En una agrura se ha convertido Manuel Zelaya Rosales para Porfirio Lobo Sosa, pero ambos son una náusea incontrolable en los hondureños, que aún no ven cuándo habrá una salida a la crisis social, económica y política que se extiende como espiral en el país. La gente ya está fastidiada de tantos desmanes y estupideces que se han venido cometiendo desde un tiempo acá, y no contribuyen en nada a la gobernanza, la unidad de los hondureños, mucho menos a solucionar los múltiples problemas estructurales de la nación.
Esa náusea la sienten muchos cuando ven y escuchan a quien junto con otros y otras mandó al carajo a las instituciones por sus ambiciones personales, a quien dice no reconocer un nuevo gobierno por ser parte de un proceso espurio, pero bien que acepta una curul en el Parlamento Centroamericano y a la vez tiene muy bien enchambados a sus amigos en la que él califica como una administración ilegítima. Esa misma pesadez en el estómago la sienten muchos también cuando ven o escuchan a quien en vez de gobernar y tratar de hacer algo por la nación se la pasa improvisando y no para de sonreír sin gracia como si en el país todos tienen qué comer, salud, educación y seguridad, pareciera que hasta la misma miseria de la gente le resultase cómica. Ese feo malestar, que ni la milagrosa Alka-Seltzer cura, se repite una y otra vez cuando ven y escuchan a quien quería ser presidente en un desmadre de país y ahora no sabe qué hacer: si ignorar a el que originó el desmadre, si hace un cogobierno con él, esperar y ver si lo dejan terminar o, ni modo, esperarse a que pasen rápido los cuatro años para luego irse a sembrar sus tierras.
Ambos son una náusea incontrolable en los hondureños. Uno y otro son casi idénticos, no supieron medir la bronca en que se metían y metieron a todo un país. Tienen muy malos asesores y, por tanto, son pésimas sus estrategias. Siguen jugando al gato y al ratón, pues les resulta fácil y barato ese tipo de show con el cual supuestamente pretenden que el pueblo se olvide de todo y así uno y otro salir ganando.
¡Ah, politiqueros!, no pueden ver lo que están creando y lo que han venido cosechado en estos últimos años y meses con sus andadas. Son tan miopes, su fatal visión u omisión parece que todavía no les permite observar los síntomas de la convulsión social que han provocado.
Ellos siguen adelante, agregándole más elementos e ingredientes al caldo que en un determinado momento hará explotar la olla de presión.
Y es que los gobiernos de Zelaya Rosales (2006- junio 2009), y de Lobo Sosa (ocho meses ya desde enero a septiembre de 2010) no resolvieron ningún problema, por el contrario, es cuando más se ha complicado el panorama del país debido a la prolongada crisis política y los altos niveles de violencia, anarquía e ingobernabilidad.
Peligroso y no vaya a ser que las frágiles estructuras del andamiaje democrático que ellos mismos se han encargado de debilitar y donde hoy muy apenas reposa el país, sean enviadas también al carajo de una sola vez por una convulsión social anárquica generalizada, que no pueda contenerse con bombas lacrimógenas, toletazos ni balas de goma o de plomo de las fuerzas del orden público. Peligroso y no vaya a ser que poco a poco se vayan quedando sin gobierno y sin gobernados. Peligroso y no vaya a ser que por sus ambiciones personales terminen matándose. Peligroso y no vaya a ser que la novela surrealista “Ensayo sobre la lucidez”, escrita por el magistral Saramago, se esté convirtiendo o vaya convirtiéndose poco a poco en una realidad a medias para Honduras. Peligroso y la historia de 1956, 1963 y 2009 se vuelva una constante y tengan que estar lidiando con una tras otra asonada a las 3:00 ó 4:00 de la mañana en las puertas de casa de gobierno. Total, como están y pintan las cosas en el país, aquí todo lo previsible pueda resultar imposible y lo imprevisible es casi un hecho.
El país está patas arriba, la gente desesperada y no se ve una salida. Así es como muchos cada día mejor optan por irse aun cuando la muerte pueda encontrarlos en el camino al norte. Esa acción pareciera un tanto irracional, pero en el fondo puede tener sentido, y es que ante el abandono, la exclusión y la desesperanza, resulta menos doloroso irse en busca del mal llamado “sueño americano” o ir al encuentro de la muerte que estarla esperando a que llegue lentamente aquí en la miseria.
Miles se cansaron de esperar y están fastidiados de la indiferencia de los políticos de uno y otro bando, igual que de sus compinches, pues ni unos ni otros han cambiado la situación del país, que cada vez sigue igual o peor. La gente ya está molesta de tantos desmanes y tonterías que se están cometiendo y que cada vez nos hunden más en el subdesarrollo, ubicándonos con cifras espeluznantes entre los países más antidemocráticos, violentos, inseguros y atrasados. Esa misma náusea que hoy tiene a la gente al borde del retrete es la que tarde o temprano tendrá que pagar la factura con un descontento generalizado o bien con un elevado abstencionismo que no deja de ser peligroso, pues es síntoma del descrédito que tienen los políticos entre la población, pero no solo eso, lo gravísimo es que ese descontento en algún momento pueda generar y llevar a la gente a un escepticismo total y a la falta de credibilidad en la democracia como forma de gobierno.
Quizá los únicos un poco entretenidos con estos rancheros incultos metidos en la política seamos algunos investigadores de las ciencias políticas y sociales, ya que desde hace mucho tiempo era difícil encontrar especímenes tan depredadores con una capacidad asombrosa de retorcer los andamiajes de la democracia de un solo plumazo. ¡Vaya pues, habrase visto antes esa particular forma de trastocar el sistema democrático de una nación!