La Colombia de Santos vista por la derecha y la izquierda

José Enrique Robledo: "El régimen plutocrático consolidado durante el mandato de Uribe, ligado y subordinado a Estados Unidos, va a continuar durante Santos, incluso creo que va a profundizar en ese modelo sin alterar la naturaleza del mismo"
ElHeraldo.hn

Honduras

11.12.2010 - Ricardo Angoso - siempreSPAMFILTER@elheraldo.hn

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La Colombia bajo la administración desde el punto de vista de un derechista, José Obdulio Gaviria y el izquierdista Jorge Enrique Robledo. Por un lado Gaviria, quien ha sido hasta hace muy poco tiempo asesor del ex presidente colombiano, Álvaro Uribe, y es considerado por sus amigos e incluso sus enemigos como el principal ideólogo del máximo mandatario colombiano.

También se le considera como el “diseñador” de la denominada doctrina de “seguridad democrática”, que consiste en intensificar la lucha contra el terrorismo de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) desdeñando cualquier forma de acuerdo y el diálogo con esta organización terrorista. Fino analista y cuidado en las formas, en esta entrevista se muestra especialmente cauteloso con el nuevo inquilino de Casa de Nariño, el presidente Juan Manuel Santos.

Mientras Jorge Enrique Robledo es uno de los once senadores que tiene la principal fuerza de izquierdas colombiana, el Polo Democrático Alternativo (PDA), en el senado y uno de sus principales activos retóricos, dada la brillantez de sus exposiciones y la fuerza de sus ideas. En esta entrevista, realizada en su despacho del Senado colombiano, se muestra crítico e implacable con el nuevo presidente del país, Juan Manuel Santos, al que considera “más de lo mismo”, puro continuismo y simple uribismo maquillado.

Ricardo Angoso: ¿Qué examen hace de la crisis crónica que padece la izquierda, especialmente el Polo Democrático Alternativo?
José Obdulio Gaviria: El Polo Democrático, no lo olvidemos, es una alianza bastante artificial, pues conviene recordar que se formó a través de varias fuerzas dispares y en el mismo convergían fuerzas maoístas y comunistas, que tenían varias formas de hacer la lucha política. Pero también había ex guerrilleros que habían abandonado la vía armada y que buscaban una forma de hacer política distinta a la violenta. Entonces, estas dos vías políticas, ex guerrilleros y partidos políticos en el sentido clásico, comenzaron a confrontarse y a tener enfrentamientos. Lo que ocurre, y no debemos olvidarlo, es que la mayoría estaba formada por los ex guerrilleros, como Gustavo Petro y Alberto Navarro, pero que sin embargo no obtienen buenos resultados electorales a diferencia de los denominados “políticos”, que sí tienen detrás una organización que les apoya y les organiza la logística electoral. Así fue posible que esta izquierda política, ya organizada, desplazará al liberalismo como alternativa, y que el debate se situará entre el uribismo versus la izquierda. Pero no fue posible que esta izquierda se vertebrase como un proyecto reflexivo y no dogmático porque tenía entre sus filas al Partido Comunista, que está claramente ligado a la guerrilla, más concretamente las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), y a la utilización del terrorismo como forma de hacer política.

R.A.: ¿Qué balance hace de estos días de 100 días de Santos, hay continuidad o no?
J.O.G.: Es una política de continuidad, de confrontación con el terrorismo y no de buscar acuerdos políticos con los terroristas, que no pasa por el diálogo o las conversaciones con las FARC. Pero eso no es óbice para que no descartemos que en un futuro las FARC traten de rendirse y buscar algún tipo de beneficio político o acuerdo, es un escenario posible, desde luego. Pero cada vez los terroristas están más aislados porque el escenario internacional les es adverso y la situación en el país cambió, se les volvió muy difícil realizar sus tareas subversivas. No hay nadie ya en el mundo que justifique el terrorismo, El problema radica en que los crímenes y fechorías que han cometido son de tal magnitud que es cada vez más difícil el buscar un acuerdo político que les permita su reinserción o una forma de acuerdo; su descrédito en el país y en el exterior es total, no tienen ninguna posibilidad de justificar ya sus acciones.

R.A.: En lo social y en lo económico, ¿qué le parece la gestión de Santos?
J.O.G.: Digamos que han planteado algunos temas que son discutibles y se los voy a explicar. Yo creo que Colombia, durante los años de Uribe, basó una parte de su política en la confianza inversionista, con unas reglas de juego claras y definidas, y la cohesión social, que no es una lucha de clases en el sentido marxista, sino confiar en los agentes económicos que dinamizan las economías modernas y generan empleo e ingresos. El equipo económico de Santos, sin embargo, parece tener una imagen negativa de estos generadores de empleo, como son los empresarios, y de un aspecto que yo considero muy positivo de los últimos años, como son las llamadas zonas francas. Parece que ahora las diabolizan y las satanizan, como también hacen con las exenciones tributarias, que en el pasado fueron exitosas y crearon empleo porque les permitió a los empresarios tener más recursos. Y también otro tipo de seguridades jurídicas que ahora son puestas en tela de juicio por algunos miembros del actual equipo económico que dirige el país.
Luego, en el campo de la cohesión social, nos encontramos con un ministro, el de agricultura, que es un verdadero peligro en el campo agrícola y lleva una política que considero errónea.

R.A.: ¿Es cierto que hay un malestar en la derecha por algunos de los nombramientos y algunas de las decisiones tomadas por el presidente Santos?
J.O.G.: Yo creo que se pueden hacer acuerdos pero sin entregar la política, la forma de hacer las cosas en definitiva. Yo creo que la Ley de Víctimas y la Ley de Tierras responden más los intereses de los liberales que a los que realmente ganaron las últimas elecciones, no lo olvidemos. Ganó el Partido de la U, que era fiel a la herencia recibida, y nos los liberales.

R.A.: Pese a todo, ¿parece que las fuerzas que más peso tuvieron en las últimas elecciones, como los verdes y el Polo mismo, pasan difíciles momentos e incluso algunos auguran su desaparición?
J.O.G.: No cabe duda de que hay un planteamiento anarquista en el comportamiento político de los colombianos, en la política colombiana. Incluso se premia a la disidencia, se favorece que haya movimientos de crítica. No olvide que un presidente que tuvimos, Carlos Vargas Lleras, llegó a decir que hay que patrocinar las divisiones creadoras. Entonces, estamos en una etapa en que se descree mucho de los partidos políticos tradicionales como herramientas o instrumentos para la realización de las políticas que la gente realmente demanda. El Partido de la U, por ejemplo, consigue nueve millones de votos que provenían de el sector social que apoyaba a Uribe y después recogió Santos. Sin embargo, la paradoja es que nada más llegar al gobierno se elige como presidente del Senado a alguien que yo considero contrario a los intereses de ese partido y de ahí viene precisamente ese descrédito de la política. Un presidente del Senado, Armando Benedetti, que visitó a Chávez de una forma payasesca y que no representa a los que realmente le votaron.

R.A.: ¿Cómo examina la reciente “reconciliación” entre Colombia y Venezuela, más concretamente entre los presidentes Santos y Chávez?
J.O.G.: Cuando no hay análisis estructural, por ceñirme al léxico marxista, uno pierde la referencia de lo que realmente está haciendo, en lo que está trabajando. Hay momentos en la aviación en que el piloto no sabe si está al revés o boca arriba. En política pasa igual algunas veces. Y uno se hace ilusiones con la Venezuela de Chávez, que es un régimen socialista que va contra la libre empresa, contraria al respeto de la autonomía de los países y que aplica el intervencionismo, tanto en el interior contra la economía de mercado como en el exterior con el llamado internacionalismo. Eso nadie lo va a cambiar y esa línea, le aseguro, va a continuar. Cualquier arreglo con Chávez es coyuntural y no se debe buscar como algo a largo plazo, sino en el corto plazo y seguramente en el futuro, frustrante.

Por su parte, Jorge Enrique Robledo, Senador del Polo Democrático Alternativo, tiene otra optica sobre la dituación de Colombia.
RA: ¿Qué balance hace de estos 100 días de presidencia de Santos?
José Enrique Robledo: Es evidente que el actual ejecutivo ha hecho un gran esfuerzo por demostrar que es muy distinto al anterior, pero también es evidente que sus semejanzas son más que grandes que las diferencias, especialmente en el manejo de sus políticas económicas y sociales. Se trata de continuar con el modelo neoliberal y de libre comercio que Uribe llamaba confianza inversionista, y en este sentido, lo digo claramente, cero modificaciones, con todas las consecuencias negativas que ello implica. No se apuntan medias para acabar con el desempleo, con la pobreza y con todas las lacras sociales que padecemos en este país.

R.A.: ¿Al menos reconocerá que en política exterior, tras haber normalizado el presidente Santos las relaciones con Ecuador y Venezuela, sí hubo cambios…?
J.E.R.: Nosotros, como es lógico, desde el Polo saludamos ese cambio y nos felicitamos por el mismo. La decisión de no relacionarse con los vecinos no era una buena medida. Sin embargo, no olvidemos que en lo fundamental nada ha cambiado: la orientación de la política exterior colombiana sigue siendo de absoluto seguidismo y sumisión a los intereses políticos y estratégicos de Washington, de los Estados Unidos. En esa materia, Santos y Uribe son idénticos. Ambos siguen obsesionados por el Tratado de Libre Comercio y siguen los dictados de Washington, nada cambió a ese respecto y los Estados Unidos siguen condicionando nuestra agenda interior y exterior.

R.A.: Pese a todo, ¿cierta izquierda y los liberales parecen encantados con las políticas que hasta ahora ha desarrollado el presidente Santos?
J.E.R.: La única oposición a Santos es el Polo. Los partidarios de Santos, los santistas por llamarlos de algún modo, tratan de evitar identificarse con el anterior presidente, Uribe, para diferenciarse y tratar de justificarse. Nada más falso, un circo, son más de lo mismo por más que intenten ocultarse con otros barnices. El santismo es el uribismo en todos los aspectos fundamentales. Pero la oposición, formal y política, es el Polo, eso está meridianamente claro. Los liberales, por otra parte, se han entregado al santismo en cuerpo y alma. Se han acomodado, como también lo ha hecho el ex candidato del Polo, Gustavo Petro.

R.A.: ¿Qué cree que hará Uribe, seguirá maquinando por su regreso?
J.E.R.: Habrá que esperar, por ahora hay más ruido que realidades. Yo, por lo pronto, no veo grandes diferencias entre Santos y Uribe. No ha habido ni una sola contradicción ni diferencia entre ambos. Siguen el mismo guión que ya es bien conocido por todos. Los partidarios de Santos, los santistas, tratan de evitar identificarse con el anterior presidente, Uribe, para diferenciarse y tratar de justificarse. Nada más falso, un circo, son más de lo mismo por más que intenten ocultarse con otros barnices.

R.A.: No obstante, ¿reconocerá que hay figuras como el vicepresidente, Angelino Garzón, que provienen de la izquierda y dicen que afrontarán en este mandato el desafío social?
J.E.R.: Todo el mundo sabe que Garzón se ha entregado primero al uribismo y ahora al santismo. Ya fue ministro con Pastrana en el pasado y es parte del juego de la política tradicional, perdió su credibilidad. Yo no creo que este gobierno tenga ni la voluntad ni la intención de hacer frente a lo que llama el desafío social, sino más bien lo contrario. Se crea una ficción de que se pretende hacer frente al desafío social, pero es sólo eso: una ficción, nada más. Nuestra propuesta, sin embargo, es mucha más ambiciosa y lo decimos claramente: hay que cambiar el modelo económico del país. Las causas de la pobreza y del desempleo y tienen mucho que ver con el neoliberalismo, el consenso de Washington y las decisiones que nos imponen las instituciones económicas internacionales, como el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial. Si esas causas no se cambian, los efectos de esas políticas continuarán causando sus perniciosos efectos y los desajustes sociales que todos conocemos. Y Santos, que es un hombre del establecimiento y del sistema, no va a cambiar el modelo y seguirá fielmente los dictados de Washington.

R.A.: ¿Cuáles van a ser las líneas maestras de la oposición que va a realizar el polo durante el mandato de Santos?
J.E.R.: Nosotros le declaramos formalmente la oposición al gobierno de Santos, porque su programa se contrapone totalmente al nuestro y no nos queda otro lugar más que ese espacio que ahora reivindicamos. Si así no lo hiciéramos, traicionaríamos el mandato que los electores nos entregaron y a la vez traicionaríamos a nuestros principios políticos y morales; no nos queda otro camino desde donde actuar que no sea la oposición. El Polo no va a traicionar ni a sus ideales ni a sus electores, eso sí siempre dentro de una espíritu constructivo y no obstructivo, aportando nuestras ideas y propuestas al ejecutivo. Santos trata de demostrar que es distinto, que las cosas están cambiando, pero no es así y lo único que vemos desde el Polo es que hay una continuidad en las políticas anteriores.

R.A.: ¿Se atisba algún cambio en el actual gobierno en lo que respecta al problema del terrorismo, de las FARC?
J.E.R.: Nosotros realmente no vemos grandes cambios. Pero claro, en este asunto, quiero ser prudente, pues no depende tan sólo del gobierno lo que vaya a cambiar, sino de las FARC mismas, y no tengo demasiados elementos para opinar de algo que no conozco.

R.A.: Tienen ustedes próximamente elecciones locales y regionales, ¿no parece desde luego, con el desgaste del alcalde de Bogotá de su formación, el mejor momento, es así?
J.E.R.: El Polo está pasando un momento difícil, no lo ocultamos. Nuestro ex candidato presidencial, Petro, está buscando acuerdos con Santos y se ha situado casi al margen del Polo. Nosotros no le aceptamos su propuesta de un acuerdo con Santos, y entonces Petro está tratando de destruir el Polo y dividirlo. Su propósito coincide, además, con una campaña de la extrema derecha contra nuestra fuerza política que contaba con el apoyo de algunos organismos del Estado, como agentes del DAS -una suerte de CNI colombiano-. Trataban de dividirnos y dejarnos sin sustancia política; es triste que los objetivos de Petro coincidieran con los artífices de esta campaña contra nosotros. La extrema derecha piensa que una alternativa política de izquierdas en Colombia no es posible y quieren un Polo moldeable y sumiso, ceñido a sus intereses y sin autonomía.

R.A.: ¿Reconocerá que el Polo tiene una fuerte contestación a la gestión del alcalde de la capital, Samuel Moreno?
J.E.R.: Los medios colombianos son enemigos del Polo, por lo general, algunos abiertamente y otros de una forma solapada. Si hay una cosa meridianamente clara en este país es que los medios responden y difunden el discurso que el establecimiento quiere, no son medios plurales, desde luego. No me sorprende que la crítica contra el alcalde haya crecido en los medios, pues es el mismo discurso que mantienen con respecto al Polo. Luego Petro, que nos atiza sin cesar, es aclamado por los medios que le colocan todos los micrófonos del mundo para atacar al Polo. Toda crítica contra el Polo sirve para esta campaña. Petro, que ya no reconoce nuestros órganos ni nuestra política, está ya casi fuera del Polo y tan sólo sirve como comparsa a esta campaña atizada desde los medios contra nosotros. Es muy triste el papel que está teniendo en esta guerra sucia contra el Polo.

R.A.: ¿Parece que en las filas uribistas hay cierto malestar por algunos nombramientos y decisiones tomadas por Santos?
J.E.R.: Son las viudas del poder, aquellos que quedaron al margen del nuevo ejecutivo y se quedaron sin colocar. Pero contradicciones de fondo, como le he dicho antes, no se detectan entre Santos y Uribe, no se perciben cambios, digan lo que digan los santistas de pro. Puede que haya malestar debido a las contradicciones que tienen más que ver con odios, rencillas personales y disputas por el poder, pero que no tienen ninguna relación con la política real, pues Uribe y Santos son lo mismo y el rumbo del país se mantiene inalterable. Que alguien me diga donde están las contradicciones entre ambos, en ninguna parte. El gobierno en Colombia siempre se ha caracterizado por la política del Frente Nacional, donde convergían liberales y conservadores para repartirse el “pastel”, algo que está pasando ahora con Santos, donde siguen mamando los mismos. La política en Colombia es un desvergüenza. Los que pierden las elecciones acaban en el gobierno con el que gana o les dan una embajada como premio de consolación. Es una realidad patética que los medios, que recogen solamente el espíritu del establecimiento, no reflejan en sus informaciones. No se cuenta el circo que es realmente este país, una caricatura.

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La prestigiosa revista colombiana Semana llegó a considerar a José Obdulio Gaviria como el “Rasputín de Uribe”.
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