La historia de Honduras se deteriora con el pasar del tiempo.
Es perceptible y muy doloroso perder a consecuencia del paso inexorable del tiempo las reliquias que aún quedan en nuestra patria para ser testimonio tangible de la historia nacional y del crecimiento cronológico de la República y de sus artes.
Para evitar que obras maestras de nuestro pasado cercano y lejano se deterioren existe la Unidad de Restauración de Bienes Culturales Muebles, cuya finalidad primordial es evitar que se pierdan obras tan importantes en nuestra cultura.
“En Honduras solo habemos tres personas capacitadas que podemos restaurar pinturas y esculturas, hay otros que se encargan de restaurar papel, arcilla y metales”, indicó Diana Mejía, una de las encargadas de esta labor. Junto a ella, la coordinadora de la unidad, Rossibel Herrera, y Rosario Irías, tienen la difícil labor de mantener intacto el patrimonio cultural y artístico en pinturas y esculturas de todos los museos del país.
Ética y responsabilidad. “Restaurar las obras no es difícil, lo que sí es difícil es la gran responsabilidad de tener el respeto a la obra en sí misma, a la antigüedad y a su autor, todos esos son respetos que se deben de tomar al momento de restaurar una obra”, explicó Herrera.
Y es que según las restauradoras ocurre con frecuencia que propietarios de obras históricas mandan a restaurarla con personas no adecuadas y lo que generalmente hacen es una limpieza que no respeta el valor que la misma antigüedad le da a la obra y la idea en sí “no es que la obra parezca nueva, sino que se respete al máximo”.
Cada obra con el paso del tiempo adquiere una capa que se llama patina, que refleja el paso del tiempo y hace que la pintura adquiera el aspecto antiguo y hay que tener el cuidado de no confundirla con suciedad y tratar de removerla, “con ello se pierde gran parte del valor de la obra, que en sí es su antigüedad”.
En su vocabulario la palabra más importante siempre es respetar, porque están conscientes que esas obras no son suyas y que a pesar de encontrar imperfecciones originales que estéticamente se verían mejor con un pequeño retoque, no está permitido intervenir.
Palabras que tanto Herrera y Mejía, inculcan a miembros del Escuela Nacional de Bellas Artes (ENBA), que tienen por asignación visitarlas para conocer del proceso que se debe seguir para la protección de la obra y que probablemente en el futuro sean sus relevos.
Cada una de las restauradoras oficiales del Instituto Hondureño de Antropología e Historia (IHAH) tiene una trayectoria de más de 20 años en esta labor y estudiaron en México, España, Perú y Guatemala para cuidar del valioso material que encierra nuestra historia.
La Unidad. La Unidad Restauración de Bienes Culturales Muebles, como tal, funciona desde 1978, con la creación del Taller de Restauración de Pintura y Escultura, aunque la labor de restauración se remonta a 1970 cuando se inicia la restauración de piezas de cerámica, pero de forma más rudimentaria.
La necesidad de mantener el patrimonio intacto llevó a la fundación de la unidad y con ello se le agregaron algunos talleres que son especializados.
Mientras que en la restauración de objetos de cerámica la encargada es Ana María Carías, en el área de papel el encargado es César Romero y pintura y escultura Rosario Irías, Diana Mejía y Rossibel Herrera.
En el área de metales, que está ubicada en Omoa, está a cargo de Benjamín Sánchez. Todos ellos con sus especializaciones se encargan de la restauración y mantenimiento de obras que pueden llegar a tener siglos de historia.
Rossibel Herrera explica que muchas obras por diferentes motivos no logran ser salvadas y resulta en una gran pérdida cultural.
“En 29 años que he estado aquí hemos tenido diferentes casos, todas se han salvado, pero digamos qué hubiese pasado en el incendio del museo de Comayagua, qué pasaría si una obra se quema un 50 o un 75 por ciento; allí sería muy difícil recuperarla”, explicó.
Otra forma de perderlas es el no hacerles restauraciones adecuadas porque se pierde el valor histórico que encierran las obras.
¿Artistas? “Todos somos artistas, tenemos que serlo para este trabajo”, contestan con seguridad las restauradora, que sienten como muy sagrado el saber hasta donde pueden intervenir en una obra.
“Trabajamos con obras de otros artistas y no podemos tocar más allá de lo que la restauración permite, si me queda tiempo hago las mías propias y esas son mis bebés”, explica Diana Mejía.
Honduras tiene una riqueza cultural enorme, que se puede observar en los diferentes museos nacionales, pero que es costosa de conservar, tanto en tiempo como en lo económico, ya que su mantenimiento requiere de personal y materiales que por sus características no son fáciles de encontrar en el país.
Al menos podemos tener la confianza que nuestra historia está en buenas manos y que no importa el paso del tiempo siempre estará allí en los museos para que las futuras generaciones la conozcan.
