Olmecas, un misterio sin descifrar

No sabemos cómo los olmecas se llamaban a sí mismos, qué lengua hablaban, ni de dónde llegaron. Pero esto no impide considerarles una de las culturas más sorprendentes de Mesoamérica.
ElHeraldo.hn

Honduras

23.01.2010 - Nueva Acrópolis - infoSPAMFILTER@acropolishonduras.org

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Imagínese a usted mismo… corre el año 1967 y acompañamos al arqueólogo Mathew Stirling en una emocionante expedición arqueológica por las selvas del Golfo Mexicano. El clima es húmedo y hace calor, vamos equipados con todo lo necesario para este trabajo científico, nuestra indumentaria es la de unos verdaderos “Indiana Jones”.

Sabemos lo que buscamos, otros arqueólogos aventureros nos han antecedido y han escrito escuetamente sobre hallazgos maravillosos y los campesinos del lugar cuentan leyendas misteriosas de los “gigantes” con aspecto extraño que ocuparon aquel lugar… de pronto, en medio de esa selva implacable que devora toda obra humana, sin importar su tamaño, nos deja ver algo espectacular.

Buscábamos piezas de cerámica, y en lugar de ello estamos frente a una monumental “cabeza olmeca”, tres metros de alto, más de dos metros de diámetro, un monolito que nos deja sin aliento.

Con la respiración cortada levanto la mirada y guardando todos un respetuoso silencio, puedo apreciar no una, sino varias cabezas enormes ocupando aquel espacio inhóspito... la voz de uno de los humildes campesinos que nos guían corta nuestro silencio, diciendo pausadamente y con total orgullo, “les dije que eran gigantes”…

En verdad, no sabemos cómo los olmecas se llamaban a sí mismos, qué lengua hablaban, ni de dónde llegaron. Pero esto no impide considerarles una de las culturas más sorprendentes de Mesoamérica.

SU HALLAZGO. Fue Hermann Beyer quien en 1927 consagró el término en un trabajo publicado ese mismo año, cuando al identificar una fotografía escribió: “Ídolo olmeca de piedra verdosa”.

George Vaillant fue el primero en establecer en 1932 la existencia de un complejo olmeca, caracterizado por la representación de felinos o de hombres-felinos. Se basó en la observación de un espléndido jaguar de jade proveniente de Mecaxa. No obstante, fue Mathew Stirling quien descubrió el sitio de La Venta como el verdadero hogar de la civilización olmeca.

El término olmeca significa etimológicamente “habitante del país del caucho” (olli= goma; mecatl= estirpe). Los aztecas a comienzos del siglo XVI designaban a estos habitantes de la costa del golfo, uixtotin, “las gentes del país del hule”, “los que viven al norte del agua salada”. Los consideraban muy civilizados y hábiles en cuestiones de arte.

Evidentemente, nada permite afirmar que los escasos pobladores de esta región descienden de aquellos que dejaron sus vestigios en los sitios renombrados de La Venta o de San Lorenzo.

Se presume que los olmecas tuvieron su mayor auge en el período Preclásico Medio, entre los años 1200 al 600 a. de C., aunque presenta evidentes raíces de épocas anteriores.

Fueron los primeros en construir vastos centros ceremoniales, en esculpir bajorrelieves y estatuas en alto relieve, en asociar monolitos horizontales o “altares” con estelas, en cincelar piedras duras. Inventaron símbolos que permanecieron en uso hasta la conquista española, más de dos mil años después, y probablemente una escritura y calendario perfeccionado.

La difusión de los aspectos característicos de este pueblo fue tan amplia en toda Mesoamérica, que se han encontrado vestigios dispersos por toda la región. En Costa Rica tenemos las estructuras menos elaboradas, las famosas esferas de piedra, adjudicadas al pueblo olmeca.

En El Salvador tenemos, en la zona alta cafetalera, los llamados “gordinflones” de Santa Leticia, y en el pueblo de La Democracia, en Guatemala, se muestran orgullosamente los gigantes monolitos con forma humana en la plaza central del pueblito.

Sin embargo, en ninguno de los yacimientos arqueológicos fuera de la zona costera aparecen conjuntados todos los factores de la cultura olmeca, lo que induce a pensar que la presencia de los rasgos olmecas en otras regiones de Mesoamérica fue debido a la influencia que ejercieron por motivos comerciales más que por factores de expansión o conquista militar.

ARTE OLMECA. Los olmecas desarrollaron fundamentalmente piezas escultóricas monumentales en piedra, como las famosas cabezas de basalto.

Las figurillas denominadas “cara de niño” o “mujer bonita” destacan por sus regulares y bellos rasgos, realizados en barro anaranjado, de estructura hueca y a veces de grandes proporciones.

Son también notables las tallas en piedras semipreciosas de pequeñas esculturas, hachas y adornos personales, así como las vasijas y figurillas en cerámica de cuerpo entero, caras o máscaras.

Las cabezas alargadas, producto de la deformación craneal, y los labios en estilo felino con las comisuras hacia abajo, son las típicas del estilo artístico olmeca.

La deidad en forma de jaguar representada en estatuas, estelas y hachas antropomorfas de rasgos felinos, tiene la característica de tener ojos huecos y boca desdentada con las comisuras caídas.

CULTURA, POLITICA Y RELIGION. La existencia de grandes centros olmecas como: La Venta, Tres Zapotes y San Lorenzo, en el Golfo de México, evocan la imagen de un imperio olmeca. Aunque sin alcanzar el nivel de urbanización de Teotihuacán y Tenochtitlán, los sitios olmecas no se reducen a un centro ceremonial, sino a todo un complejo donde interactuaba lo comercial, lo sagrado-ritual y lo político.

¿Quién ejercía el poder? Sin duda se trataba de sacerdotes -magos, intermediarios entre el mundo humano y el mundo divino-. Esta cultura contrario al estado azteca o tolteca, no tuvo carácter militarista. En su arte no aparecen armas u objetos bélicos. Así, la imagen que ofrecen los olmecas de sí mismos no es guerrera.

En todas sus expresiones culturales, la religiosidad es lo que predomina. Regidos por un sistema piramidal, en la cúspide estarían los gobernantes sacerdotes, que además eran hábiles en la lectura de los astros, la arquitectura, el urbanismo y con una devoción especial al “bebé jaguar”; al lado de este clero estarían los comerciantes y la pequeña casta de guerreros y más en la periferia, el pueblo con sus dedicaciones diversas.

Más cultural y religioso que militar, más comercial que administrativo, una civilización más que una cultura, así eran nuestros ancestros olmecas, importantes por ser los que la historia califica en muchas cosas como “los primeros”, ejemplo de un verdadero impulso de pensamiento y de acción que aun nos asombra y sobrecoge por su grandiosidad.

Con esta serie de artículos dedicados al “enigma precolombino” les invitamos a empaparse de los valores y la sabiduría de las grandes culturas e imperios que poblaron esta tierra americana. Les invitamos al asombro de las grandezas de nuestro continente y rescatar las verdaderas raíces de América.

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La primera cabeza olmeca hallada es San Lorenzo, Tenochtitlan, en el municipio de Texistepec, se estima que data del período 1200-900 a. de C. Su altura es de 2.9 metros y tiene 2.1 metros de ancho.
La primera cabeza olmeca hallada es San Lorenzo, Tenochtitlan, en el municipio de Texistepec, se estima que data del período 1200-900 a. de C. Su altura es de 2.9 metros y tiene 2.1 metros de ancho.

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