. Cada bóveda, según su tamaño, puede contener hasta 12 féretros.

Por ello, solo tienen acceso a su descanso final aquellos cuyas familias posean un mausoleo o bóveda allí. Aunque en los últimos 20 años se registraron cambios con la venta de bóvedas de quienes prefirieron llevar los restos de sus antepasados a los cementerios jardín de los suburbios de Buenos Aires. Hoy, una morada en el exclusivo camposanto de Recoleta cotiza desde 30,000 hasta un millón de dólares.

LOS VECINOS DE EVITA. En Recoleta yacen las personalidades más destacadas de la política, el arte y la ciencia de los últimos dos siglos. Es el último descanso de expresidentes como Domingo Faustino Sarmiento (1868-1874) y el más reciente Raúl Alfonsín (1983-1989), escritores, sacerdotes, militares y médicos destacados.

Pero entre tanto mármol de Carrara, ángeles en tamaño natural y lujo todavía se pueden ver algunas tumbas sencillas, solo cubiertas de césped, como la de Alphonse Huppe, fallecido en 1858.

Otras, se encuentran sumidas en el abandono, con hiedra y helechos creciendo en las grietas de las paredes, con sus puertas vencidas, vidrios rotos.

Discurso

"Todo lo que se opone al pueblo me indigna hasta los límites extremos de mi rebeldía y de mis odios, pero Dios sabe también que nunca he odiado a nadie por sí mismo, ni he combatido a nadie con maldad, sino por defender a mi pueblo, a mis obreros, a mis mujeres, a mis pobres “grasitas” a quienes nadie defendió jamás con más sinceridad que Perón y con más ardor que “Evita”. Pero es más grande el amor de Perón por el pueblo que mi amor; porque él, desde su privilegio militar supo encontrarse con el pueblo, supo subir hasta su pueblo, rompiendo todas las cadenas de su casta. Yo, en cambio, nací en el pueblo y sufrí en el pueblo. Tengo carne y alma y sangre del pueblo. No podía hacer otra cosa que entregarme a mi pueblo. Si muriese antes que Perón, quisiera que esta voluntad mía, la última y definitiva de mi vida, sea leída en acto público en la Plaza de Mayo, en la Plaza del 17 de Octubre, ante mis queridos descamisados".

Cristina de Kirchner, admiradora
pero no copia de la mítica Eva Perón

Buenos Aires. Cuando Cristina nacía en la ciudad bonaerense de La Plata (60 km al de sur de Buenos Aires) en el seno de un hogar de clase media politizado el 19 de febrero de 1953, millones de argentinos aún lloraban la muerte de Evita, la “abanderada de los humildes”, a quien un cáncer había extinguido a los 33 años el 26 de julio de 1952.

Hija de una sindicalista peronista, Cristina mamó la historia de Eva, esa niña pobre y sin padre que desembarcó en Buenos Aires para ser actriz y terminó como segunda esposa de Juan Perón, fundador y líder histórico del principal movimiento político de la segunda mitad del siglo XX.

“Evita es la imagen de la mujer que con mucha voluntad política llegó a las altas esferas del poder. Es un modelo de identificación muy fuerte al que Cristina no puede escapar”, analizó Marta Maffia, filósofa e investigadora de la estatal Universidad de Buenos Aires en diálogo con la AFP, cuando la hoy mandataria de los argentinos era candidata presidencial.

Evita se hizo mito y su imagen, como la de Perón, es disputada por los “verdaderos peronistas” en una lucha en la que Cristina se puso al margen al punto de elegir un teatro para lanzar su candidatura y acotar con ello la tradicional pompa partidaria.

“A Cristina no le gusta las referencias a la liturgia peronista, pero no reniega de Evita. Tiene a Evita como guía, para ella es un modelo a seguir”, aseguró a la AFP el entonces diputado oficialista Dante Dovena.

A diferencia de Eva, una revolucionaria intuitiva, Cristina, de 54 años, forjó su carrera política desde la militancia estudiantil de los álgidos años 70 y la continuó desde 1989 en el Parlamento.

Se catapultó a la escena nacional desde la patagónica Santa Cruz, provincia natal del presidente Néstor Kirchner y donde se instalaron juntos durante la dictadura (1976-83), pusieron un buffet de abogados y construyeron su fortuna personal.

“Cristina es una mujer muy inteligente, muy firme, de temperamento fuerte. Es una excelente polemista y una mujer de acción. Ella es el mejor cuadro político femenino de los últimos 20 años”, describió Dovena, un amigo de los Kirchner de vieja data.

A semejanza de Evita, Cristina gusta del vestuario caro, las joyas y el excesivo maquillaje, lo que le ha valido muchas críticas.

“Ya de joven era así, venía siempre ‘empilchada’ (bien vestida). No parecía peronista. Un día le dije: ‘No te pintes tanto, no vengas tan producida porque no es bueno’. Y me contesta: ‘Dante, cuando Evita iba a los barrios más pobres se ponía la mejor ropa del mundo’”, contó Dovena.

Pero para Evita, quien hizo realidad el voto femenino, vestirse con pieles y joyas era un modo de reivindicar a esas mujeres humildes y discriminadas, como ella, frente a la oligarquía que la consideraba una intrusa.

“El reconocimiento que busca Cristina no es el que buscaba Evita, el de los pobres, de las mujeres, de los que llamaba sus “cabecitas negras”. Ella busca el reconocimiento de los grandes dirigentes del mundo”, advirtió Maffia. Antes de anunciar su candidatura, Cristina viajó a varios países de América Latina, a Francia, España y Estados Unidos.

Si Cristina -como dicen- construyó la carrera política del matrimonio Kirchner, Evita aceptó estar a la sombra de Perón e inclusive hacer su histórica renuncia a una posible candidatura en 1951.

“Cristina no quiere ser Eva, ella quiere ser Juan Perón, ese es su modelo. No le gusta el rol de primera dama, quiere estar entre los dirigentes, ser uno de ellos”, explicó Maffia.

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La esposa del Gral. Perón tuvo un protagonismo excepcional desde 1944 a 1951, cuando falleció víctima de una enfermedad incurable.

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