Falta de papeles afecta vida amorosa de estudiantes indocumentados

Conseguir una educación y un buen trabajo son su prioridad, pero también aspiran a tener una vida social normal
ElHeraldo.hn

Estados Unidos

21.01.2011 - AP - siempreSPAMFILTER@elheraldo.hn

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Laura Enríquez quería que su novio conociese Alaska, de modo que cuando visitó los glaciares tomó fotos de una foto del novio, con un fondo de nieve blanca.

Ocurre que el novio vino a Estados Unidos con sus padres cuando era niño y no tiene papeles, por lo que no puede correr el riesgo de hacer un viaje como ese.

En los dos últimos años la pareja afrontó varias situaciones en las que hubo que tomar medidas especiales por la condición de indocumentado del novio.

Por ejemplo, ella conduce y con frecuencia paga porque, por más que tenga un título universitario, al novio le cuesta conseguir trabajo al no tener papeles.

La condición de indocumentado afecta no solo las posibilidades laborales y de labrarse un futuro, sino también las relaciones entre la gente, incluidas las románticas.

En las universidades, los indocumentados enfrentan numerosas barreras sociales toda vez que se pide una identificación con foto, como una licencia de conducir: no pueden participar en salidas que impliquen viajes por carreteras (por temor a ser detenidos por la policía), ni ir a bares ni volar en avión.

Ello dificulta las relaciones amistosas y también las posibilidades románticas.

Nancy Guarneros, estudiante de posgrado de 23 años, recuerda lo emocionada que estaba cuando su novio le anunció una salida especial, hasta el joven le dijo que irían a cierto club nocturno. Ella entró en estado de pánico.

“¿Cómo se te ocurre llevarme a un sitio donde pedirán una identificación?”, pensó la muchacha, según relató en un reciente encuentro de estudiantes en Los Ángeles para hablar de los problemas que enfrentan los indocumentados en las relaciones amorosas.

No está claro cuántas parejas jóvenes encaran situaciones similares. Los investigadores dicen que es difícil determinarlo, pero que la cifra seguramente aumentó ahora que los hijos de los indocumentados llegados en la década de 1990 andan por los 20 años.

La década del 90 fue la que recibió más indocumentados, unos 4.5 millones, según un estudio del Centro Hispano Pew. Los que vinieron siendo niños son hoy adolescentes o veinteañeros y les resulta más difícil regularizar su situación casándose, al endurecerse las leyes de inmigración.

Los investigadores creen que en las universidades es donde más casos hay en los que un indocumentado tiene una relación romántica con una persona con papeles, ya sea ciudadana o residente legal, pues allí se fomenta un ambiente de diversidad y abundan los indocumentados asimilados a la cultura estadounidense.

Hay muchos jóvenes veinteañeros que vinieron al país de niños, hablan perfecto inglés y están totalmente insertados.

Muchos crecen sin siquiera saber que son indocumentados. Se enteran al cumplir los 16 años, cuando quieren sacar una licencia de conducir y descubren que no pueden hacerlo por no tener papeles.

“Viven como estadounidenses. Ven Barney y los Power Rangers. Van a las fiestas de graduación de la secundaria. Hacen todo lo que hacen los chicos estadounidenses”, expresó Roberto Gonzales, profesor de sociología de la Universidad de Washington.

“Cuando llegan a los 16, 17, 18 años chocan con la realidad y descubren que no pueden manejarse como gente común”, dijo Gonzales.

El año pasado muchos de esos estudiantes participaron en manifestaciones a favor del Dream Act, una legislación que le hubiese permitido regularizar su situación inmigratoria a cientos de miles de personas menores de 30 años que fueron traídas al país antes de cumplir los 16 años, vivieron aquí por al menos cinco años y completaron la secundaria, obtuvieron un título equivalente al de la secundaria, se enrolaron en las fuerzas armadas o asisten a la universidad.

La legislación, que fue descartada en el Senado, era vista como un primer paso hacia la legalización de entre 10 y 12 millones de indocumentados.

Asuntos como las amistades y los romances pueden parecer triviales, pero no para los adolescentes y estudiantes universitarios que luchan por insertarse en la sociedad.

Los jóvenes que descubren que son indocumentados a menudo se enfurecen o sufren depresiones. De repente, se enteran de que su país no es realmente suyo y de que no pueden encontrar trabajo, según Carola Suárez Orozco, profesora de psicología aplicada y codirectora de Estudios de Inmigración en la Universidad de Nueva York.

Conseguir una educación y un buen trabajo son su prioridad, pero también aspiran a tener una vida social normal.

Para un hombre, iniciar noviazgos no resulta fácil si no puede manejar o no tiene dinero para una salida en vista de que no consigue trabajo.

A menudo, los indocumentados no son bien vistos por las familias de sus novios o novias, que piensan que lo único que buscan es regularizar su situación.
“Es una situación muy incómoda”, manifestó Erick Huerta, estudiante universitario de 26 años de Los Ángeles.

“En mi última relación, mi ex me contó que la madre le dijo: ‘Mija, ten cuidado porque esa gente lo único que quiere es sacar los papeles”, relató Huerta en la reunión de estudiantes.

Quienes salen con indocumentados tienen que sobrellevar la carga que representa el saber que en cualquier momento sus parejas pueden ser deportadas. Y terminan buscando excusas para evitar que la pareja se encuentre con amigos en un bar o programe un viaje.

Ambos están consumidos por la culpa: los ciudadanos, porque se sienten privilegiados, los indocumentados por la carga que llevan.

La carga aumenta cuando terminan la universidad y deben enfrentar el mundo real.

El casamiento con un ciudadano o ciudadana era visto como una solución al problema de los papeles. Pero en la actualidad muchos indocumentados deben regresar a sus países de origen y permanecer allí diez años antes de recibir permiso para regresar, a menos que consigan alguna exención.

Enríquez dice que su novio le hizo una promesa: no se casarán hasta que no consiga la residencia, así ella puede estar segura de que lo hace por amor.

Eso le sienta bien a Enríquez, quien no tiene ningún afán por ir al altar. Pero le gustaría poder viajar con su novio, igual que las demás parejas.

Por ahora, deberá contentarse con mostrarle al novio las fotos de sus viajes, incluida la que tomó con la foto del muchacho en los glaciares de Alaska. Algún día, espera, él podrá ir allí también.

El Dream act de Florida

Miami. Un representante de Florida propondrá en la legislatura estatal un proyecto de ley que permite a los estudiantes indocumentados pagar la matrícula universitaria con los beneficios normales de los residentes del estado.

El representante demócrata de raza negra de Miami-Dade, Dwight Bullard, hizo el anuncio y calificó su propuesta como la iniciativa Dream Act de Florida.

El Dream Act, que fue bloqueada en el Congreso federal el mes pasado, contempla dar estatus legal a cientos de miles de estudiantes indocumentados y militares.

Pero el proyecto de Bullard para Florida es diferente, pues aunque no cambia el estatus de los estudiantes indocumentados que fueron traídos por sus padres cuando eran niños, sí contempla permitir que algunos paguen la misma tarifa que los residentes en universidades públicas.

La exención se aplicaría a los alumnos indocumentados que asistieron a secundarias de Florida por lo menos tres años, se graduaron en el estado y se inscriban en una institución pública de estudios superiores. También tendrán que presentar una declaración jurada ante la institución en la que manifiestan su intención de legalizar su situación migratoria cuando cumplan los requisitos.

Aunque el proyecto significaría menos dinero para las universidades al pagar esos estudiantes menos por la matrícula, Bullard sostiene que atraería a más estudiantes y generaría más dinero para las universidades.

El proyecto no es nuevo, pues una iniciativa similar fue presentada en el pasado por el representante de origen colombiano Juan Carlos Zapato, pero fue rechazada.

Analistas estiman que con un Congreso estatal dominado por republicanos es difícil que pase la iniciativa de Bullard, al margen de que el gobernador republicano Rick Scott hizo campaña con la promesa de implementar en Florida una ley de inmigración estilo Arizona.

Reforma migratoria

En los últimos años, algunos gobiernos estatales de Estados Unidos han aprobado leyes para contener la inmigración ilegal. Para este año se esperan leyes similares a la aprobada recientemente en Arizona, donde la policía tiene la facultad de preguntar sobre la situación migratoria de una persona si tiene razones para sospechar que está en el país de manera ilegal.

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Laura Enríquez, estudiante de posgrado de UCLA, y su novio Miguel posan de espaldas en el campus de la universidad. No quieren mostrar sus rostros porque Miguel es indocumentado.
Laura Enríquez, estudiante de posgrado de UCLA, y su novio Miguel posan de espaldas en el campus de la universidad. No quieren mostrar sus rostros porque Miguel es indocumentado.

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