¿Por qué no atacarán a Siria?

La crisis siria presenta unas características muy especiales que no se debían desdeñar y que implicaban una capacidad de análisis y examen mayores que en el caso libio
ElHeraldo.hn

España

13.05.2011 - Ricardo Angoso - rangosoSPAMFILTER@iniciativaradical.org

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La crisis siria, en donde el presidente Bachir Al Assad se ha atrincherado y ha optado por la represión más brutal, al más puro estilo de su difunto padre y maestro, demuestra que las cosas no eran tan sencillas como pensaban algunas de nuestras cancillerías y los más avezados analistas de nuestros medios.

Todo ello, como era de esperar, ha tenido sus consecuencias y ha reducido el ímpetu occidental por generalizar la "fórmula" aplicada a Libia -la intervención militar de la OTAN supuestamente avalada por una resolución de las Naciones Unidas- al caso sirio y a otras latitudes cercanas.

Además, la crisis siria presenta unas características muy especiales que no se debían desdeñar y que implicaban una capacidad de análisis y examen mayores que en el caso libio. Los equilibrios internos y externos jugaban a favor en el caso sirio, ya de por sí complejo por la opacidad en la información y por su componente de excepcionalidad socialista en una región dominada por regímenes reaccionarios y religiosos, y seguramente determinarán la suerte que pueden correr las revueltas contra el dictador y la propia supervivencia de un sistema que resiste a todo tipo de presiones desde hace décadas.

PELIGRO DE UNA GUERRA CIVIL.

Luego están los equilibrios externos, pues la caída de una "ficha" como la siria en este complejo puzzle que es el mundo árabe hoy acarrearía consecuencias en toda la región, desde el inestable Líbano, cuyo gobierno en manos de Hizbulá está apoyado por Damasco, pasando por Hamas y que, no olvidemos, controla a sangre y fuego el minúsculo pero estratégico territorio de Gaza.

Israel es otro factor de índole exterior que neutraliza la posibilidad de una acción militar por parte de la comunidad internacional, pero más especialmente de Estados Unidos y sus aliados en Europa, pues aunque Damasco mantiene siempre su repetitiva e insistente retórica antisionista y antisemita contra el Estado hebreo no es menos cierto que desde hace 38 años reina entre ambos países una paz fría en la que no se disparó ni un solo tiro. Fría en las formas, pero de todos modos paz.

La opinión pública israelí, y muy especialmente sus medios, prefieren como vecino a un enemigo predecible y altisonante que a un supuesto régimen amigo impredecible.

LA FRAGILIDAD DE LOS ESTADOS DE ORIENTE MEDIO.

Las fronteras de Oriente Medio fueron trazadas por las potencias colonizadas con tiralíneas y nunca se atendieron a las complejidades étnicas y religiosas de estos nuevos estados.

Por este motivo, se pueden explicar fácilmente los conflictos que ahora se viven en Irak, el Líbano y la misma Libia, que no era una unidad étnica, geográfica, lingüística y religiosa en el sentido estricto.

El riesgo de la balcanización del mundo árabe debe ser un escenario no descartable en el actual contexto de desintegración política y social al que estamos asistiendo, la fragilidad de estas naciones es constatable.

Por último, Estados Unidos están agotando casi todas sus capacidades militares y una nueva intervención de la OTAN sin la superpotencia es un desiderátum de cumplimiento imposible. Los europeos, por sí mismos, no tienen ni la capacidad ni los medios para liderar una intervención de esas características en ninguna parte del mundo.

La OTAN sin Estados Unidos sería un cascarón vacío destinado a un seguro fracaso político y militar, muy en la línea de otras iniciativas ya fracasadas y enterradas que auspiciaron en su momento sus socios europeos. Para terminar, Estados Unidos está actuando en tres frentes de batalla (Afganistán, Irak y Libia), y padece en estos momentos una de las crisis económicas más críticas de su historia. A casi un año de las elecciones presidenciales, y con la reelección casi asegurada salvo contratiempos, es más que seguro que Barack Obama no se aventurará a perder todo para salvar la impredecible revolución siria.

Y no moverá ni un dedo porque sabe que se puede ganar una guerra, como el primer Bush la del Golfo, pero también que todo se puede ir al traste en las urnas si los electores no entienden el motivo de la misma.

Es un riesgo innecesario que no correrá.También están los equilibrios internos: Siria está en manos de los elementos más moderados del Islam y los sunnitas, aunque son mayoría, siempre parecieron aceptar el actual statu quo, pese a que hora están participando masivamente en las protestas.

Una intervención occidental podría exacerbar los sentimientos religiosos de los chiitas, mucho más radicales e intolerantes, y sembrar la llama para un conflicto de incalculables consecuencias, en él quizá los "platos rotos" los pagarían las comunidades más discriminadas: los cristianos, los drusos, los maronitas y otras minorías.

El riesgo de una guerra civil al estilo de la que se ha enquistado en Libia es una contigencia de posible cumplimiento en el caso de Siria, dada su complejidad étnica, política y religiosa.

El régimen sirio de Bachir Al Assad está apoyado, principalmente, por los alauitas, que apenas son el 12% del censo de este país de 19 millones de habitantes, y son mayoría en los mandos de las fuerzas armadas, de los potentes servicios de seguridad y de la policía. Una protesta masiva apoyada desde el exterior recibiría la misma respuesta por la nomenclatura siria que la que hemos conocido en Libia; la confrontación civil sería inevitable y asistiríamos a un nuevo escenario de inestabilidad que ni Occidente ni Estados Unidos se pueden permitir en estos momentos.

Los alaulitas nunca abandonarán el poder pacíficamente. Un fantasma recorre Oriente Medio, el fantasma de Libia, es decir, que la intervención occidental en favor de la ola democratizadora en esos países acabe enquistando los problemas, abra inciertas guerras civiles y acabe generando el efecto no deseado, la consolidación de los regímenes más autoritarios y una solidaridad no esperada entre los mismos.

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Las protestas contra el régimen de Bachir Al Assad continúan.
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