Este relato narra un caso real. Se han cambiado los nombres y ocultado algunos datos
PAREJA. La repugnante empleada de la Sección de Denuncias de la Dirección Nacional de Investigación Criminal (DNIC) desplegó sus labios de serpiente en una mueca que se convirtió en una sonrisa servil; había reconocido al hombre que tenía enfrente y toda su soberbia se esfumó ante su sola presencia. Por supuesto, no era lo mismo tratar con aquel encumbrado caballero, influyente y casi aristocrático, que transpiraba dinero y poder a través de los poros de su traje Dolce y Gabbana y que endulzaba el ambiente con aquel perfume que ella jamás podría reconocer, que atender a Pedro Pérez, de la Campo Cielo, a Juan Pérez, de la Cantarero López o a Chencha Butuca, de cualquier parte, gente que, en su opinión, debería ser atendida por alguien igual que ellos, por aquello de que cada oveja con su pareja.
Su sonrisa servil no recibió respuesta. El hombre se veía cansado y ansioso, y su aspecto de príncipe heredero no respondía a su actitud nerviosa y desesperada. La mujer que lo acompañaba, vestida de riguroso negro, a pesar de su madura belleza, parecía al borde del abismo; las bolsas oscuras debajo de sus ojos y la tristeza que se veía en ellos, decían que estaba pasando por uno de los peores momentos de su vida. Se retorcía las manos de vez en cuando, manos largas, transparentes y con uñas delicadamente pintadas de ocre, mientras veía en todas direcciones como si no quisiera ver nada, mostrando miedo y vergüenza, pero más dolor y amargura.
La niña servil los hizo pasar a su cubículo, a pesar de que la sala estaba llena de gente que esperaba, y empezó la entrevista.
-Dígame, abogado, ¿en qué le puedo servir?
El abogado se movió incómodo en su asiento, miró a la empleada que le sonreía con los ojos, como si estuviera haciendo méritos para ganarse una recompensa, y luego miró a la mujer que se había sentado a su lado, y que se miraba las manos heladas y sudorosas.
LA ENTREVISTA. -Queremos denunciar una violación -dijo el abogado, haciendo un gran esfuerzo por aclarar la voz-. Hace tres noches, un hombre entró a nuestra casa, y bajo amenazas de muerte obligó a mi esposa a tener relaciones sexuales con él.
La mujer escribía a la velocidad de la luz.
-Esa noche habíamos discutido y dormíamos en habitaciones separadas; a eso de las dos de la madrugada, escuché ruidos de voces en el pasillo que da a la habitación en que dormía mi esposa, me levanté y alcancé a ver que ella bajaba las escaleras en bata de dormir, y que un hombre la llevaba abrazada.
El abogado tragó saliva, se mojó sus labios resecos y suspiró varias veces para calmar su ansiedad. Hizo una señal a su esposa, y esta continuó la declaración, tras largos segundos.
-No recuerdo bien la hora -dijo, con acento casi fúnebre, mientras dos lágrimas asomaban en el fondo de sus ojos claros y hermosos, a pesar de su tristeza-, trataba de dormir después de la discusión con mi esposo, cuando, entre dormida y despierta, sentí que alguien abría la puerta; sinceramente, creí que era mi marido, pero estaba cansada y molesta con él, por eso no reaccioné; lo hice hasta que sentí el filo helado de un cuchillo en mi garganta y el hedor insoportable a alcohol y a heces fecales que salía de la boca de aquel hombre que jamás había visto en mi vida. La luz de la calle entraba a la habitación y sentí miedo, un miedo terrible. En voz baja me dijo que me desnudara y que no se me ocurriera gritar porque me mataría. Después me violó…
Siguió un silencio pesado. La mujer lloraba. Al rato, continuó:
-Después, registró la cómoda, se llevó dinero en efectivo y algunas joyas; me dijo que lo acompañara, me pasó el brazo por los hombros y me puso el cuchillo en la garganta. Así bajamos las gradas al primer piso. En la puerta principal se apartó de mí y yo me tiré al suelo a llorar. No sabía qué hacer. Estaba muda, aterrorizada y me sentía sola y sucia.
EL ABOGADO. -Yo los vi bajar y creí que iban abrazados porque mi mujer me era infiel… Creí que ese era su amante y le ofrecí el divorcio. En realidad, tardé mucho para entender qué es lo que había pasado, y, dos días después, supe que varias casas más habían sido asaltadas y que un solo hombre entraba en ellas en la madrugada, que violaba a las mujeres, se robaba cosas pequeñas pero valiosas y salía sin que nadie lo viera. Lo peor es que nos había pasado a nosotros y estuvo a punto de llevarnos hasta el divorcio. Por desgracia, no podemos superarlo y venimos a poner la denuncia por consejo del psiquiatra que está atendiendo a mi esposa.
-¿Podría describir a su atacante, señora?
La mujer dudó un momento, ordenó los recuerdos en su cabeza, y empezó a hablar:
-Creo que sí -dijo, mostrando más confianza en la voz-; aunque no lo había visto nunca en mi vida, no podré olvidarlo jamás.
Se tomó un poco más de tiempo y, al final, agregó:
-Es un hombre bajo, delgado, pelo parado, con barba corta, como si se afeitara una vez a la semana; su voz es chillona y su aliento apesta a alcohol y a heces fecales. Es cara redonda, ojos pequeños, y narizón. Lo vi bien cuando bajábamos las gradas. Me parece un hombre pobre, quizás un campesino de la zona de Intibucá o Lempira, por los rasgos, aunque no soy buena fisonomista.
-Creo que eso servirá de mucho para hacer un retrato hablado. Voy a pasar la denuncia a la Sección que corresponde y, ojalá, tengamos respuestas pronto. ¿Tienen algo más que agregar a su declaración?
La mujer miró a su marido y este levantó los hombros. No había nada más que agregar.
PERFIL. La criminalística enseña que el Policía de Investigación Criminal es el primer enemigo del delincuente, por supuesto, se refiere al policía digno y responsable, que ama su trabajo, que ama la institución y que cumple con su deber y su compromiso de darle seguridad a la sociedad, aun a costa de su propio sacrificio. Y un equipo de policías de este tipo recibió la denuncia cinco minutos después de que las víctimas la firmaron. Una hora más tarde, estaban en la colonia, haciendo entrevistas, describiendo al sospechoso y tratando de elaborar un perfil psicológico del violador para armar una hipótesis que les sirviera de base en la investigación.
Esa misma tarde, en la sección de Denuncias, dos parejas más declararon que un hombre había entrado a sus casas, en la madrugada, y que, bajo amenazas a muerte, sometió a los hombres y violó a sus esposas. Al comparar las descripciones de las víctimas, los detectives concluyeron que se trataba del mismo criminal. Era hora de trabajar científicamente.
Empezaron por elaborar un perfil del violador.
Se trataba de un hombre pobre, descuidado, desorganizado, con un bajo nivel académico e intelectual, que vivía solo, que fue policía o militar y que quizás trabajó en la zona como guardia de seguridad, porque demostraba conocer las casas y sus sistemas de seguridad. Esto se deducía porque nadie dijo que escuchó ruidos sospechosos que delataran al delincuente en el momento en que forzaba su entrada a las casas. Además, era un hombre con una baja autoestima, que pasaba por un momento difícil, quizás con su pareja, lo que le sirvió como detonante para convertirse en violador en serie. Lo más seguro era que venía de un hogar violento, con una madre pasiva y un padre violento y represivo.
Era un tipo frustrado, de grandes ambiciones pero con escasas o nulas oportunidades de hacerlas realidad. Al violar a mujeres de cierto nivel social proyectaba su desprecio por su madre, pasiva, sometida y pobre, y humillaba al mismo tiempo a una clase a la que él no podría pertenecer jamás pero por la que se sentía utilizado al trabajar para ella como guardia para que cuidara cosas que él jamás podría poseer, aunque las ambicionara.
Aunque tenía algún tipo de preparación militar o policial, era miedoso, sabía intimidar a las personas amenazándolas a muerte en los momentos en que el sueño es más profundo y en el que el cerebro no puede reaccionar convenientemente. Esto les confirmaba a los detectives que era un hombre listo, pero inseguro, aunque osado y que se valía del alcohol para cometer sus crímenes.
Una de las víctimas dijo que lo obligó a meterse debajo de la cama, mientras él violaba a su esposa. Otra declaró que lo obligó a meterse debajo de una cuna, donde dormía su hijo de un año, que vio como violaba a su mujer pero que él los amenazaba con matarlos si hacían algo para defenderse. Luego se cambió de ropa, en la oscuridad, se llevó algunas joyas, dinero y unas cucharas, y salió por la puerta principal, amenazándolos con volver para matarlos si avisaban a la Policía.
Sin embargo, otra pareja dijo que después de la violación se dieron cuenta que él delincuente se aprovechó de su miedo, de la hora de la madrugada y de la oscuridad de la habitación para amenazarlos con una sombrilla que ellos creyeron que era una escopeta, y la que dejó el violador en la sala, después de obligar a la mujer a servirle de rehén para ganar libremente la salida.
Y otro más dijo sentirse doblemente humillado porque él, un militar preparado para el combate, hecho para el sacrificio y formado en la vieja escuela de las Américas, en las junglas de Panamá y en la Academia Militar de Taiwán, se dejó someter por un hombrecillo de al menos un metro setenta de estatura, flaco, borracho y apestoso que le enseñó en la cintura el tapón negro de un bote de Chimicol (tinta para teñir zapatos), que él y su esposa confundieron con la cacha de una pistola o revólver. Temerosos de ser asesinados y confundidos por el tapón del bote de Chimicol, se sometieron a la voluntad del criminal.
LA DNIC. Había un detalle más que agregar al perfil del violador en serie: operaba a pie y en solitario porque nadie declaró haber escuchado el motor de un carro después de que el delincuente salía de la casa, lo que hacía posible que este viviera muy cerca de la zona, seguramente en una de las colonias marginales de los alrededores, en una casucha de mala muerte, en medio de la suciedad y conocido por sus vecinos porque no salía de su casa temprano, como todo el mundo que trabaja. Era hora de poner en marcha un plan.
CACERÍA. A estas alturas, diez casos formaban ya el expediente del violador en serie de la colonia “X”. Aunque los detectives sabían que había muchos más, comprendían que las víctimas prefirieran quedarse calladas antes que soportar la humillación de hacer pública su desgracia. Pero con lo que tenían era suficiente y, estaban seguros, al violador le quedaban pocos días en libertad.
Una mañana, temprano, el equipo de detectives llegó a una de las colonias marginales que están cerca de la colonia “X”, y tocó la puerta de la casa del presidente del patronato. La entrevista duró poco tiempo. Aquel hombre no podía ayudarles. Entonces fueron a otra. Tampoco aquí tuvieron suerte. A eso de las cinco de la tarde, el presidente del patronato de la colonia “Z” les dijo que conocía a un hombre con aquellas características, aunque no podría asegurar que fuera el mismo. Pero, por si las moscas, les iba a enseñar dónde vivía.
Era una casucha casi abandonada, sucia, solitaria, sin luz y con un patio sucio que daba a un abismo. Tocaron a la puerta pero nadie les abrió. Una vecina dijo que el hombre que vivía en esa casa había salido temprano a buscar trabajo de guardia de seguridad y que casi siempre volvía “bien tarde”. La casa pasaba sola y abandonada desde que se separó de su mujer, y él pasaba triste y borracho la mayor parte del tiempo.
-¿De dónde lo buscan?
-De una agencia de seguridad… El solicitó trabajo en la empresa y queríamos confirmar los datos que nos dio… ¿Usted lo conoce bien?
-Bueno, bien, lo que se dice bien, no, aunque me parece un buen hombre…
El problema es que las malas mujeres arruinan a los buenos hombres… Mire yo, sola y con cuatro hijos y nadie me ayuda… ¡Qué no daría yo porque Juan se fijara en mí y no siguiera pensando en esa mujer que solo daño le hace! ¡Yo veía cuando ella se ponía a platicar con los amigos! Pero no puedo decir si tenía algo con ellos porque no soy chismosa… ni ando inventándole falsos a la gente, aunque no sean santos de mi devoción…
CASO. La mañana siguiente, poco después de las ocho de la mañana (en realidad, la sección de Denuncias debería abrir mucho más temprano), una pareja elegante y apesarada llegó a denunciar una violación. La descripción del delincuente era la misma de las anteriores.
Dijeron que eran las dos de la madrugada cuando un hombre que apestaba a alcohol, sucio y harapiento les apuntó a la cabeza con una escopeta, obligándolos a despertarse, luego le dijo al marido que se acurrucara en una esquina del cuarto y que no se moviera porque si lo hacía mataría a su esposa y a los niños que dormían en los otros cuartos; después de esto, violó a la mujer dos veces, una bella y adinerada abogada que, aterrorizada, se sometió a los caprichos del violador.
Sin embargo, el terror dio paso a su indignación al ver que la escopeta con que el violador los amenazó a muerte era la sombrilla pequeña que ella había dejado tirada en el sillón de la sala la noche anterior. Decidida a todo, fue a Medicina Forense, donde le tomaron muestras de semen y donde una fiscal amiga le tomó declaración.
Dijo que el violador se cambió de ropa en su casa y que la obligó a acompañarlo a la salida, como su rehén. Además, se robó un monedero con cinco mil lempiras, dos anillos con diamantes pequeños y unas llaves, y se llevó también un suéter de su hija con el logo de la Escuela Americana bordado en el lado izquierdo. El equipo salió de inmediato para la colonia Z. Antes de las nueve rodearon la casa sin hacerse notar. Cuando tocaron la puerta, un hombrecillo delgado, pelo hirsuto y sucio, cara larga, ojos hinchados y achinados, y narizón, les preguntó qué era lo que querían.
-Hablar con usted.
-¿De qué? Yo ni los conozco.
-Pero ya nos vamos a conocer… Queremos registrar su casa… Somos de la DNIC.
En ese momento, los restos de sueño y de alcohol que embrutecían su cerebro desaparecieron, abrió los ojos y quiso protestar.
Iba vestido con un pantalón dos tallas más grandes, una camisa a cuadros muy fina, y encima de esta, llevaba un suéter con el logo de la Escuela Americana en el pecho. Al registrarlo, le encontraron un monedero de mujer, con dinero adentro, unas llaves y dos anillos de oro.
No había nada más que hacer. La DNIC había capturado al violador en serie de la colonia “X”.
En las entrevistas, los detectives confirmaron paso a paso el perfil que elaboraron para seguirle los pasos. Es un reo modelo, aunque saldrá en libertad después del año 2035.
Violación
Tipo de relación sexual no consentida, mediante la cual se produce la profanación del cuerpo de la víctima (comúnmente mujer), lo que daña su integridad mental, moral y física con consecuencias graves y permanentes. En la antigüedad este delito se pagaba con la muerte, según el Código Hammurabi, la Ley de Manú, la Lex Julia y la ley entre los hebreos, por atentar directamente contra la dignidad humana, a pesar de que en esa época no se le daba a la mujer el valor que ha tenido siempre. Actualmente se castiga con penas de cárcel agravadas que de muy poco sirven para detener o corregir a los depredadores.
