En un barrio humilde de la periferia de Sao Paulo, el sonido de un violín aún desafinado se confunde con una sierra eléctrica que da forma a un nuevo tambor: son jóvenes aprendices de lutier que fabrican instrumentos típicos de la música popular brasileña usando incluso madera encontrada en basurales.
En Sao Miguel Paulista, en la zona este de la gran urbe brasileña, David Rocha, de 20 años, se luce con una de sus más recientes creaciones: una "rabeca", instrumento parecido al violín muy popular en la cultura brasileña.
"Aprendí a tocar con partituras en la iglesia", confió a la AFP este introvertido joven que encontró en la fabricación de instrumentos un espacio de expresión cultural. David es uno de los más aplicados alumnos de la Fundación Tide Setubal, que busca rescatar la cultura popular en una región de casas modestas marcada por la migración de brasileños provenientes del empobrecido noreste. Rodeados de serruchos, martillos y sierras, Renato Soares, de 21 años, y Caique Aron, de 18 años, también se empeñan en terminar su segunda "alfaia", un instrumento de percusión muy popular en la región nordestina brasileña, hecho con cuero que se estira para un mejor sonido y cuerdas a los costados.
"Es para el hermano de una amiga que tiene cinco años. Como se pasa tocando la flauta le prometí que le iba a hacer una ‘alfaia’ que hace más ruido", destacó Renato con humor.
Los armarios del taller están colmados de instrumentos de percusión, más grandes o más pequeños, con cuero limpio o con el pelaje original, que son fabricados por los 15 alumnos para las clases de música que reciben unos 60 niños a partir de siete años de edad en la fundación.
