La brecha que separa los sistemas judiciales y los códigos morales de Estados Unidos y Francia es tan grande como el mismo océano Atlántico, y se hizo bien patente con la detención en Nueva York del ahora exdirector del FMI: los franceses están escandalizados por el trato que recibe uno de sus hijos pródigos, Dominique Strauss-Kahn.
Algunos de los cargos que se le han hecho a Strauss-Kahn luego de que una camarera de un hotel lo acusó de agresión sexual no existen en Francia. Y si el caso fuese ventilado en Francia, el exlíder del FMI podría ser condenado a entre tres y cinco años de cárcel, muchos menos de lo que se le podría dar en Estados Unidos, según un experto en temas legales.
Strauss-Kahn tampoco hubiese estado sentado en una prisión, bajo vigilancia por si intenta suicidarse.
Las fotos del exfuncionario del FMI y candidato a la presidencia de Francia -esposado, sin afeitar, desaliñado, siendo llevado a un tribunal asediado por fotógrafos- dejaron sin aliento a los franceses.
La respuesta inicial fue un “eso jamás sucedería aquí” colectivo.
No en un país cuyas leyes impiden que incluso un delincuente menor sea fotografiado o filmado en una vista pública, como sucedió el lunes en una audiencia en Manhattan. No en un país que siempre protegió las aventuras sexuales de los poderosos.
Las leyes y los valores franceses son tan distintos a los estadounidenses, que es posible que Strauss-Kahn, sea culpable o inocente, no haya entendido bien lo que sucedía -la velocidad de todo, la importancia que se le da a la falta de que se lo acusa y la premisa igualitaria en que se basa el sistema jurídico estadounidense- hasta que fue a parar a la cárcel de Rikers Island.
AL ESTILO FRANCÉS. Varios expertos coinciden en que si el incidente hubiera sucedido en Francia, incluso de ser hallado culpable, Strauss-Kahn hubiera conservado su dignidad intacta.
En Francia, a diferencia de Estados Unidos, los procesos judiciales se llevan a cabo casi siempre a puertas cerradas y los fiscales están sujetos a presiones de los poderosos. Además, es un país donde por siglos las infidelidades han sido algo aceptado, incluso en la realeza.
Hay un código de silencio en relación con lo que sucede en un dormitorio que es bastante respetado aún hoy, aunque ya no es tan sólido como en el pasado y la gente exige a las figuras públicas que rindan cuenta de sus actos.
“Los franceses aceptan muchas más transgresiones morales de sus presidentes, de su clase política, de su elite. Hay algo... medio aristocrático” en la cultura moral y legal francesa, opinó Antoine Garapon, magistrado y autor del libro “Juicios en Estados Unidos y en Francia”.
“La cultura estadounidense es más democrática”, expresó a la AP. “El jefe del FMI es un ciudadano como cualquier otro”.
El cineasta Roman Polanski recibió mucha solidaridad en Francia cuando fue perseguido por la justicia estadounidense por irse del país sin resolver un proceso por mantener relaciones sexuales con una menor.
Igual que Polanski, Strauss-Kahn genera bastante solidaridad en Francia, no solo de sus correligionarios socialistas, que apostaban a él para arrebatarle la presidencia al conservador Nicolás Sarkozy en las próximas elecciones, sino también de amplios sectores que lo consideran una víctima que ha sido humillada por el sistema legal de Estados Unidos.
Imágenes HUMILLANTES.
Un fiscal, Daniel Alonso, se opuso a que se le concediera libertad bajo fianza arguyendo que podría irse del país, como hizo Polanski en 1977.
La jueza Melissa Jackson dijo que “no voy a juzgar a este individuo por lo que sucedió” con Polanski, pero al mismo tiempo opinó que una fianza de un millón de dólares podría no ser suficiente para impedir que Strauss-Kahn se vaya del país y lo mandó de vuelta a la cárcel.
La camarera que hizo la denuncia -una inmigrante africana de 32 años, de Guinea- no ha sido vista en público.
Los franceses creen que lo que está sucediendo con Strauss-Kahn es una farsa.
En Francia no hay cámaras en los tribunales ni se puede fotografiar a los acusados. Una ley del 2000 impide que la televisión filme a alguien esposado, para proteger su presunción de inocencia.
Dominique de Leusse, un abogado francés especializado en casos de difamación que colaborará en la defensa de Strauss-Kahn, le dijo a la AP que considera presentar una queja por las imágenes que se están transmitiendo en Francia.
“Tenemos muchas leyes que protegen la dignidad de una persona y la presunción de inocencia”, manifestó.
En las imágenes de su arresto, muchos franceses vieron un hombre quebrado, que está siendo entregado a sus enemigos en vivo por televisión.
El legislador socialista Jean-Christophe Cambadelis escribió en su blog que él y otros se sentían “muy entristecidos por las imágenes y las actitudes de las autoridades (estadounidenses), que le niegan toda dignidad. No subestimamos la gravedad de los actos de que se le acusa, pero eran imágenes humillantes que no ayudan a sacar a la luz la verdad”.
El arresto de Strauss-Kahn “es una especie de humillación nacional”, sostuvo el analista político Dominique Moisi, quien cenó con el exlíder del FMI en Washington hace tres semanas. “Es un hombre que encarnaba a Francia al máximo nivel del mundo financiero”.
“La gente sabía que era un mujeriego, pero no creo que estuviese preparada para una acusación de agresión sexual e intento de violación”, dijo Moisi a APTN.
Garapon, quien capacita jueces, dice que no cree que Strauss-Kahn hubiera sido detenido si el incidente ocurría en Francia.
“Creo que hubiera habido presiones”, declaró. “Hubiera habido un montón de llamadas telefónicas al ministerio del interior, al ministro de Justicia, al fiscal...”.
Añadió que lo que más sorprende a los franceses es “la dimensión brutal y espectacular de la justicia estadounidense”. Acotó que algunos de los cargos que se le imputan a Srauss-Kahn no existen en Francia.
El más grave de ellos conlleva 25 años de cárcel. En total, podría ser condenado a 70 años, en teoría.
En Francia, en cambio, Strauss-Kahn probablemente pasaría entre tres y cinco años en prisión de ser hallado culpable, según Garapon.
La ministra de Ecología Nathalie Kosciusko-Morizet, no obstante, declaró al diario Le Figaro que “hay que reiterar que las acusaciones son muy serias. En Francia tenemos una tendencia a tomarnos a la ligera estas cosas”.
