Pedro Carmona, el hombre que derrotó a Chávez

Los enfrentamientos entre chavistas y opositores se hicieron habituales en las calles venezolanas.
ElHeraldo.hn

España

16.04.2010 - Ricardo Angoso - siempreSPAMFILTER@elheraldo.hn

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En abril del año 2002, tras una serie de protestas de la oposición cívica al régimen chavista, se producen unos turbios y violentos incidentes, con el resultado de casi una veintena de muertos, que llevan al desacato militar a las órdenes de Hugo Chávez de reprimir a una inmensa marcha pacífica, y a la conformación de un gobierno de transición que encabeza el líder empresarial Pedro Carmona.

El objetivo de la transición era liderar un proceso de cambio político y convocar elecciones en noventa días.

Tras tres días de dura crisis, e incluso de enfrentamientos en la cúpula militar que por poco degeneran en una contienda, el capítulo se cierra con el regreso de Chávez a Caracas vitoreado por los suyos, la renuncia del ejecutivo de transición y el 11 de abril, antes, en un baño sangriento nunca esclarecido.

Hoy, Pedro Carmona revive aquellos acontecimientos y también analiza el presente y el futuro de Venezuela.

Ricardo Angoso: ¿Qué balance hace de estos ocho largos años de chavismo?

Pedro Carmona: Destacaría varios elementos claramente definidos: en primer lugar, que se ha ido estableciendo un régimen de orientación autocrática, obsesionado por el proyecto revolucionario bautizado como el socialismo del siglo XXI.

Un sistema que no es otra cosa que la emulación del régimen cubano, bajo una inspiración militarista de izquierda, que ha ido cerrando espacios al pluralismo político, a la democracia y la libertad consagrados en al artículo 2º de la Constitución de 1999, alejándose de principios medulares de la Carta Magna promovida por el propio gobierno y sometida a referéndum, hasta el punto de que numerosas leyes aprobadas por el régimen están en abierta colisión con el texto constitucional.

A manera de ejemplo, se ha legislado en temas fundamentales mediante decretos-leyes, y si bien en diciembre de 2007 el pueblo rechazó en referéndum un cambio fundamental de la Constitución, y se le dio un aviso serio al Gobierno de que no iba en la dirección adecuada, pero el Presidente no ha tenido límites en imponer mediante atajos jurídicos, los objetivos que le habían sido negados.

Otro elemento a destacar es la creación de un Estado omnipotente, poderoso, dueño de medios de producción, bancos, tierras, industrias, supermercados, inmuebles… todo ello con el objetivo de convertirse en el gran empleador, con una enorme orientación intervencionista que atraviesa transversalemente a todas las formas de organización de la sociedad venezolana.

Se ha limitado el derecho de propiedad, y se cercenan espacios a la iniciativa privada, sin que el Estado cumpla de manera eficiente tales funciones, ni atienda exigencias elementales que demanda el país, como lo son la seguridad personal y los problemas del día a día.

Quizás lo más grave en estos once años de gobierno, es que ha propiciado odios y lucha de clases donde no existían.

Costará mucho en el futuro restañar las heridas producidas. Se trata además de imponer al país un pensamiento único, y quien no comparta la línea del Gobierno es considerado como un enemigo y no como adversario. Hay una lógica de avasallamiento, e incluso de criminalización de la disidencia.

El cuarto elemento a destacar, es que se ha impuesto una visión cortoplacista en el manejo de la economía, para privilegiar el afianzamiento en el poder, sin mirar hacia el mediano y largo plazo.

Venezuela es hoy más dependiente del petróleo, pues el 95% de las exportaciones están representadas por el oro negro. Como quinto elemento, el motor de la economía es el gasto público, y este es finito, por lo cual se ha ido hipotecando al país.

Hemos asistido a un retroceso en la producción industrial y agropecuaria sin precedentes en las últimas décadas. Venezuela se ha desindustrializado, de 14,000 empresas manufactureras en 1998 subsisten 7,000, y el aparato productivo está en general debilitado.

La inversión privada, tanto nacional como extranjera es negativa, salvo excepciones recientes en la actividad petrolera en la Faja del Orinoco, donde se han producido alianzas con empresas chinas y rusas, tema antes cuestionado por el gobierno, o en la exploración de gas con Repsol de España.

Otro tema que hay que mencionar es el control por parte del Estado de medios de información, con miras a implantar una hegemonía informativa del Estado, el cierre de numerosos canales de televisión y emisoras radiales privadas, limitaciones legales a los medios de comunicación, y procesos jurídicos contra algunos comunicadores sociales, o presiones hacia la autocensura de los medios.

Por último, hay que mencionar la masiva presencia de cubanos en el país, en un número que bordea los 70,000, en una clara contradicción con la defensa de la soberanía nacional que se proclama.

Se trata de grupos a los cuales se han asignado funciones estratégicas, como la identificación y extranjería, los registros y notarías, los servicios de inteligencia, la seguridad presidencial, etc.

A Cuba, además, se le otorgan cuantiosos recursos financieros y petroleros, bajo la justificación de la fusión de los dos procesos revolucionarios, y se fortalecen nuevas relaciones con países como China, Rusia, Irán, Cuba y los integrantes de la Alba.

R.A.: Ahora, con el tiempo pasado, la iniciativa que se elaboró para cambiar el régimen y llevar al país rumbo a la democracia ¿no cree que fracasó por la desunión del ejército? ¿O cuál fue el factor que explica ese naufragio político de abril del año 2002?

P.C.: Las Fuerzas Armadas en estos años de Chávez han mutado de la institución profesional del pasado a configurar un partido político armado, a la vez debilitado con la creación de las milicias, que responden directamente al Presidente de la República.

Todo ello en contradicción con normas constitucionales. En este tiempo, las Fuerzas Armadas han sufrido purgas y relevos, ideologización, y se le han concedido prebendas para asegurar la lealtad al régimen.

En aquellos momentos de abril del 2002, afloraron signos de inconsistencia y desunión, que debilitaron al ejecutivo de transición, el cual debía llenar un vacío de poder y conducir a Venezuela a elecciones parlamentarias y presidenciales limpias en brevísimo plazo.

Se pretendía relegitimar los poderes públicos e instituciones, muchas de las cuales ya en ese momento estaban deslegitimidadas mediante subterfugios en la transición entre una Constitución y otra.

No se puede negar que en esos momentos de abril afloraron tensiones y hubo falta de cohesión en el ámbito castrense y en parte de la sociedad civil.

Esto influyó en que la provisionalidad no lograra consolidarse, pese a las rectificaciones anunciadas al decreto de formación del gobierno de transición, y que no pudiera concretarse la plena relegitimación democrática, como se deseaba, contando con la OEA como garante del pleno restablecimiento del orden constitucional en el país.

La discrepancia más importante y costosa, presente en el seno de la institución castrense, fue la relativa a la salida de Chávez del país hacia Cuba, cuando ya se había anunciado la renuncia presidencial al cargo.

Fue un error capital no permitir la salida de Chávez al exterior como estuvo dispuesto, pensando en que debía ser juzgado y que el país no entendería su salida en forma impune.

El grupo militar que sostenía el diálogo con el presidente renunciante estaba dividido y esa falta de cohesión fue fatal, pues se precipitaron los hechos y Chávez anunció al país por medio de un fax que no había renunciado, sino que estaba retenido.

Se perdieron horas fundamentales en la consolidación de la unidad militar, hubo celos y aspiraciones, todo lo cual contribuyó a que los acontecimientos se precipitaran rápidamente con el desenlace que conocemos.

R.A.: Usted, incluso, habla en su libro sobre estos acontecimientos de una posibilidad de un autogolpe del mismo Chávez, ¿cree qué realmente existió tal posibilidad?

P.C.: Todo ello está todavía por aclararse, pues hay aún enigmas que tienen que dilucidarse sobre aquellas jornadas. Algunos analistas que manejan tal hipótesis, consideran que fue una coartada del gobierno para forzar acontecimientos que sucedieron después.

Por ejemplo, las actuaciones del general Lucas Rincón, vocero del anuncio al mundo de la renuncia de Chávez, fue una figura clave, y luego fue premiado por Chávez con altas responsabilidades.

Se celebraron además reuniones entre la cúpula militar renunciante y el general Raúl Baduel en la ciudad de Maracay. Ocurrieron hechos extraños como la desprotección del Palacio de Miraflores, sede del poder presidencial.

Estos elementos abonarían la tesis de un autogolpe, como también el hecho de que el propio Chávez haya declarado más tarde que la crisis de PDVSA, factor clave en los acontecimientos de abril, fue provocada por él mismo.

R.A.: Vayamos al presente, ¿cómo ve el futuro del país y la previsible evolución del régimen en estos momentos tan confusos?

P.C.: Ante las próximas elecciones parlamentarias de septiembre, la unidad de la oposición no sólo es un imperativo histórico, sino un clamor de la población, que desea que se abran opciones de cambio por vías democráticas.

Hay que reconocer que la unidad opositora es compleja porque hay fuerzas de los más diversos signos políticos, pero la responsabilidad ante el país es tan grande, que confío que la Mesa de la Unidad que hoy se empeña en lograr candidaturas únicas, alcance y logre ese objetivo con personas idóneas, con los mejores.

Además, espero que se avance en la elaboración de la propuesta alternativa de país que el país aspira, diferenciada del régimen imperante, pero con amplitud, espíritu reconciliador y énfasis en lo social y en el desarrollo nacional.

En el pasado, por no lograrse la unidad plena en las toldas opositoras, se perdieron espacios políticos en elecciones de alcaldes y gobernadores frente a la maquinaria oficialista. De manera, que la responsabilidad de los dirigentes políticos es hoy elevada, y resulta imprescindible avanzar en la misma.

Los partidos políticos son piezas fundamentales en los regímenes democráticos, pero los políticos profesionales tienen que demostrar al país que el interés nacional prevalece sobre los intereses personales o grupales, y que se pueden integrar a dirigentes independientes y jóvenes que luchan por la democracia y su futuro.

Se tarta de una decisiva coyuntura histórica, ante lo cual los dirigentes políticos deben colocarse a la altura de las exigencias.

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Según Carmona, las detenciones o intimidaciones a líderes políticos o juveniles en el país muestran un mayor talante represivo del régimen, el cual ataca duramente a la disidencia para sembrar el temor y silencio en la oposición.
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