A pocos metros del presidencial Palacio de La Moneda, uno de los miles de perros vagabundos de Santiago aguarda con paciencia los 60 segundos que tarda en cambiar un semáforo de rojo a verde y cruza sólo cuando las personas también lo hacen.
Es un fenómeno que no llama la atención de los lugareños, acostumbrados a la proliferación de perros que andan en grandes grupos por las calles de la capital chilena, pero que asombra a los extranjeros.
"Es como si su instinto de supervivencia les hubiese enseñado que ese era el modo de cruzar sin morir atropellado por un auto", reflexiona Pablo Arroyo, un puertorriqueño de paso por la ciudad.
Los callejeros son parte del paisaje de Santiago, especialmente en el centro. Son perros sin raza, de talla mediana, en general pacÃficos, que aparecen en las marchas de protesta, se hacen presentes en los actos y en los desfiles, y hacen tropezar a funcionarios en actividades oficiales.
Hace unos meses uno de ellos protagonizó una conmovedora escena, al rescatar a otro can que acababa de ser atropellado en una autopista de Santiago y permanecÃa en medio de la ruta. La acción quedó registrada en una cámara de seguridad que registró la imagen del perro salvador utilizando el hocico y las patas delanteras para arrastrar al otro can hasta el borde de la calzada, sorteando los autos que transitaban raudos.
SIN HOGAR. "Hay cuatro tipos de perros: el supervisado, que pasea con su dueño; el callejero (un 70% del total, el más común) tiene casa pero anda libre por la calle; el vagabundo y el perro de vecindario, que es cuidado por un conserje o la buena voluntad de los ciudadanos", explica a la AFP.
A largo plazo los perros no pueden mantenerse en situación de vagabundos, es decir, sin un cuidado humano. "El verdadero vagabundo o encuentra un hogar o muere", sentencia. ¿Cuál es la razón de que en Santiago proliferen los vagabundos? Pamela Alfaro, directora ejecutiva de la Red Informativa del Movimiento Animal, sostiene que "algunas personas compran cachorros sin pensar en espacios y recursos, se entusiasman pero después se dan cuenta de que el animal come, ensucia, requiere atención y un presupuesto" y, como consecuencia, terminan abandonándolo.
A la falta de una perrera municipal se suma una polÃtica de no exterminio de canes callejeros y una tardÃa campaña de esterilización.
