Solos y a miles de kilómetros de su tierra, muchos inmigrantes latinoamericanos recorren algunos de los campos más desolados y fríos del oeste estadounidense, atendiendo rebaños de ovejas por apenas 600 dólares al mes y sin días de descanso.
“Aceptamos el trabajo porque las cosas están peor todavía en nuestros países”, explica Pepe Cruz, un peruano de 40 años.
Cruz es uno de cientos de inmigrantes de Sudamérica, México y Nepal que cuidan ovejas en estados como Wyoming, Colorado, Utah y California, en condiciones brutales que están siendo denunciadas por políticos y agrupaciones defensoras de los trabajadores.
Varios sectores piden mejoras en sus condiciones de trabajo y un legislador de Colorado planea presentar un proyecto de ley que subiría su sueldo mínimo a 9.88 dólares la hora, que es lo que ganan otros peones del campo en ese estado.
Colorado Legal Services, una red de asistencia legal de Denver sin fines de lucro, visitó a numerosos peones con visas temporales en Colorado, Utah y Wyoming y comprobó que a veces trabajan más de 90 horas semanales y que cobran mucho menos que lo que es la norma en Estados Unidos.
El representante demócrata Daniel Kagan dijo que los peones a menudo no hablan inglés, no saben dónde están y dependen totalmente de sus empleadores para la comida, el agua y el contacto con el mundo exterior.
“Es una situación que se presta para abusos. Me temo que estamos frente a un caso de virtual esclavitud, aquí mismo, en Colorado, y eso me preocupa mucho”, expresó Kagan.
UN APORTE VALIOSO. La industria ovina, que atraviesa un período muy duro, dice que los sueldos que cobran los inmigrantes son vitales para su subsistencia y que le dan a los peones oportunidades de una vida mejor en sus países.
Peter Orwick, director ejecutivo de la Asociación Nacional de la Industria Ovina (American Sheep Industry Association), dijo que los hacendados no estarían en condiciones de absorber aumento alguno en sueldos o en los precios del combustible o de los cereales.
Dos tercios de los ganaderos dedicados a la crianza de ovejas cerraron sus haciendas en los últimos 15 años debido a la competencia del exterior y a la popularidad de las fibras sintéticas, señaló Orwick.
“No podríamos sobrevivir sin esta gente”, agregó Anthony Theos, presidente de la Asociación de Productores de Lana de Colorado. Reveló que pone a disposición de sus pastores casas rodantes de casi cinco metros, paneles solares para la generación de electricidad y tanques de gas propano para que cocinen sus comidas. Sostuvo que los peones ahorran la mayor parte de los 750 dólares que reciben mensualmente.
“Queremos que estén cómodos. Ellos protegen nuestra subsistencia”, manifestó. Colorado Legal Services entrevistó a 93 pastores a lo largo de dos años en Colorado, Wyoming y Utah. Sesenta y uno eran peruanos.
Trabajan los siete días de la semana y tienen que estar disponibles las 24 horas del día, según el estudio. En algunos casos, están a grandes distancias de la ciudad o pueblo más cercanos y viven en remolques pequeños y maltrechos, con espacio para una cama, un horno a leña y un bidón de agua.
El 70% de los peones entrevistados dijo que no tiene baño y el 54% señaló que no tiene electricidad. El 42% afirmó que sus empleadores se quedaron con sus pasaportes y otros documentos, y que temían ser deportados si se quejaban de las condiciones de trabajo.
Cruz lleva diez años trabajando por temporadas como pastor de ovejas. Generalmente, los peones trabajan por tres años y luego deben regresar a sus países por cierto tiempo, antes de solicitar una nueva visa temporal H2-A.
En California, la legislatura dispuso en el 2001 un aumento en los sueldos de los pastores luego de que la oficina local de Legal Services publicó un informe sobre las condiciones en que viven los peones.
Chris Schneider, director ejecutivo de la oficina, dijo que el sueldo mínimo de los peones de California es de 1,422 dólares al mes, pero que no siempre perciben esa suma.
A Colorado Legal Services no le resultó fácil ubicar a los peones con los que habló. Con enviados se pasaban horas siguiendo huellas en la nieve.
En un viaje reciente por el condado de Uintah, en Utah, un pastor que montaba a caballo se le acercó a un enviado que viajaba en un Jeep. Dijo que se llamaba Gonzalo y que era peruano, está casado y tiene cinco hijos en su país.
No quiso dar su nombre completo por temor a meterse en líos con su patrón. Declaró que está tan solo que habla con los perros y las ovejas.
Luego se alejó galopando por un campo nevado, seguido por dos collies.
