Dios tarda, pero no olvida

Miles de lectores y lectoras escribieron para pedir justicia por los crímenes que formaron el caso del domingo pasado, titulado “Bajo el manto de la impunidad”. Esta es una respuesta efectiva.
ElHeraldo.hn

Honduras

17.10.2009 - CarmilLa Wyler - siemprecarmillawylerSPAMFILTER@yahoo.es

   Imprimir  Enviar

Quienes conocieron a Martha Beatriz coinciden en que era una mujer trabajadora, una madre amorosa y sacrificada y, sobre todo, resuelta, digna y emprendedora. Cuando murió, estaba a un paso de poner su propia fábrica de licor, un sueño de treinta años que empezaba a hacerse realidad, y el deseo de dejar a sus siete hijos un patrimonio que aseguraría su futuro para siempre. Esto, por supuesto, aceleró su muerte. La envidia le trajo enemigos y ella pagó con su vida su deseo de prosperar.

Muchas de sus amistades escribieron para lamentar su asesinato y para pedir justicia, deseando que el caso no quede en la impunidad y que los asesinos paguen con la cárcel su delito. Según la Dirección General de Investigación Criminal (DGIC), hay suficientes elementos para condenar a los criminales. Primero, dos testigos identificaron plenamente al asesino, un ganso salvaje de origen olanchano que se dedica al sicariato y que tiene un enorme historial en los archivos del la DGIC. Segundo, un tercer testigo a quien se le intentó sobornar para que "ayudara a desviar la atención sobre el autor intelectual del crimen" y, algo mejor, el testimonio de al menos dos personas a quienes se les propuso "el trabajo" de asesinar a doña Martha Beatriz.

Tercero, las pruebas de que se pagó una jugosa cantidad de dinero por la muerte y, cuarto, el hecho de que está identificado el cómplice que conducía la moto, con nombre, apodo y apellidos. Por desgracia, los operativos que hizo la Policía para capturar al asesino material fallaron por aquel absurdo legal de que no se puede allanar el domicilio de un sospechoso antes de las seis de la mañana ni se puede detener a un criminal antes de esa hora, sino es en caso de flagrancia. Pero la hora está cerca, la cacería de los asesinos está en marcha y los mejores hombres de la Policía les siguen los pasos, y decimos los mejores hombres, porque hay también algunos detectives de la DGIC que van detrás del dinero, que engañan, manipulan y extienden la mano para ganarse unos lempiras más "porque el sueldo miserable que les pagan en la institución no les ajusta para vivir"; aunque lo mejor de esto es que son pocos y están identificados.

Para quienes han escrito pidiendo justicia para doña Martha Beatriz, deben estar seguros de que la hora de la justicia está cerca y, como Dios tarda pero no olvida, los criminales caerán en manos de la Policía muy pronto. El autor intelectual ya siente pasos de animal grande y los detectives juran que no le darán cuartel hasta que lo tengan tras las rejas. "Este es un caso sencillo -dicen-; hay testigos que reconocieron al asesino, tenemos el nombre del que conducía la moto, sabemos quién quiso contratar sicarios para asesinar a la señora, sabemos cuánto pagó por el crimen y, lo mejor de todo, sabemos que estamos cerca de ellos y que pronto pagarán con cárcel su delito. Realmente es un caso sencillo para la DGIC. La Fiscalía los está esperando y en Támara hay un espacio para ellos, un espacio que ocuparán los próximos treinta años, como mínimo."

EL CRIMEN DE LA CAJA. Las mordidas en el cuerpo de Jessica eran la mejor evidencia que tenía la Policía para dar con el criminal. El patrón dental humano es casi como sus huellas digitales y el asesino dejó muchas marcas en la piel de la muchacha, pero el asesino es un hombre listo. Se enfermó de gingivitis, de escorbuto y de caries destructivas repentinas e incurables y sus dientes desaparecieron de la noche a la mañana; la bala que Medicina Forense sacó del cuerpo de Jessica era también una prueba que pesaría en la acusación criminal, pero desapareció como por arte de magia. Era una ojiva de 9 mm que tenía bien claras las marcas que dejan las estrías del cañón de la pistola, huellas también tan únicas como las huellas digitales o el patrón dental.

Por esas casualidades de la vida, la pistola que tenía asignada el sospechoso para su seguridad personal como alto funcionario público, se la robaron una tarde en que la dejó guardada, casi olvidada, en el asiento delantero de su carro en un centro comercial de San Pedro Sula.

Los detectives creían que al menos podían ubicar la pistola asesina y llevar al sospechoso a los tribunales; pero él es más listo. Sin embargo, como Dios tarda pero no olvida, y el brazo de la justicia es largo, hay algunos elementos que ya están poniendo a la DGIC en la pista del asesino. Hay quien asegura que sabe quién sacó del almacén de evidencias la ojiva que mató a Jessica, y que sabe también a quien se la entregó y por cuánto; hay otro testigo que dice que alguien lo llamó para amenazarlo de muerte si decía que vio cuando de un vehículo bajaban la caja de televisor con el cadáver de la muchacha, y que cree que puede reconocer al hombre que conducía. Hay una mujer que asegura que el asesino de Jessica le confesó que le había disparado para asustarla, porque se sintió herido y rebajado cuando le encontró semen fresco entre las piernas y ella terminó confesándole que lo engañaba; dice la mujer que el asesino cree que algún día lo van a capturar y que el haber perdido todos los dientes no le va a servir de nada.

Y, para finalizar, como si se tratara de una conspiración divina para cercar al criminal, un policía que fue dado de baja en San Pedro Sula por ciertos actos que nada tienen que ver con el lema de "Servir y proteger", al que debe ser fiel todo policía, dice que en un operativo de rutina en Chamelecón detuvo a un miembro de la mara Salvatrucha y que le decomisó una pistola de 9 mm que tenía el número de serie borrado con esmeril. Como solo su compañero y él sabían del decomiso y el marero se las arregló para escapar, se quedaron con el arma, pero antes averiguaron de quién era. Los números se podían leer todavía y llamaron al dueño, a quien conocían muy bien. Les dio diez mil lempiras y no volvieron a saber de la pistola.

Este ex policía está dispuesto a declarar, como testigo protegido, que el arma se la entregó a "ese man al que la DIC le echa el perno de la muerte de la chava de La Ceiba, aquella que hallaron en una caja de televisor. Ese man fue poderoso en otro tiempo". (Palabras textuales). Y, como broche de oro, existe un testigo que sabe en qué lugar dejó los dientes el sospechoso.

A quienes escribieron pidiendo justicia para Jessica, deben estar seguros de que el camino a la cárcel ya casi no tiene obstáculos para el asesino. Por desgracia, para el papá de la muchacha, que mató a balazos al taxista por creerlo el asesino de su hija, tampoco hay salvación. La DGIC cree saber dónde se esconde y, con la orden de captura en la mano, los detectives están listos para llevarlo a los tribunales. También debe pagar su crimen. A los dos el juez les tiene preparados al menos treinta años de cárcel, y es poco el tiempo que falta para que caigan en manos de la DGIC.

LA VENDEDORA. Tenía solo trece años cuando la estrangularon, ayudaba a su madre a vender tortillas para sostener a cinco hermanos más que crecían sin padre en medio de una pobreza casi absoluta. Era temprano en la mañana, debía estar en el mercado San Isidro con las tortillas antes de las siete, pero no llegó jamás. En el camino, un degenerado de diecinueve años le quitó la virginidad y la vida, luego le pasó las ruedas de su 4X4 del año por las piernas, por el pecho y por la cabeza, le tomó fotografías al cuerpo desnudo, con los huesos de las piernas quebrados saliendo por la piel sangrante, el pecho aplastado, los intestinos de fuera y los ojos brotados, también fotografió las tortillas regadas en la tierra y el pantalón desgarrado a cuchilladas.

Se jactó con sus amigos y hasta aseguró que las iba a colgar en Internet. Pero uno de ellos habló con sus padres y estos le contaron la historia a un oficial de la Policía Preventiva. Este, por supuesto, fue a quedar bien con el coronel, padre de la bestia asesina, y el poderoso señor sacó a su hijito del país. Después, varios hombres raros se hicieron asiduos visitantes de la calle donde vive el testigo y los padres han recibido llamadas amenazándolos a muerte. Pero como la mejor defensa es el ataque, el padre habló directamente con el poderoso coronel y los hombres raros no volvieron más por su calle. Se cree que el niño bonito de papá y mamá se esconde en Gran Caimán, pero hay quienes aseguran que lo vieron fumando marihuana con algunos amiguitos en su Range Rover, en el parqueo del restaurante donde fueron a ver el partido de fútbol entre Estados Unidos y Honduras el sábado pasado.

La familia de la muchacha quiere justicia y quienes escribieron deseando que la DGIC ponga al criminal tras las rejas, deben estar seguros que pronto el hijito violador y asesino estará en una celda especial de la Penitenciaría de Varones de Támara, donde lo espera un tío de la niña con una de esas lecciones del código rojo que se impone en las cárceles para este tipo de asesinos.

Y la DGIC tiene elementos suficientes para llevar a este degenerado a los tribunales, a pesar del poder del señor coronel. Como vemos, Dios tarda pero no olvida. De nada le servirá al gansito salvaje esconderse bajo las faldas de su mujer y su tía; de nada le servirá al que le pagó por matar a doña Martha asegurar que es un hombre peligroso, que tiene amigos y parientes policías y dinero para lo que sea; de nada le servirá al asesino de Jessica haber fabricado tan bien su coartada, porque no hay crimen perfecto, y, de nada le servirá al niñito de papi y mami escudarse bajo las estrellas de papá porque igual irá a la cárcel y pagará con treinta años de su vida sus deseos de niño bien.

Esta también es la justicia de Dios. Gracias a nuestros lectores y a quienes se interesaron tanto en el caso pasado, titulado "Bajo el manto de la impunidad". Este es una respuesta a sus preguntas y deseos de que se haga justicia.

opciones de texto  « AGRANDAR  ACHICAR » 

   Imprimir  Enviar

Normas de uso
Esta es la opinión de los internautas, no de ElHeraldo.hn
No está permitido verter comentarios contrarios a las leyes hondureñas o injuriantes.
Reservado el derecho a eliminar los comentarios que consideremos fuera de tema.
Una vez aceptado el comentario, se enviará un correo electronico confirmando su publicación.


Galería de Fotos

Miles de lectores y lectoras escribieron para pedir justicia por los crímenes que formaron el caso del domingo pasado, titulado “Bajo el manto de la impunidad”.
Miles de lectores y lectoras escribieron para pedir justicia por los crímenes que formaron el caso del domingo pasado, titulado “Bajo el manto de la impunidad”.

NOTAS RELACIONADAS

» 
MP indaga destrucción del cuartel Los Dragones
» 
Suspenden investigación en el Caribe
» 
Concacaf bajo la lupa
» 
FIFA abre investigación contra Joseph Blatter
» 
Honduras: Buscan controlar contrabando lácteo
» 
Cómo Bin Laden enviaba correos sin ser detectado por EE UU
» 
Científicos chilenos desarrollan primera vacuna contra el alcoholismo
» 
Reinician investigación sobre mortal epidemia
» 
EE UU abrió investigación en contra de WikiLeaks
» 
Israel aprueba investigación sobre redada a Gaza

Todos los títulos de esta sección

» 
Arquitectos verdes
» 
El mundo de la Amazonia peruana a través de sus ojos
» 
La aventura de leer
» 
“Doctor Joe”, un médico ejemplar
» 
Desde Chiapas al mercado de materias primas

   PUBLYNSA S.A. Todos los Derechos Reservados © 2012