La peor pesadilla de un padre

Los carteles de “no tocar” no sirven de mucho cuando se producen accidentes, especialmente si los responsables son lo suficientemente pequeños e inquietos
ElHeraldo.hn

Estados Unidos

30.01.2010 - AP - siempreSPAMFILTER@elheraldo.hn

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Un tropezón. Un codo mal ubicado. Episodios como el que protagonizó una estudiante distraída al dañar un Picasso son la peor pesadilla de las personas torpes y de los padres que, con las mejores intenciones, llevan a sus hijos pequeños a los museos.

Los carteles de “no tocar” no sirven de mucho cuando se producen accidentes, especialmente si los responsables son lo suficientemente pequeños e inquietos, como para superar fácilmente las barreras que pueda haber.

Julee Morrison, de Taylorsville, Utah, vivió una de esas experiencias traumáticas cuando visitó la mansión-museo de Elvis Presley, Graceland, en Memphis, Tenesí. Lo único que quería era que su hijo de cuatro años se interesase en Elvis. El niño estaba entreteniendo a la familia con sus bromas cuando notaron que el hermanito menor había desaparecido.

“Estábamos haciendo fila en la tumba. Miro a mi alrededor y allí estaba mi hijo de 18 meses: parado sobre la tumba. Se había colado de algún modo por la verja de acero. No sabía dónde esconderme”, relató la mujer.

En el mismo viaje de tres semanas a través del país, el pequeño se trepó por unas rocas falsas de un museo y llegó hasta un dinosaurio. “Me agaché para atarle los zapatos a mi otro hijo. Cuando me levanté, vi que Zac se había trepado por las rocas y se dirigía hacia el dinosaurio para tocarlo”, contó Morrison.

En los portales de Internet de los museos hay recomendaciones acerca de cómo controlar a los niños para evitar que cometan imprudencias. Se usa el tono más diplomático posible.

Pero ello no impide los accidentes.

MEDIDAS DE SEGURIDAD. La mujer que se cayó encima del cuadro “El actor”, de Pablo Picasso, en el Museo Metropolitano de Arte se tropezó durante una visita con su escuela. El director del museo, Thomas P. Campbell, está analizando las medidas de seguridad a la luz del tajo de unos 15 centímetros (seis pulgadas) que sufrió el cuadro.

Generalmente estos incidentes no tienen consecuencias graves, pero ha habido numerosos episodios en los que gente torpe daña obras de arte.
En el 2008 un visitante a la Royal Academy of Arts de Londres se tropezó e hizo caer un totem de cerámica de tres metros (nueve pies) de la artista costarricense Tatiana Echeverri Fernández. La obra se rompió.

Dos años antes, en el Fitzwilliam Museum de Cambridge, un hombre se agachó para atarse los zapatos, perdió el equilibrio y se cayó por una escalera. Fue a dar contra una vasija de la dinastía Qing de casi 50 kilos (100 libras) y de otros dos objetos de fines del siglo XVII o principios del XVIII.

La vasija se rompió en 113 pedazos. Fue restaurada, pero perdió buena parte de su valor.

“Me enredé, pisé mal y caí. Destrocé en mil pedazos una cerámica Qing de gran calidad”, declaró Nick Flynn a la AP en esa ocasión.

Steve Wynn sabe cómo se siente uno en esas situaciones.

El magnate de Las Vegas estaba a punto de vender Le Reve, de Picasso, en 139 millones de dólares en el 2006 cuando lo dañó con un codo mientras se lo mostraba a unos amigos, haciéndole un pequeño agujero. El retrato de una amante de Picasso fue reparado, pero Wynn decidió quedarse con él.

“Todos los días hay episodios en los que surge el peligro de un accidente”, comentó Michelle A. Lehrman Jenness, directora de seguridad del Instituto de Arte de Chicago. “El personal es entrenado para anticipar accidentes observando el lenguaje corporal de la gente. Si alguien lee un folleto y apunta hacia un cuadro, por ejemplo, le pedimos que se aleje un poco del cuadro como medida preventiva”.

Una barrera con cordones no hizo mucho para detener a un hijo de dos años de Alan Hancock en el Fairchild Tropical Botanic Garden de Miami. Hanckock quería que sus hijos viesen los trabajos de Dale Chihuly en vidrio.

“En un invernadero se fue por debajo de los cordones y estaba a punto de tocar una pieza cuando le di un grito y lo frené”, contó Hanckock, quien vive en Fort Lauderdale. “Mi corazón dejó de latir por un momento. Si la hubiese tirado, creo que hubiera tenido que usar el dinero para sus estudios universitarios, y tal vez más”, para reparar el daño.

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“El actor”, una pintura que data del período rosa de Picasso, fue dañada accidentalmente por una estudiante descuidada.
“El actor”, una pintura que data del período rosa de Picasso, fue dañada accidentalmente por una estudiante descuidada.

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