"Rodas fue un error"

Muestra una radiografía de la crisis hondureña.
ElHeraldo.hn

Honduras

25.06.2010 - Ricardo Angoso - siempreSPAMFILTER@elheraldo.hn

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Historiador de profesión aunque con una larga trayectoria política, pues se desempeñó como ministro de Cultura, Artes y Deportes durante los gobiernos de Carlos Roberto Reina (1994-1998) y Manuel Zelaya (2006-2009), Rodolfo Pastor es uno de los intelectuales hondureños de más reconocido prestigio, incluso por sus adversarios políticos. Cuando se cumple un año de los acontecimientos del 28 de junio, en esta entrevista realizada recientemente, este doctor en Historia sigue pensando lo mismo que hace un año y señala con su dedo acusador a los responsables de aquellos sucesos. Pese a que puedan ser discutibles sus opiniones, Pastor se muestra, como siempre, lúcido, directo y coherente con su pensamiento.

RICARDO ANGOSO: ¿Cuál fue, en esencia, el detonante de la crisis hondureña?
RODOLFO PASTOR: La percepción de los grupos fácticos y de la clase política tradicional de que podían perder su control casi omnímodo del sistema político hondureño (y por esa vía del país) si permitían que el proyecto de la cuarta urna (para llevar a cabo un referéndum sobre reforma constitucional) fructificara, la urgencia que sentían de detener una participación democrática genuina, popular, la movilización, el miedo al pueblo que caracteriza a los plutócratas y a sus clientes en la burguesía.

R.A.: Las autoridades hondureñas aseguran que sin el golpe del 28 de junio Honduras sería hoy como Venezuela, ¿es cierto?
R.P.: Es decir ¿que contaríamos con recursos estratégicos para retar? ¿O que podríamos avanzar, con nuestra propia inversión, en el combate de la pobreza que en Venezuela, ha sido elogiado por el Banco Mundial? ¿O que podríamos habernos constituido en líderes regionales? Es un cuento tonto. Nosotros en la administración Zelaya jamás tocamos la prensa, son los golpistas quienes la han reprimido; jamás tocamos a un adversario, son ellos los que han asesinado y violado y encarcelado opositores. A Venezuela hay que ponderarla porque esa revolución está en proceso y es más que las burradas que profiere a veces el Comandante. Pero aunque fuera algo que había que evitar, Honduras no puede ser como Venezuela, no tiene los recursos. Y tiene otra cultura. También es una cuestión de escala, de tamaño. Y al final la respuesta es sencilla: ¿Cómo es que evitaron el autoritarismo imponiendo una dictadura brutal?

R.A.: ¿Reconocerá, no obstante, que hubo errores claros, como el giro radical dado por Patricia Rodas en política exterior?
R.P.: Hubo muchos errores, graves y de distintos tipos. No hay gobierno que no cometa errores. La izquierda latinoamericana históricamente ha sido torpe y locuaz. En mi humilde opinión el nombramiento de la colega Patricia Rodas como canciller fue un error, como los de otros que no estaban capacitados para sus cargos y los de S. Bonano, H. Hernández y Rodas Gamero, que se quedaron como ministros de Micheletti. Y fue un error del presidente encerrarse en un círculo tan corto de “amigos”.
El anuncio de conversaciones con Irán fue uno de los peores errores; debe haber resonado en Palmerola, en el Comando Sur y en El Pentágono. Es que son infantiles muchos compañeros. Admiro a un filósofo español que ha escrito que no importa donde, “cuando el ser humano nace y abre los ojos por vez primera, se le llenan con la luz del universo”; somos iguales. Pero en política hay que saber en qué liga está uno. A Patricia se le acuso también de declarar que había que buscar la reelección de “Mel”, con lo cual varios ministros estábamos en desacuerdo. No me consta; si lo hizo fue una provocación contra fuerzas políticas que no estaba preparada para enfrentar. Pero faltaban seis meses y esos errores no justifican que un juez de primera instancia determinara la destitución del Presidente, ni que la CIA dispusiera deshacerse de “Mel” con la veleidad de sus amigos nativos, ni que la comunidad internacional, al final, nos deje solos y quiera fingir demencia frente a los atropellos.

R.A.: ¿Las elecciones hondureñas de noviembre fueron para usted legítimas y limpias?
R.P.: Esas elecciones fueron una chabacanada. Los policías le habían quebrado el brazo en dos lugares al único candidato serio de la resistencia que -luego- se retiró. Las fuerzas golpistas habían asesinado a cuadros de la resistencia e intimidado a la oposición. Los soldados reprimieron, en la segunda ciudad del país, una manifestación pacifica de la resistencia. Las fuerzas del orden sabotearon los medios de comunicación (Radio Globo, Radio Progreso, Cholusat Sur, diario El Libertador) disidentes y decretaron “emergencia” y ley marcial. La oposición que, según todas las encuestas, contaba con la mayor simpatía ciudadana, no tenía candidatos ni representantes electorales. Votaron obligados los clientes de la burguesía, los activistas chamberos y la masa fanática (fundamentalista) del golpismo. Y es una payasada cínica de los golpistas y de los estadounidenses declarar que esas elecciones fueron “libres y limpias”, una ofensa a la inteligencia de todos, una mentira que repetirán mil veces sin convertir en verdad.
Y además no procedían.

R.A.: ¿Cómo juzga los primeros meses de Lobo y su desempeño como presidente?
R.P.: Predeciblemente lamentables. Empezó por acomodar a todos los golpistas y sancionó la inmunidad. No ha podido llamar a la resistencia a una mesa de diálogo, no digamos de negociación. No ha podido controlar los escuadrones de la muerte y quizás tampoco puede (han asesinado nueve periodistas en mes y medio). No ha podido restablecer los servicios básicos mínimos. Pero además no tiene un equipo técnico capaz y no ha podido aprovechar la masiva ayuda estadounidense para enderezar la economía, entre otras cosas porque no solo depende del gobierno y los propios empresarios golpistas (que saben que tienen un gran problema) no le quieren apostar con su dinero a la fantasía de que todo anda bien. No ha conseguido que incluso los gobiernos que lo reconocen, le acepten a sus embajadores y cónsules golpistas, fuera de Uribe… Y cuando declara que sus socios en el golpe le quieren dar otro golpe y se sube a un avión para ir a Sudáfrica a ver fútbol con cien funcionarios más se manifiesta poco serio. Nadie entiende a Lobo y lo que hace, ni sus partidarios originales ni, por supuesto, nosotros. Pero tiene razón cuando dice que los enemigos los tiene dentro de su partido. Y eso hay que advertirlo a tiempo, porque aunque él se manifiesta muy confiado ya han demostrado que son capaces.

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