Casi en pleno centro de Lima, en la sede del departamento de la lucha contra el terrorismo del Ministerio del Interior peruano (Dirteco), se encuentra un peculiar "museo": es una muestra de todos los afiches, materiales, libros e incluso minas utilizadas por Sendero Luminoso en sus largos 29 años de lucha.
También se encuentra la biblioteca del máximo lÃder y fundador de esta organización terrorista, Abizmael Guzmán, quien fuera detenido en el año 1992 en una casa residencial y burguesa de un barrio de clase media limeño.
Ahora, cuando han pasado 18 años de todo aquello, la Dirteco abre sus puertas a periodistas extranjeros, invitados ilustres o simples interesados en la lucha contra el terrorismo para enseñar estos materiales que son parte de la historia más siniestra y trágica del Perú.
El centro es una auténtica escuela de lo que fue la utilización del terror a gran escala en este paÃs. En la muestra no faltan fotos espantosas de diputados, militares, concejales, periodistas y simples ciudadanos brutalmente torturados o asesinados por Sendero Luminoso en los años 80 y 90, cuando esta organización de carácter maoÃsta y única en América Latina llegó a golpear incluso con fuerza en la capital peruana, llevando su violencia a los barrios altos e incluso a las residencias de los policÃas y oficiales implicados en la lucha contra el terrorismo.
Hasta la sede de este peculiar museo no abierto al público, la ya citada Dirteco, fue atacada con un coche bomba en los años de plomo peruanos. Nadie se libraba de la senda de muerte y miedo trazada por el maoÃsmo local.
OrÃgenes de sendero luminoso
Sendero Luminoso fue fundado en el año 1980 por Abizmael Guzmán, quien a partir de ese año se convertirÃa en el Presidente Gonzalo por sus despiadados y crueles camaradas, y su verdadero nombre es Partido Comunista del Perú-Sendero Luminoso (PCP-SL).
Este grupo, cuyos verdaderos orÃgenes ideológicos se remontan al maoÃsmo puro y duro de la defenestrada "banda de los cuatro" que liderara la esposa del mismÃsimo Mao Tsé Tung, comenzó el conflicto armado con el Estado peruano y sus "tÃteres" en la década de los ochenta, utilizando los métodos más brutales y el terrorismo como formas de acción polÃtica.
En muy poco tiempo, sobre todo a raÃz de que el Presidente Gonzalo fundara su Escuela Militar y dictara doctrina a sus fieles acólitos, originariamente de Ayacucho, comenzó con la lucha armada a todos los niveles y sin exceptuar todas las formas de violencia, desdeñando la clemencia y la piedad en la batalla contra la "oligarquÃa" y la "burguesÃa" peruanas, aunque sus ataques generalmente eran indiscriminados y en la mayorÃa de los casos afectaban al común y corriente de los indefensos ciudadanos vÃctimas de la violencia polÃtica.
Los senderistas cortaban los dedos de los peruanos que participaban en las elecciones democráticas y libres, colocaban bombas sin medir las consecuencias en los barrios peruanos, torturaban y asesinaban indiscriminadamente a aquellos que consideraban "lacayos" del imperialismo, "ejecutaban" a sus prisioneros sin contemplaciones y, en fin, un rosario interminable de atrocidades podrÃan contarse entre sus principales "acciones revolucionarias".
La caÃda de Abizmael Guzmán
En 1992, bajo el gobierno de Alberto Fujimori y tras una minuciosa labor de inteligencia, Abizmael Guzmán fue detenido por fuerzas especiales de la policÃa peruana en una acción espectacular.
Al parecer fue la basura depositada por una bailarina que le escondÃa en su casa la que llevó a los agentes a su arresto definitivo, lo que le permitió al Estado peruano acceder a importante información sobre Sendero Luminoso y a conocer con todo lujo de detalles, a través de la computadora del máximo lÃder, la composición, el número de hombres -más de 23,000, entonces-, la organización y el funcionamiento interno de este grupo criminal.
Se trataba del más duro golpe jamás asestado a la organización, casi secta, senderista y después del mismo, tal como se pudo contemplar tras la acción, no volvió a levantar cabeza. HabÃa sido descabezada definitivamente, tan solo quedaban los últimos estertores.
Cuando cayó Guzmán, tal como podemos ver en las fotos que se exponen en esta auténtica galerÃa del horror comunista, Sendero Luminoso era todavÃa una organización potente, con una indiscutible fuerza ofensiva y, sobre todo, capaz de subvertir el orden democrático.
Buena muestra de esa fortaleza que poseÃa para matar y asestar duros golpes al Estado y a la sociedad la podemos contemplar en los recortes de prensa que nos muestran que la banda terrorista -tras la caÃda del Presidente Gonzalo- siguió atacando a las fuerzas de orden y seguridad peruanas e incluso llegó a asesinar a algunos de los responsables de la captura de esta versión de Gran Timonel latinoamericano.
Pero, paradójicamente, como me explica muy acertadamente el escritor Antonio Alfonso Cisneros, Sendero Luminoso acabó liquidando, incluso fÃsicamente, a la izquierda peruana que en aquellos tiempos renacÃa de sus cenizas, asesinando a sus cuadros polÃticos e impidiendo que se desarrollara en el mundo rural y urbano, como cuando acabó con la vida de la activista social MarÃa Elena Moyano.
También varios diputados de la Izquierda Unida de entonces, como miembros del grupo terrorista Movimiento Revolucionario Tupac Amaru (MRTA), caerÃan bajo las balas, cuando no la tortura, de este grupo fundamentalista que no permitÃa el "revisionismo ideológico" ni el disenso polÃtico. Muchos de estos "ejecutados", considerados "enemigos del pueblo" o simplemente personas contrarias a la doctrina del partido, fueron linchados, degollados, quemados vivos, lapidados o fusilados.
Sin apenas base popular, pues su barbarie que no tenÃa lÃmites les llevaba al aniquilamiento total del adversario, que no se detenÃa siquiera en los sacerdotes, maestros o médicos rurales, una vez que el máximo lÃder fue detenido su actividad cayó bajo mÃnimos y hoy es un grupo residual, apenas operativo y ligado al narcotráfico.
Dejó atrás más de 70,000 muertos, un sinfÃn de desaparecidos y una estela de dolor, horror y terror inolvidable para millones de peruanos que sufrieron el azote de una de las organizaciones terroristas más irracionales y bárbaras de la historia de la humanidad, quizá tan solo comparable a los Jemeres Rojos de Pol Pot o las Secciones de Asalto nazis de Ernst Röhm.
En estas salas, atestadas de recuerdos de una época funesta de Perú que parece ya superada para siempre, yace la memoria inerte de aquellos años de muerte y miseria polÃtica de este bello paÃs siempre complejo y aparentemente ingobernable, pero también culto y democrático como ninguna otra nación quizá de América Latina.
Hoy, como sÃmbolo de los nuevos tiempos de Perú, Abizmael Guzmán, cada vez menos el Presidente Gonzalo, se pudre quizá hasta el final de sus dÃas en el presidio militar del Callao, en las afueras de Lima. Lejos quedan aquellos dÃas en los que, según me cuenta una fuente bien informada del Ministerio del Interior, le enviaba pastelitos y tartas por su cumpleaños el ex presidente (también detenido) Fujimori. Pero esa es otra historia para otro momento.
