Pinturas, instalaciones artísticas y hasta un ‘happening’ se apoderaron de las antiguas celdas de la primera cárcel construida en Uruguay, que tras funcionar durante 102 años acaba de ser convertida en un museo de arte contemporáneo.
El olor a pintura reciente y las paredes inmaculadas contrastan con las oxidadas pasarelas de hierro y muros originales que se conservaron en la parte superior de una de las alas de la ex cárcel de Miguelete, construida a fines de la década de 1890 y que tras una serie de proyectos frustrados fue reinaugurada este mes como Espacio de Arte Contemporáneo (EAC).
Al fondo del museo, una enorme ventana permite ver el deterioro del viejo edificio, que con más de 10,000 metros cuadrados responde arquitectónicamente al concepto de panóptico, con una organización radial muy similar a la de la antigua prisión de Petonville, en Inglaterra.
El flamante museo conserva la estructura original de la cárcel y fue inaugurado con una muestra titulada "Delitos de arte", en la que más de 40 artistas nacionales buscaron "resignificar el espacio carcelario mediante intervenciones artísticas libres".
Para lograrlo, a cada artista se le pidió trabajar en el acotado espacio de una antigua celda, de poco más de ocho metros cuadrados y con una pequeña ventana enrejada.
Así, la artista Raquel Bessio encierra pequeñas "fieras" en su celda, con leyendas como "adaptarse", mientras que si se mira a través de un telescopio es posible leer, detrás de las rejas y sobre un muro del patio, la palabra "libertad".
Martin Inthamoussú empapeló paredes, piso y techo de la pequeña habitación con recortes de prensa, hojas de apuntes y proyectos, en un paralelismo con la escritura de los presos en los muros de la cárcel, mientras que Alejandro Cruz oscurece por completo la celda para mostrar una negra cuna vigilada por una cámara y micrófono, en una reflexión sobre el control de la sociedad.
