Contra toda lógica política, los ecuatorianos han dado una espaldarazo a la política de su presidente, Rafael Correa, votando masivamente en la consulta electoral que permitirá al máximo líder de la “revolución ciudadana” reformar la justicia de su país e introducir una política intervencionista en lo que respecta a los medios de comunicación.
La oposición democrática, que temía un resultado positivo en las variadas preguntas presentadas en la consulta, puede echarse a temblar y no es para menos; Rafael Correa ya ha anunciado que apretará las clavijas y que los que “conspiran” deben prepararse para lo peor.
La noticia viene a unirse a otras que han sido bien recibidas en Caracas y que fortalecen el bloque político que lidera el presidente venezolano Hugo Chávez: la reciente victoria del nacionalista Ollanta Humala en Perú en la primera vuelta; la casi segura reelección de Cristina Kirchner en las próximas elecciones presidenciales argentinas, toda vez que aparece bien situada en las encuestas y sin ningún competidor a la zaga; y la discutible reconciliación de la Colombia del presidente Juan Manuel Santos con la satrapía del socialismo del siglo XXI. Mejor escenario, imposible.
Pese a que el régimen venezolano se hunde presa de sus propias contradicciones, con una economía a la deriva y unos índices de inseguridad ciudadana casi afganos, el presidente Chávez no deja de cosechar éxitos en el plano exterior.
Si ya en los últimos años consiguió convencer a la mayor parte de Estados de la región de la necesidad de vertebrar y articular una alternativa institucional a la OEA sin Estados Unidos, como es el caso de Unasur, ahora se le vienen a unir estos recientes éxitos que, desde luego, no se pueden desdeñar.
Tampoco descartemos que finalmente el Mercosur acoja en su seno a la Venezuela de Chávez, tal como aspira desde hace años.
Incluso Honduras, que consiguió librarse de la plaga chavista tras la intervención institucional que puso fuera del juego político al presidente-bufón Manuel Zelaya, ahora parece dispuesta a negociar con Caracas y el ambiguo presidente de este país, Porfirio Lobo, ya ha anunciado que está dispuesto a reunirse con Chávez para buscar una salida política a la inacabada crisis que vive este país desde hace casi dos años.
No descartemos, incluso, que Zelaya regrese a Honduras en loor de multitudes y que el chavismo vuelva a competir de la mano de la inefable y ex canciller Patricia Rodas -la ideóloga del régimen zelayista- en próximas contiendas electorales.
FRACASA EL “BLOQUE DEL PACÍFICO”, SE CONSOLIDA LA ALBA.
Además, en estas circunstancias, la perspectiva de un Ejecutivo en Lima de corte nacionalista de la mano de Ollanta Humala despeja la posibilidad de la creación de lo que se conocía como el “bloque del Pacífico”, una alianza auspiciada por los países de centro y derecha de la región, tales como Chile, Colombia, Panamá, México y el mismo Perú.
Ahora este proyecto, que alguna vez bocetaron los presidentes Alan García, Sebastián Piñera y Juan Manuel Santos, máximos representantes de Perú, Chile y Colombia, respectivamente, hace aguas y de confirmarse el cambio peruano aparecerá como la iniciativa fracasada más breve de la historia continental.
Mientras todo estos acontecimientos se suceden en América Latina, bajo el telón de fondo de las revueltas árabes y las próximas elecciones estadounidenses, Chávez se prepara para las elecciones del 2012 aprovechando todos los recursos del Estado para asegurarse una victoria en las urnas.
Créditos blandos para todo tipo de compras, programas para otorgar viviendas a los más desfavorecidos y una campaña de propaganda en los medios absolutamente ventajista y desproporcionada en un país donde la oposición es inexistente para el aparato mediático que utiliza el caudillo “bolivariano” a su antojo.
Chávez, además, ya anunció durante los bombardeos efectuados por el máximo líder libio Muamar al Gadafi contra su propia población civil que el dictador estaba haciendo “lo que tenía que hacer”, como anticipo de que luchará por todos los medios, incluido el fraude electoral y la violencia, para continuar en el poder, al menos, “hasta el 2020”.
La oposición venezolana lo tiene realmente difícil, aparte de no contar con una opinión pública internacional que se muestre a su favor, y tendrá que desarrollar la próxima campaña electoral en unas condiciones de absoluta desventaja y manipulación informativa por parte de unos medios de comunicación descaradamente chavistas.
Resumiendo, se puede afirmar que el régimen del presidente Chávez vive uno de sus mejores momentos, tanto en el plano interior como en el exterior, y que la mayor parte de sus aliados, casi todos incluidos en la Alternativa Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (Alba), goza de una buena salud política, incluida la siempre abatida y paupérrima Nicaragua.
La reciente victoria de Correa en Ecuador ha sido un aldabonazo más en esta dirección y contradice a aquellos que anunciaban (prematuramente) el final del bloque político conformado por Chávez a golpe de talonario y petrodólares generosamente regados por todo el continente.
