Al triunfalismo casi hiriente del presidente estadounidense, Barack Obama, por la falta de contenidos reales en una negociación condenada al fracaso desde sus orígenes, se le vino a añadir, en las horas previas, el vil asesinato de cuatro ciudadanos judíos a manos del siempre omnipresente terrorismo palestino, ¿acabará algún día entendiendo el pueblo de dicho apellido que el camino del terror tan solo conduce a la guerra, la miseria y el aislamiento internacional?
Luego está el verdadero problema, es decir, que los que ya tienen el liderazgo real y moral del pueblo palestino, los líderes de Hamas, no se sientan en la mesa de negociaciones y siguen condicionando desde Gaza, se quiera o no, el futuro de una hipotética entidad nacional reconocida por Israel y Occidente.
Un Estado palestino en este momentos, dada la división del territorio entre la Gaza de Hamas y la Cisjordania de la casta cleptocrática de Al Fatah, es un desiderátum de imposible cumplimento, mientras no se llegue a un acuerdo de mínimos en la discordia interpalestina y no cese la lacra del terrorismo, atizado siempre muy oportunamente por los grupos radicales. ¿O es que acaso Occidente está pensando ya en la posibilidad de reconocer un Estado palestino tan solo en los territorios de Cisjordania? Qué locura, una más.
Además, la legitimidad política y moral del presidente de la Autoridad Nacional Palestina, Mahmud Abbas, es nula, sobre todo entre su pueblo hastiado de la forma en que se desvalija la ayuda internacional por sus válidos y allegados políticos y familiares; mientras la población palestina se muere de hambre y agoniza ante una situación caótica en todos los órdenes, el dinero circula sin control entre los fieles del discutido máximo líder y los mercedes se apilan en sus escandalosas mansiones.
Sin ir más lejos, la esposa del difunto Arafat era capaz de gastarse en una sola tarde, en compras en tiendas de lujo en París, el valor de lo que cuesta construir una escuela en Gaza. De aquellos barros vienen los actuales lodos, y así se explica el ascenso social y electoral de Hamas.
Incluso llegado el caso, que es un escenario que no se dará ya en condiciones de plena libertad y competencia democrática, si hubiera unas nuevas elecciones en los territorios palestinos es más que probable que Hamas arrasase y pusiese fin al lamentable estado de cosas que se vive en los territorios que "administra" la Autoridad Nacional Palestina.
Es cierto que Hamas utiliza el terrorismo, que bajo su paraguas supuestamente "humanitario" no esconde más que el deseo por establecer un Estado totalitario e integrista y que siempre ha utilizando el terrorismo como forma de acción política, desdeñando el diálogo y las vías pacíficas, pero no es menos cierto que del ciego apoyo prestado por la comunidad internacional al ex terrorista Arafat y sus secuaces (¡qué tropa!, que decían algunos) vienen la mayor parte de los males que se viven en el contencioso entre Israel y los palestinos, que es un conflicto más en Oriente Medio y no la centralidad de los contenciosos de la región, como pretenden hacernos creer los líderes árabes.
Hamas, actor fundamental y clave en el proceso de paz de Oriente Medio
En definitiva, tras las buenas y bellas palabras de Obama, Hosni Mubarak, Mahmud Abbas y Benjamín Netanyahú, que han sido un breve oasis tras años de parálisis e inacción occidental y estadounidense en Oriente Medio, hay una realidad indiscutible: los verdaderos protagonistas de la cumbre no estaban en los Estados Unidos.
Porque, aparte de Hamas, que seguirá siendo una pieza clave aunque no se siente en futuros diálogos, tampoco estaba Siria, con la que el Estado de Israel sigue manteniendo abierto el conflicto del Golán ni el Líbano, cuyas diferencias fronterizas con el Estado hebreo y el imparable crecimiento de Hizbulá en la sociedad del país de los cedros harán inevitable, a la larga, un conflicto nunca cerrado y que periódicamente se repite a pequeña escala.
Luego, por mucho que se esfuerce en Obama en arañar algún éxito diplomático desde esta cumbre hasta las elecciones legislativas norteamericanas, el balance que presenta su mandato presidencial a punto de llegar al ecuador de la presidencia es, por decirlo de una forma diplomática, bastante paupérrimo.
Ni grandes ideas ni brillantes iniciativas, nada de nada. Las anunciada retirada de Irak, que hace presagiar un otoño caliente en este país abandonado a su suerte, y la futura de Afganistán, presentada por algunos como una invitación a los talibanes a que esperen unos meses para hacerse con el poder, han sido vistos más como un símbolo de la debilidad por la que atraviesa Estados Unidos que como un corrección en una política exterior que Obama consideraba errada.
En definitiva, que tras las luces, los flashes y las declaraciones rimbombantes, que han alumbrado una esperanza deseada por todos pero que estuvo mal planteada por sus escasas ambiciones y el clima negativo que se percibe en Oriente Medio, nada nuevo bajo el sol.
No obstante, los pesimistas tenemos que reconocer que Estados Unidos movió ficha e hizo un mínimo esfuerzo por acercar las posiciones entre ambas partes, aunque la debilidad de las mismas era manifiesta y la palestina, como ya se ha dicho antes, carecía de la legitimidad necesaria para abordar el proceso.
Porque, llegados a este punto, ¿dónde está la política europea para el Mediterráneo y para Oriente Medio? En ninguna parte, carece de las más elementales ideas, proyectos e iniciativas para una región tan necesitada de las mismas; la Europa política sigue mostrando sus carencias y necesitando un nervio diplomático ágil y eficaz para un mundo en cambio y plagado de enormes desafíos.
