Los girasoles reemplazaron a los aviones y el olor de los coles al de queroseno, convirtiendo en uno de los mayores jardines urbanos de Europa el aeropuerto Tempelhof, construido durante el Tercer Reich y utilizado luego para el puente aéreo contra el bloqueo soviético (1948-49).
La iniciativa “Allmende Kontor” lanzada por una decena de pioneros en abril, cuyo nombre evoca una modalidad de jardinería comunitaria que remonta a la Edad Media, reúne ahora a unos 300 jardineros que cultivan frutas, legumbres y flores en el predio del famoso aeropuerto clausurado desde hace tres años.
Pimientos, brotes de castaños y otras maravillas verdes emergen hoy de la tierra en el mismo lugar donde los aliados transportaron los víveres esenciales para la supervivencia de Berlín Oeste durante el bloqueo de la ciudad por los soviéticos, hechos que marcaron el inicio de la guerra fría.
El jardín forma una banda circular de 5,000 metros cuadrados en torno a los edificios en semicírculo de la terminal aérea, construida bajo el nazismo y considerada “la madre de todos los aeropuertos” por el famoso arquitecto británico Norman Foster.
El proyecto ambiental “Allmende Kontor” tiene además la vocación de reflejar la diversidad cultural del barrio con gente de todas las edades y orígenes, explica Gerda Münnich, una de las impulsoras de la iniciativa.
Soroush Hosseini, profesor de 60 años llegado de Irán en 1977, cultiva aguacates (paltas), lavanda y hierbas aromáticas.
Descubrió el jardín “durante un paseo”, dice.
“En mi balcón no había suficiente sol para mis plantas. Ahora tienen espacio y yo puedo ver el horizonte”, explica sonriendo.
“Pero lo mejor aquí es la gente. Son mucho más importantes para mí que mi propia parcela. Uno aquí se hace amigos, se puede sentar y hablar del mundo y de la política”.
Por el momento, a falta de un verdadero proyecto, el aeropuerto es un gigantesco lugar de esparcimiento para los berlineses que lo disfrutan recorriendo en bicicleta o monopatín lo que antes eran pistas de aterrizaje.
Alternativa
Renacer. La iniciativa de Tempelhof no es un hecho aislado y se suma a movimientos similares en otras grandes ciudades, especialmente en los barrios más pobres donde la jardinería aparece como recurso contra la crisis.
