Los obispos de la Iglesia Católica constituidos como Conferencia Episcopal de Honduras (CEH), nos hemos reunido para celebrar la primera Asamblea ordinaria correspondiente al año 2011, durante los días 7 al 10 de febrero. Con la alegría de haber podido contar ya con la presencia de Monseñor José Bonello, recién nombrado por el Papa Benedicto XVI como Obispo Coadjutor de la Diócesis de Juticalpa.
Nos dirigimos, como pastores del Pueblo de Dios, a los sacerdotes, diáconos, religiosas y religiosos, misioneras y misioneros, a los agentes de pastoral y a todos los fieles en general que viven en comunidades y movimientos el don maravilloso de la fe.
No dejamos de ver con optimismo el que en Honduras se haya avanzado, aunque lentamente, hacia una reconciliación. Que crece el deseo de buscar la verdad que nos irá liberando de posturas intransigentes. Que se anuncian proyectos que pueden ayudar a despegar hacia el desarrollo que urgentemente necesitamos.
Pero queremos compartir algunas de las preocupaciones que nos provoca la realidad nacional ante la acumulación de conflictos de toda clase que vivimos en la actualidad.
La politización, la corrupción a todos los niveles, la violencia doméstica y la que es consecuencia del crimen organizado y en especial del narcotráfico, de la delincuencia común, la exclusión, la falta de justicia, la migración, la polarización de la sociedad que dificulta la gobernabilidad, los problemas de la educación, los problemas de tenencia de la tierra que ya han provocado la muerte de campesinos, el desempleo y un largo etc., están paralizando nuestra sociedad y nos impiden avanzar por el camino de una democracia participativa y representativa.
Ante esto, nos sentimos moralmente obligados a tomar una postura profética y de auténtico compromiso evangélico a favor de la VIDA como don de Dios, y de la CONVIVENCIA en democracia, compromiso que ha de ser coherente con la fe y con los valores evangélicos que vivimos y que recoge la Doctrina Social de la Iglesia.
OPCIÓN POR LA VIDA. Llamados a pastorear el Pueblo de Dios, sentimos en carne propia los atropellos que se producen en contra de la VIDA:
-El dolor de tantas víctimas de la violencia que, además, no encuentran el consuelo de que se haga justicia.
-El aumento de la drogadicción que consume tantas vidas, sobre todo entre la juventud, y que, además, enriquece ilícitamente a los que los operadores de justicia no persiguen aún con eficacia.
-La realidad de la pobreza que aflige a la mayoría de la población y que entre sus muchas causas está una deficiente educación y la falta de oportunidades que le den acceso a trabajo y salario digno.
-El apetito voraz de los que quieren enriquecerse a costa de provocar la destrucción de los recursos naturales, en perjuicio de la población y en beneficio de unos pocos a quienes no se les aplica la ley.
Ante esta decepcionante realidad necesitamos, con urgencia, vivir la esperanza en una sociedad que respete la vida y la defienda con todos los recursos disponibles. Desde la esperanza activa, podemos creer que es posible utilizar aquellos cauces que permiten el entendimiento entre las personas: sobre todo el DIÁLOGO, la CONVIVENCIA y la SOLIDARIDAD. Con ellos, y un sincero deseo de reconciliación, podemos superar las divisiones y los enfrentamientos que impiden el fortalecimiento de la convivencia en democracia y el respeto a la vida.
Como miembros de la Iglesia Católica, comprometidos a vivir la fe en la comunión, debemos ser instrumentos de diálogo, capaces de facilitar consensos, no solo en el seno de nuestras familias y comunidades, sino también en los distintos ámbitos de esta sociedad en la que hemos de ser sal y luz, como nos pide el Maestro.
A ejemplo de Jesucristo que vino para que tuviéramos vida y vida en abundancia (Jn. 10,10) nuestra misión es anunciar y testimoniar el Evangelio de la Vida. “Por eso, la doctrina, las normas, las orientaciones éticas y toda la actividad misionera de la Iglesia debe transparentar esta atractiva oferta de una vida más digna en Cristo para cada hombre y mujer de nuestro País” (DA 361).
Las situaciones de violencia e injusticia social descritos nos interpelan como creyentes a un mayor compromiso por la cultura de la vida en todos los ámbitos donde ésta se expresa y desarrolla, especialmente en la familia, en la educación y en la convivencia social. “Si pretendemos cerrar los ojos a estas realidades inhumanas no somos defensores de la vida del Reino y nos situamos en el camino de la muerte” (DA 358).
OPCIÓN POR LA CONVIVENCIA. La vida humana, como don de Dios, encuentra su pleno desarrollo en el amor al prójimo y en la convivencia ciudadana, sobre todo cuando la sociedad se deja orientar por los valores del Reino que Dios ha propuesto a la humanidad en Cristo Jesús, el Señor. Entre estos valores, son imprescindibles la justicia, la verdad, la libertad y la paz.
Como discípulos misioneros de Cristo, debemos evangelizar las relaciones sociales para ir construyendo una cultura ética que nos permita vivir en el respeto a la vida y a la dignidad de la persona humana, en el marco de la democracia participativa que en Honduras queremos. Inspirándonos, por tanto, en el Documento de Aparecida, nos proponemos “apoyar la participación de la sociedad para la reorientación y consiguiente rehabilitación ética de la política” (DA, 406, a).
Les exhortamos a vivir en el seno de nuestras comunidades eclesiales un fortalecimiento de la conciencia ciudadana y formarla con el fin de que todos los creyentes seamos protagonistas de los cambios sociales y políticos que necesita Honduras.
Consideramos razonable apoyar un nuevo pacto social, con la participación de todos los sectores de la sociedad, que logre renovar la institucionalidad jurídica, política, social y cultural de modo que responda a la voluntad mayoritaria del pueblo.
La participación ciudadana en la actividad pública y en la actividad política es el camino para una real democracia participativa. Por tanto, será necesario que los agentes de pastoral, en sus Comunidades y grupos, se formen adecuadamente con la ayuda de la Doctrina Social de la Iglesia y también conociendo los recursos legales como pueden ser la Ley de Participación Ciudadana y la Ley de Municipalidades, como recursos que permiten esta participación e instrumentos al servicio de la vigilancia ciudadana, el control de la transparencia y la auditoría social.
OPCIÓN POR LA SOLIDARIDAD. El modelo económico actual es excluyente y dificulta el crecimiento de los pequeños y medianos empresarios.
Los indicadores del desarrollo humano de nuestro país muestran que la gran mayoría de la población no tiene acceso adecuado a vivienda digna, atención médica y medicinas, alimentación adecuada y educación de calidad. Entre las causas del elevado desempleo podemos señalar el bajo nivel de capacitación profesional de la fuerza laboral activa y la falta de seguridad que dificulta la inversión. Exhortamos a los empresarios y a los sectores del poder económico a poner en práctica una economía solidaria que puede ser una respuesta a esta difícil situación.
Todo esto se refleja en la migración, tanto del campo a la ciudad, como desde Honduras hacia otros países, con todas las consecuencias negativas y dolorosas que ya conocemos.
Proponemos como camino de solución al problema de la marginación y la exclusión, un pacto social incluyente que supere los privilegios de unos pocos que se enriquecen más y más cada día y el empobrecimiento de las mayorías.
Pero ese pacto requiere que se parta del principio de la SOLIDARIDAD. En marzo de 2006, los obispos de la Conferencia Episcopal de Honduras (CEH), publicamos la carta “Por los caminos de la esperanza” afirmábamos lo siguiente:
“La solidaridad es condición indispensable para lograr el bien común. Según la enseñanza de la Iglesia, la solidaridad nos ayuda a ver al otro como persona, pueblo o nación, no como un instrumento cualquiera para explotar a poco coste su capacidad de trabajo y resistencia física abandonándolo cuando ya no sirve, sino como un semejante nuestro… Frente a la globalización del mercado, propugnamos con el Papa Juan Pablo II la globalización de la solidaridad, entendida ésta no como un sentimiento superficial por los males de tantas personas, cercanas o lejanas, sino como la determinación firme y perseverante de empeñarse en el bien común”.
Exhortamos a trabajar, como Iglesia samaritana, desde una Pastoral Social/Caritas que está al servicio del humanismo cristiano tal como lo entiende la Iglesia Católica: humanismo integral y solidario. Una Pastoral Social, que como dice el Documento de Aparecida, debe ser estructurada, orgánica e integral que con la asistencia y la promoción humana, se haga presente en las nuevas realidades de exclusión y marginación que viven los grupos vulnerables, donde la vida está más amenazada (Cfr. DA, 401).
Como hijos de Dios por el bautismo, hagamos de nuestra fe el fermento de una sociedad justa y fraterna, porque “como el cuerpo sin el aliento está muerto, así está muerta la fe sin obras” (Stgo. 2, 26).
Que nuestra Madre, la Virgen de Suyapa, siga mostrándonos los caminos de la fidelidad al Señor que nos permitan responder, como ella, con un SI a la VIDA, a la CONVIVENCIA y a la SOLIDARIDAD, como hermanos y hermanas en esta querida patria que es Honduras.
