Una roca con inscripciones dejadas por exploradores españoles en la época de la conquista corre peligro de perder su valor histórico por la erosión, que amenaza con hacer desaparecer muchas de esas imágenes. Durante siglos, los exploradores, soldados estadounidenses, trabajadores del ferrocarril e inmigrantes grabaron inscripciones en una roca de arenisca llamada El Morro, que fue declarada monumento nacional. Esas inscripciones tienden a borrarse o caerse y los encargados de preservar el monumento toman medidas para evitar su erosión usando una argamasa especial para alejar la humedad de las fisuras y experimentando con distintas capas protectoras para evitar la desfiguración de las firmas e inscripciones.
El Morro fue un sitio popular para la gente de paso porque ofrecía manantial de agua procedente de un acantilado. Cientos de viajeros inscribieron sus nombres y algo más, incluidos algunos personajes famosos.
"Todas estas cosas le dan un valor histórico", comentó Steve Baumann, arqueólogo del monumento.
"Pasó por aquí", escribió el gobernador provincial Don Juan de Oñate en 1605. Su inscripción, que parece ser una de las primeras, cubre parcialmente petroglifos (grabados sobre rocas de pueblos perhistóricos) de los indios de la zona.
Don Diego de Vargas, quien encabezó la reconquista de Nueva España en 1692 y sofocó una revuelta de los indios Pueblo, inscribió su nombre ese mismo año y dijo que luchaba en nombre "de la Santa Fe y de la Corona Real".
HISTÓRICAS. Una niña que viajaba en un tren, Sallie Fox, de 12 años, escribió su nombre verdadero, Sarah, en 1858. Otra inscripción dice "P. Gilmer Breckinridge, 1859 VA", grabado con gran precisión. Entre la letra C y el número 9 hay una hendidura.
Breckinridge pasó por El Morro con 25 camellos como parte de un experimento del ejército que no tuvo mucho éxito.
Posteriormente renunció, se plegó a la Confederación y murió en la guerra civil.
En esa expedición participó un tal "E. Pen Long, (de) Baltimore", quien dejó también una firma clarísima, escrita con una fina ortografía de la época.
El grupo realizaba tareas de reconocimiento y "tenía todo tipo de herramientas para marcar el terreno", dijo Baumann. "Estaban bien equipados para dejar bonitas inscripciones".
Si bien la expedición se produjo en 1857, Breckinridge inscribió su nombre recién en 1859, en otro viaje.
