El chavismo en la encrucijada

El cáncer que padece Hugo Chávez tiene alarmados a los seguidores del mandatario venezolano y totalmente desorientados a los de la oposición
ElHeraldo.hn

Venezuela

09.07.2011 - Ricardo Angoso - siempreSPAMFILTER@elheraldo.hn

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El reciente descubrimiento de la enfermedad del máximo líder bolivariano, Hugo Chávez, quien en una alocución televisada dio a conocer él mismo que padecía un cáncer, ha puesto sobre la mesa muchas de las grandes cuestiones que atañen al “proceso revolucionario” que comenzara en 1999 y que atraviesa uno de sus peores momentos, tal como reconocen, incluso algunos de sus más ardientes defensores. La angustia que ha pasado Venezuela en estas tres largas semanas, en que el país era un hervidero de rumores sin confirmar, reveló las contradicciones internas que afloran en cuanto la nación pierde la disciplina cuartelera y el discurso monolítico que imprime el máximo líder cuando toma las riendas del mando.

Los chavistas, que se han constituido ya en un auténtico grupo social, político y económico, una suerte de nomenclatura que la gente popularmente denomina como la “boliburguesía”, se mostraron nerviosos, divididos ante la ausencia del caudillo tronador y revelaron su peor cara, tal como hizo el verdadero ideólogo del régimen y hermano del dictador, Adán Chávez, quien aseguró que defendería la revolución incluso con las armas. Aquí ya no se habla de una batalla electoral limpia y democrática, sino de la defensa a ultranza de un régimen al estilo de Ceausescu y Milosevic, es decir, usando la fuerza si llegado el momento la oposición democrática es capaz de derrotar al chavismo limpiamente.

La enfermedad del sátrapa llega, desde luego, en uno de los peores momentos de estos doce años de “socialismo del siglo XXI” y sainete bolivariano, justo cuando las encuestas señalan que el presidente convaleciente, junto con el Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV), podría perder en las urnas y en un momento en que la oposición democrática ha conseguido, a través de la Mesa de la Unidad Democrática (MUD), vertebrar y articular una oposición seria, creíble y con visos de ganar por goleada. Ya en las últimas elecciones parlamentarias, contra todo pronóstico y pese a que Chávez alteró el sistema electoral para asegurarse la mayoría en el poder legislativo, la MUD consiguió superar el 52% de los votos emitidos pese al ventajismo del omnímodo gobierno y la descarada manipulación y control de los medios comunicación por parte del búnker castrochavista.

Crisis. Y es que el país no puede estar peor, tan solo basta echar una ojeada a los periódicos venezolanos y entender la magnitud de la tragedia a la que ha llevado uno de los regímenes más incompetentes e ineficaces de la historia de América Latina. A su incapacidad administrativa y de gestión, hay que añadirle el despilfarro de los recursos públicos y de la renta petrolera, la corrupción galopante que gangrena el país -reconocida hasta por el mismo Chávez- y el desgobierno total que se percibe en numerosas áreas, como la sanidad, la educación y el sistema penitenciario.

Las protestas se suceden por doquier. Los médicos están en huelga tras haberla abandonado los enfermeros. Los estudiantes claman contra el intervencionismo estatal y el final de la autonomía universitaria. El desánimo es constatable también en los docentes, mal pagados y desmoralizados ante la politización de la educación. El reciente drama de la prisión de El Rodeo II, bajo control de presos armados desde hace semanas, ha mostrado al país que la ineficiente policía chavista tan solo sabe responder con la brutalidad al caótico estado de cosas en que desenvuelve la vida carcelaria; casi 50,000 presos se hacinan en condiciones infrahumanas en unos recintos que apenas tienen capacidad para 12,000. Son auténticas escuelas de criminalidad y barbarie. En esta caótica Venezuela del siglo XXI parece que lo único que realmente está organizado es el crimen.

La situación económica, en un país que ya no exporta nada y tiene que importar casi todo, mayormente de sus vecinos, especialmente de Argentina, Brasil y Colombia, es una muestra más del errático rumbo que ha tomado la “revolución bolivariana”. Cálculos optimistas señalan que el país terminará el año con una inflación superior al 30%, la mayor de América Latina, todo un récord, y el desempleo y el empleo informal (sumergido) son moneda corriente en una economía escasamente competitiva y estancada por las restricciones, muchas veces caprichosas, que le impone el sistema. La inseguridad jurídica y el cerco político y económico, junto un sinfín de normas absurdas y estúpidas, a que el presidente ha sometido a la empresa privada ha llevado a esta parálisis del sector privado que amenaza con colapsar en los próximos meses. La inversión extranjera hace años que emigró y nadie en su sano juicio osa invertir hoy en el país.

Caracas como Kabul. Luego, y como guindas finales, están los constantes apagones electrónicos, que se suceden sin que nadie dé una explicación de los mismos, y la creciente inseguridad pública, que ha convertido a Caracas, junto con Kabul y Bagdad, en una de las ciudades más inseguras del mundo. Pasear después de la seis de la tarde en esta urbe es jugarse el tipo y someterse a seguros riesgos. La pasada semana un diario local informaba que en la noche del viernes al sábado hubo una docena de homicidios “oficiales”, pues ya nadie ofrece datos creíbles y el gobierno chavista maquilla la cifras de delitos. Ese mismo día, cuando los familiares recorren de madrugada las morgues para buscar los cadáveres de sus seres queridos, en un rito cada vez más habitual, una banda criminal asaltó un autobús en Caracas y ante la resistencia de algunos de sus pasajeros abrió fuego indiscriminadamente. El resultado: diez heridos de diversa consideración.

Esta es la triste realidad venezolana, la tragedia que se cierne sobre este país desde hace doce años, todo un proceso de desintegración social, político y económico, pero también moral.

La mayor parte de los jóvenes venezolanos aspira a emigrar y poner tierra por medio. Nunca en tan poco tiempo se había destruido tanto y de una forma tan “eficiente”; las instituciones han perdido todo su valor y la democracia venezolana es un cascarón vacío, está enferma de muerta. Sea cual sea el resultado de las elecciones del año 2012, con Chávez como candidato o no, el próximo Presidente del país tendrá ante sí enormes desafíos de compleja resolución. Ya no basta la retórica numantina, ni los llamados a la “revolución” total, sino que habrá que dar con respuestas adecuadas a una crisis que no tiene parangón en la historia del país.

El naufragio del “socialismo del siglo XXI”, bajo el telón de fondo ahora de la enfermedad de Chávez y un imposible relevo que supera todos los previsibles análisis, está servido, es cuestión de tiempo. El barco está desde hace años sin timón sin rumbo alguno, y los venezolanos ya están cansados de esperar en la cola de la historia.

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Hugo Chávez tuvo que buscar ayuda médica en La Habana, donde permaneció varios días en convalecencia. Su enfermedad tomó por sorpresa a sus seguidores.
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