Proceso de deslegitimación latinoamericano

Una mirada a la forma cómo se utilizó la violencia política de manera indiscriminada y los medios terroristas para desestabilizar a gobiernos, sembrar el caos y posibilitar el cambio político en el Cono Sur
ElHeraldo.hn

Honduras

26.03.2011 - Ricardo Angoso - rangosoSPAMFILTER@lecturasparaeldebate.com

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América Latina a un proceso de clara deslegitimación de las Fuerzas Armadas en casi todos los países del continente, siendo los casos más expresivos y llamativos los de Argentina, Chile, Honduras y Uruguay, sin olvidar a Venezuela, donde han sido purgadas, manipuladas y puestas al servicio de un proyecto político, como el que encarna el presidente Hugo Chávez.

Llamados por la mal llamada memoria histórica, que no es más que reescritura de la historia por cierta izquierda de carácter radical, se ha pretendido presentar todo lo acontecido durante las décadas de los 60, 70 y 80 como una lucha entre un grupo de jóvenes -algunos no tanto- heroicos y demócratas contra unas satrapías absolutamente abyectas.

En definitiva, se trata de obviar que en estos países durante la larga Guerra Fría, y bajo la influencia de la revolución cubana y la vía guerrillera al poder que enarbolaban entonces la mayor parte de las fuerzas de izquierda de América Latina, se utilizó la violencia política de forma indiscriminada y los medios terroristas para desestabilizar a estos Estados, sembrar el caos y posibilitar el cambio político.

Entre los grupos que utilizaron esta estrategia que pasaba por el uso de todos los medios para conseguir el fin deseado, es decir, el poder, hay que destacar a los Montoneros de Argentina, el Movimiento de la Izquierda Revolucionaria de Chile y los Tupamaros de Uruguay, junto a un sinfín de grupúsculos que operaban en todo el continente. Asesinaron, secuestraron, robaron y mataron indiscriminadamente en nombre de sus "románticas" ideas, que en aquellas fechas, todo hay que decirlo, pasaban por la construcción de modelos políticos similares a los de la isla-presidio de Cuba. "Crear uno, dos, tres Vietnam", esa era la consigna política del Che Guevara en esos tiempos de muerte y destrucción.

Así cuando han pasado más de una veintena de años desde el final de los regímenes militares del Cono Sur, hay que resaltar que los únicos que han respondido ante los tribunales por sus supuestas responsabilidades ante lo que ocurrió durante ese periodo ha sido solo una parte, la que representan los militares que tuvieron algo ver con aquella época oscura y turbulenta.

Los terroristas de entonces, incluyendo aquí a los sangrientos montoneros, nunca dieron cuenta ni pagaron por las atrocidades cometidas. Ni siquiera pidieron perdón ante su sociedad; más bien lo contrario: se mostraron orgullosos y firmes en la defensa de sus pérfidas acciones, en las que murieron más de trece mil argentinos, muchos de ellos inocentes.

ATAQUES Y CALUMNIAS.

Por ejemplo, en Argentina se ha reescrito la historia de una forma miserable y pérfida, desdibujando los acontecimientos que realmente ocurrieron y obviando la miseria política de aquellos que hicieron de las armas su única expresión durante los años de plomo. Cuando el país padecía el azote del terrorismo, en los años de la agonía peronista y sobre todo durante el mandato de la presidenta-bailarina María Estela Martínez de Perón (1974-1976), la sociedad civil argentina demandaba "mano dura" y llamaba casi literalmente a las puertas de los cuarteles para que los militares pusiera orden en el caos provocado por los sucesores del difunto general Perón. El denominado "proceso de reorganización nacional" comenzado en el año 1976, cuando fue depuesta la sucesora de Perón, no fue más que la aplicación de una serie de medias más rotundas y contundentes en la lucha contra el terrorismo, algo parecido a lo que se hizo durante el gobierno de José María Aznar en España en el combate contra ETA, cuando se consiguió aislar a la banda y desactivar numerosos comandos militares; aparte de descabezarla en incontables ocasiones. Así comenzó el final de ETA, cuyos últimos coletazos estamos viendo en estos días. En Argentina, afortunadamente, el ejército también derrotó al terrorismo.

Incluso el escritor José Luis Borges, en una de las visitas que le hizo para rendirle pleitesía al general Videla, llegó a decir: "Le agradecí personalmente el golpe del 24 de marzo, que salvó al país de la ignominia, y le manifesté mi simpatía por haber enfrentado las responsabilidades del gobierno. Yo nunca he sabido gobernar mi vida, menos podría gobernar un país".

De la misma forma, y en la misma reunión a la que asistía Borges con Videla, el también escritor Ernesto Sabato consideraba entonces que "el general Videla me dio una excelente impresión. Se trata de un hombre culto, modesto e inteligente. Me impresionó la amplitud de criterio y la cultura del presidente". Hasta los comunistas argentinos llegaron a ver como un "mal necesario" la operación quirúrgica del año 76; a veces para salvar un cuerpo hay que sacrificar un órgano.

Los militares, pese a todo, tuvieron que responder por algunas violaciones graves de los derechos humanos, algo que por cierto suele ocurrir en todo conflicto, máxime si este tiene las características propias de una auténtica guerra civil. Ha pasado hasta en la España democrática en la lucha contra ETA. Mientras que en la otra parte, en la de los terroristas que con sus acciones querían convertir a Argentina en un paraíso socialista al estilo de la isla-presidio de los Castro en el Caribe, nadie fue juzgado.

Incluso, para más inri, una buena parte de los antiguos montoneros, de los cuales muy pocos respondieron por sus crímenes, ocupan hoy importantes responsabilidades políticas en la Argentina de Cristina Kirchner y abogan por una reescritura en clave histórica de lo ocurrido en aquellos años. Es cierto que ocurrieron hechos aberrantes, absolutamente injustificables, pero no es menos cierto que la violencia no solo fue patrimonio del Estado, sino del terrorismo de corte marxista. Minimizar esos hechos es puro revisionismo histórico, hay que jerarquizar las responsabilidades y esclarecer la verdad porque si no, al final, "la verdad es la mentira", como en la novela de George Orwell.

Caso vergonzante si hay en la historia es el del general Jorge Videla. No debemos olvidar que el juzgado Videla, quien fuera presidente entre los años 1976 y 1981 de la Junta Militar, ya había sido procesado en los años ochenta y condenado. Más tarde de aquel confuso proceso, Videla fue indultado por el presidente Carlos Menem, en un acto que indignó a muchos pero que fue pasado por alto por la opinión pública argentina que prefería cerrar una página luctuosa y oscura. Existe un principio jurídico básico en todo sistema judicial moderno que se precie que insiste en que nadie debe ser juzgado por un mismo delito dos veces, algo que no prevaleció en este caso y que fue visto por algunos como una simple vendetta política. ¿O qué fue, entonces?

LAS VÍCTIMAS DEL TERRORISMO. Al margen de estas consideraciones, que tienen más que ver con el proceso de delegitimación de las Fuerzas Armadas que lidera cierta izquierda plegada al proyecto del presidente venezolano Hugo Chávez, luego está el asunto de las víctimas del terrorismo, algo que por desgracia conocemos muy bien en España y que fueron las grandes olvidadas de nuestra transición hasta muy recientes fechas, en las que se les comenzó a reivindicar tal como merecían.

Como señalaba muy acertadamente la víctima del terrorismo argentino Arturo Larrabure, "Ello obedece a que ha existido una estrategia deliberada para sustituir el análisis objetivo de la historia, por los paisajes imaginarios de la memoria, que han convertido a terroristas que asesinaron, torturaron y secuestraron, y se alzaron contra un gobierno constitucional, en ‘jóvenes idealistas inocentes’.

Sin querer minimizar los daños y probables violaciones de derechos humanos perpetradas por agentes del Estado en su lucha contra el terrorismo, una reciente columna de Mary Anastasia O’Grady, publicada en el prestigioso periódico norteamericano Wall Street Journal, recordaba recientemente que al menos 13,074 argentinos habían sido víctimas del terrorismo en aquellos años, aunque sobre todo entre 1969 y 1979. Desde aquí le quiero rendir el homenaje que ni el gobierno ni la sociedad de su país les brindan.

Los datos provienen del Centro de Estudios Legales sobre el Terrorismo y sus Víctimas en Argentina, una ONG que pretende mantener viva la memoria y el recuerdo de los asesinados, mutilados y desaparecidos por los terroristas en aquellos fatídicos años. La mayor parte de las víctimas eran civiles inocentes, incluso niños, o miembros de los cuerpos de seguridad y defensa asesinados cobardemente.

Y termino con una reflexión del ya citado Larrabure sobre la exigencia de justicia en las nuevas sociedades democráticas y cómo deben construirse bajo el imperativo de la verdad: "Si la decisión es juzgar debe juzgarse a todos, incluidos los guerrilleros y los políticos que, con su acción u omisión, incurrieron en terrorismo de Estado al facilitar el accionar de la guerrilla. Los procesos deben ser llevados adelante en tiempos razonables, sin transformar la prisión preventiva en un anticipo de condena. Nadie puede ser juzgado dos veces por el mismo hecho".

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Jorge Videla ya había sido procesado en los años ochenta y condenado. Más tarde fue indultado por el presidente Carlos Menem.
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