La búsqueda ha concluido para un hombre cuya esposa embarazada fue secuestrada por fuerzas de seguridad en Argentina hace 32 años.
Abel Pedro Madariaga dice que nunca abandonó la búsqueda de su mujer y su hijo, que nació en un centro de tortura clandestina. El hijo también tenÃa dudas sobre su verdadera identidad.
Arrebatado a su madre antes de que la mataran, el niño fue criado por una familia militar en la que, según dice, su padre adoptivo abusó de él.
El muchacho finalmente acudió este mes al grupo Abuelas de Plaza de Mayo y se sometió a un examen de ADN. La prueba reveló que su padre era nada menos que Madariaga, el secretario del grupo.
El padre y el hijo -que ahora lleva el nombre de Francisco Madariaga Quintela- todavÃa no pueden creer su buena fortuna y el hijo dice que es como comenzar una nueva vida.
El ex oficial de inteligencia militar que lo crió, VÃctor Alejandro Gallo, fue detenido por el delito de apropiación ilegal de un menor.
Tembloroso ante las cámaras, apenas dÃas después de reunirse por primera vez, Abel y Francisco Madariaga no pueden dejar de sonreÃr.
"Nunca dejé de pensar que lo iba a encontrar", afirmó el padre. "Cuando entró por esa puerta esa noche nos reconocimos totalmente y el abrazo en que nos fundimos fue espectacular. Abrazarlo el dÃa que lo encontré fue como llenar un hueco en el alma". "Por primera vez sabÃa quién era. Quién soy yo", dijo el joven, todavÃa maravillado de su nueva identidad.
EL 101 RESCATE. Madariaga y su esposa Silvia Quintela eran miembros del grupo izquierdista Montoneros, a los que los escuadrones de la muerte del gobierno intentaron eliminar.Silvia Quintela caminaba la mañana del 17 de enero de 1977 hacia la estación de tren del suburbio de Florida cuando tres Ford Falcon, el habitual vehÃculo que se empleaba durante la dictadura, la rodearon y militares vestidos de civil se la llevaron al centro de detención clandestino del regimiento de Campo de Mayo, en las afueras de la capital. También buscaban a su pareja, Abel Madariaga, secretario de prensa de la guerrilla peronista Montoneros, pero él logró escapar y se exilió en Suecia. Después migró a México y en 1983, con el regreso de la democracia a Argentina, volvió a su paÃs y se acercó a las Abuelas de Plaza de Mayo para buscar a su hijo. En la actualidad, Madariaga es el secretario de esta asociación civil.Silvia Quintela, que sigue desaparecida, parió en el hospital militar de Campo de MayoDesde entonces Madariaga, ha abrazado la causa de hallar a los hijos de los desaparecidos.A su regreso a una Argentina democrática en 1983, pasó a ser secretario del grupo de las Abuelas y primer miembro masculino. Gestionó ante el gobierno la creación de una base de datos de ADN y dedicar recursos judiciales al esfuerzo y desarrolló estrategias para persuadir a los jóvenes con dudas sobre su identidad a someterse a exámenes de ADN.Mientras tanto, el paradero de su propio hijo seguÃa siendo un misterio.Resultó ser que Quintela dio a luz a su hijo Federico mientras estaba presa en uno de los centros de tortura más grandes y notorios, Campo de Mayo, en un suburbio de Buenos Aires. Algunos sobrevivientes dijeron que el bebé le fue arrebatado al dÃa siguiente y ella desapareció poco después.Un oficial de inteligencia militar, VÃctor Alejandro Gallo, llevó el bebé a su casa, donde vivÃa con su esposa Inés Susana Colombo, con quien tenÃa dos hijos. El matrimonio no duró mucho, ya que Gallo era muy violento, explica Francisco, y aunque la pareja nunca le dijo que no era hijo suyo, siempre se sintió fuera de lugar.Más adelante, Gallo cumplió una sentencia de 10 años por el asesinato de una familia. Las dudas de Francisco se intensificaron, hasta que su madre adoptiva le confesó la verdad.Este militar participó años más tarde del movimiento carapintada, que se oponÃa a los juicios de la democracia contra los criminales de la dictadura y que protagonizaron cuatro alzamientos, tres contra el Gobierno de Raúl AlfonsÃn (1983-1989) y otro contra el de Carlos Menem (1989-1999). AlfonsÃn y Menem impulsaron amnistÃas, pero los responsables del terrorismo de Estado han comenzado a ser juzgados después de que la Corte Suprema durante el mandato de Néstor Kirchner (2003-2007) declarara la inconstitucionalidad de aquellos perdones. Las Abuelas de Plaza de Mayo creen que unos 400 niños fueron robados al nacer de mujeres secuestradas y muertas como parte de la "guerra sucia" de la dictadura de 1976-1983 contra disidentes polÃticos, que dejó hasta 30,000 muertos.
LLAMADO DE LA SANGRE."Fueron 32 años de angustia, de vivir mucha violencia y maltratos. Ha sido una historia oscura...", relató Francisco Madariaga Quintela, que confesó que habÃa vivido "como un fantasma", con "un vacÃo inexplicable". Pero su presente contrasta con aquel pasado: "Tener identidad es lo más lindo que hay. Es hermosa la vivencia de encontrar algo tuyo y algo [de lo] que me habÃan privado 32 años, de la verdad", añadió Francisco. Estimulado por amigos, Francisco apeló a las Abuelas, que le hicieron hacerse un examen de sangre. El grupo ha logrado identificar a 101, contándolo a él, hijos de desaparecidos. Finalmente padre e hijo se reunieron el viernes.secuestros.En ese contexto los hijos de las detenidos-desaparecidos fueron tratados por las fuerzas represivas como "botÃn de guerra", para lo cual se planificó detalladamente, incluso por escrito, un sistema de detención de embarazadas, partos clandestinos, falsificación de identidades y simulación de adopciones, con el fin de apropiarse de los niños.De esa manera alrededor de quinientos niños fueron apropiados y privados de su identidad, y en muchos casos llevados a vivir con personas que creÃan sus padres y que en realidad fueron autores, partÃcipes o encubridores del asesinato de sus verdaderos padres.La dictadura militar instaurada en la Argentina el 24 de marzo de 1976, autodenominada como Proceso de Reorganización Nacional (1976-1983), estableció una metodologÃa de eliminación masiva de opositores, que ha sido considerada judicialmente como un genocidio, durante el cual fueron detenidas-desaparecidas miles de personas, con utilización en gran escala de centros clandestinos de detención (CCD) donde se procedÃa a su tortura, asesinato y desaparición de los cuerpos.
EL 101 RESCATE.
Madariaga y su esposa Silvia Quintela eran miembros del grupo izquierdista Montoneros, a los que los escuadrones de la muerte del gobierno intentaron eliminar.
Silvia Quintela caminaba la mañana del 17 de enero de 1977 hacia la estación de tren del suburbio de Florida cuando tres Ford Falcon, el habitual vehÃculo que se empleaba durante la dictadura, la rodearon y militares vestidos de civil se la llevaron al centro de detención clandestino del regimiento de Campo de Mayo, en las afueras de la capital. También buscaban a su pareja, Abel Madariaga, secretario de prensa de la guerrilla peronista Montoneros, pero él logró escapar y se exilió en Suecia. Después migró a México y en 1983, con el regreso de la democracia a Argentina, volvió a su paÃs y se acercó a las Abuelas de Plaza de Mayo para buscar a su hijo. En la actualidad, Madariaga es el secretario de esta asociación civil.
Silvia Quintela, que sigue desaparecida, parió en el hospital militar de Campo de Mayo
Desde entonces Madariaga, ha abrazado la causa de hallar a los hijos de los desaparecidos.
A su regreso a una Argentina democrática en 1983, pasó a ser secretario del grupo de las Abuelas y primer miembro masculino. Gestionó ante el gobierno la creación de una base de datos de ADN y dedicar recursos judiciales al esfuerzo y desarrolló estrategias para persuadir a los jóvenes con dudas sobre su identidad a someterse a exámenes de ADN.
Mientras tanto, el paradero de su propio hijo seguÃa siendo un misterio.
Resultó ser que Quintela dio a luz a su hijo Federico mientras estaba presa en uno de los centros de tortura más grandes y notorios, Campo de Mayo, en un suburbio de Buenos Aires. Algunos sobrevivientes dijeron que el bebé le fue arrebatado al dÃa siguiente y ella desapareció poco después.
Un oficial de inteligencia militar, VÃctor Alejandro Gallo, llevó el bebé a su casa, donde vivÃa con su esposa Inés Susana Colombo, con quien tenÃa dos hijos. El matrimonio no duró mucho, ya que Gallo era muy violento, explica Francisco, y aunque la pareja nunca le dijo que no era hijo suyo, siempre se sintió fuera de lugar.
Más adelante, Gallo cumplió una sentencia de 10 años por el asesinato de una familia. Las dudas de Francisco se intensificaron, hasta que su madre adoptiva le confesó la verdad.
Este militar participó años más tarde del movimiento carapintada, que se oponÃa a los juicios de la democracia contra los criminales de la dictadura y que protagonizaron cuatro alzamientos, tres contra el Gobierno de Raúl AlfonsÃn (1983-1989) y otro contra el de Carlos Menem (1989-1999). AlfonsÃn y Menem impulsaron amnistÃas, pero los responsables del terrorismo de Estado han comenzado a ser juzgados después de que la Corte Suprema durante el mandato de Néstor Kirchner (2003-2007) declarara la inconstitucionalidad de aquellos perdones.
LLAMADO DE LA SANGRE. Estimulado por amigos, Francisco apeló a las Abuelas, que le hicieron hacerse un examen de sangre. El grupo ha logrado identificar a 101, contándolo a él, hijos de desaparecidos. Finalmente padre e hijo se reunieron el viernes.
"Fueron 32 años de angustia, de vivir mucha violencia y maltratos. Ha sido una historia oscura...", relató Francisco Madariaga Quintela, que confesó que habÃa vivido "como un fantasma", con "un vacÃo inexplicable". Pero su presente contrasta con aquel pasado: "Tener identidad es lo más lindo que hay. Es hermosa la vivencia de encontrar algo tuyo y algo [de lo] que me habÃan privado 32 años, de la verdad", añadió Francisco.
SECUESTROS. La dictadura militar instaurada en la Argentina el 24 de marzo de 1976, autodenominada como Proceso de Reorganización Nacional (1976-1983), estableció una metodologÃa de eliminación masiva de opositores, que ha sido considerada judicialmente como un genocidio, durante el cual fueron detenidas-desaparecidas miles de personas, con utilización en gran escala de centros clandestinos de detención (CCD) donde se procedÃa a su tortura, asesinato y desaparición de los cuerpos.
En ese contexto los hijos de las detenidos-desaparecidos fueron tratados por las fuerzas represivas como "botÃn de guerra", para lo cual se planificó detalladamente, incluso por escrito, un sistema de detención de embarazadas, partos clandestinos, falsificación de identidades y simulación de adopciones, con el fin de apropiarse de los niños.
De esa manera alrededor de quinientos niños fueron apropiados y privados de su identidad, y en muchos casos llevados a vivir con personas que creÃan sus padres y que en realidad fueron autores, partÃcipes o encubridores del asesinato de sus verdaderos padres.
