Desde pequeños mirábamos en los murales escolares la enigmática imagen de perfil de un hombre al que llamaban “prócer de la patria”.
Los maestros nos contaban sobre sus hazañas, reformas, ideales de unificación y nos iniciaban en la admiración que aún hoy, después de 169 años de su muerte (el 15 de septiembre de 1842), existe por el general Francisco Morazán.
Este prócer caminó con paso firme hacia su ejecución, como si en el fondo supiera que no iba hacia la muerte, sino hacia la inmortalidad, pues sus ideas han sobrevivido a todos los tiempos y acontecimientos políticos.
Ejecutaron su cuerpo, pero sus ideales todavía siguen firmes en la mente de muchos hondureños y de muchos centroamericanos.
Sin embargo, en esta ocasión no nos detendremos a hablar sobre lo que enseñaban en las escuelas, sino sobre el Francisco Morazán que existiría hoy en día, poniendo como contexto sus ideales políticos y trasladándolos a la época actual.
Un gran conocedor de la historia de Francisco Morazán es el escritor hondureño Julio Escoto, autor de la obra “El general Morazán vuelve a marchar desde su tumba”, publicada en 1992. A continuación, el diálogo con Escoto:
¿Considera que hoy en día la unificación centroamericana es una utopía o, por el contrario, puede ser una realidad?
La unidad centroamericana al viejo estilo o concepto es cada vez más difícil, sino imposible. Esto es aquella que exigía como fundamento de unificación la asimilación territorial. Creo que al presente ningún país está apto o dispuesto para ceder su territorio en aras de un gran proyecto regional.
Tampoco es factible, en estos momentos, la unificación del trabajo, pues prosiguen existiendo valladares para que obreros de un Estado se integren normalmente a las funciones productivas de otro. En cambio hay integración del capital, pero eso no es un fenómeno nuevo, ya que el capital carece de nacionalidad y se asienta, o vuela de aquellos espacios donde incrementa su renta. El factor que podría acelerar la integración centroamericana es la cultura, pero a gobiernos, mandatarios y partidos tradicionales no les interesa, ni conviene que los pueblos sean cultos y se hermanen. Entre más balcanizados se encuentren y vean, mejor para ellos.
¿Podría ser la unificación centroamericana la panacea para acabar con la pobreza, mejorar en temas de salud y educación y alcanzar la independencia total?
No. La panacea es exclusivamente la justicia. Ningún proceso de integración asegura la felicidad. En cambio, el imperio de la justicia y la equidad sí garantiza una justa distribución de la riqueza, que es la causa directa en Centroamérica de sus altos índices de miseria y pobreza. En segundo lugar, ya no existen países plenamente independientes, ni Estados Unidos mismo, primera potencia mundial, que está atado al lastre de su deuda externa con China y otras naciones. Lo que hay ahora, y más bajo los procesos de globalización y mundialización, es la interdependencia, y no de otra forma debe contemplarse el futuro del orbe. Los países vendrán a ser cada vez más dependientes unos del otro, pero sobre la base de dependencias (intercambios) escogidas, no impuestas como previamente hacían los imperios. Salud, educación, seguridad, empleo, techo, son logros y alcances que cada sociedad debe obtener en principio por ella misma y, quizás, socializar, regionalizar en una segunda etapa. Y la solución a ello es sencilla si bien pocos la reconocen: tales males acaban el día en que cada país recupere el usufructo de sus recursos naturales y los administre correctamente bien, sin corrupción.
¿A su criterio, qué pasaría si el general Morazán hubiese nacido en la época actual?
Estaría organizando un movimiento social político para recobrar el poder y desde allí generar cambios. No creo que estaría en las calles quebrando vidrios ni empuñando un arma, pues se daría cuenta, como hombre inteligente que fue y exacto lector de la realidad, que los modos y actuaciones del desempeño político y del hacer cívico han cambiado. Si en las décadas de 1970 a 1980 todavía era posible armar una guerrilla, hoy ya no lo es.
Hoy se impone la acción política novedosa, ajena y separada de las facciones tradicionales, que están intensamente desprestigiadas. Se impone un nuevo credo y un fresco pensamiento de solución de problemas, uno que contribuya a unir y no a apartar, que sume en un haz de fuerza a los diversos renglones escritos en la página de la sociedad: campesinos, obreros, maestros, empresa privada e incluso grandes inversionistas honestos, no corruptos ni oligárquicos. Estaría abogando porque los recursos naturales de Honduras vuelvan a propiedad de la nación y de la sociedad, a fin de transformarlos en masa monetaria capaz de fomentar el desarrollo. Recordaría perfectamente que hacia 1950 Finlandia era tan pobre como Honduras y que su cambio hasta convertirse hoy en una sociedad moderna de primera categoría ocurrió desde el instante en que el Estado entregó los bosques a las municipalidades para su aprovechamiento.
Y ocurrió en cuanto se declaró a la corrupción y los corruptos enemigos de la nacionalidad. Morazán andaría en esa onda, no me queda la menor duda.
¿Cuál cree usted que hubiese sido el futuro de Honduras, de Centroamérica y de América Latina si Morazán hubiese estado al mando por más tiempo?
Tengo dudas de que hubiera podido continuar un año más en la dirección del Estado federal, pues los pueblos estaban pidiendo a gritos cambios de modernización que los legisladores, sin embargo, por jugadas políticas se resistían a conceder. Sin embargo, cuando escribe su testamento, Morazán advierte que ha cambiado su plataforma ideológica y da a entender que cree en el Estado unitario, no el federal. Quizás allí pudo haber una segunda oportunidad de transformación, pero el destino raramente da esa segunda oportunidad.
¿Ve usted, en las figuras políticas de la actualidad, algún líder que podría retomar la idea morazánica de unificar Centroamérica?
Con la profundidad y honestidad de aquel, definitivamente no. Morazán partía de la idea del hombre como motivación para el desarrollo, mientras que al presente la idea del capital ha viciado y vicia a todos, absolutamente todos los políticos centroamericanos. No veo a nadie con la altura del prócer, aunque quizás esté por nacer, los tiempos nunca se repiten a pesar del imaginario de la espiral histórica.
¿A su criterio, hay semejanzas entre las ideas de Francisco Morazán y las de Simón Bolívar? Si las hay, ¿cuáles son?
Desde luego que ambos son producto de un pensamiento libertario acunado desde la autonomía de Haití, la revolución francesa y la independencia de Estados Unidos, y que proclamaban ellas tres la importancia del ser humano sobre lo material, el derecho de los pueblos para gobernarse a ellos mismos, la invalidez de los derechos divinos atribuidos a los reyes y los conceptos de soberanía y autogobierno. En estos planos comparten ideología. Morazán, sin embargo, va un céntimo más allá, pues rechaza, en cualquier forma, el caudillismo, la autoglorificación (jamás permitió poner su nombre a nada) y la dictadura. Lógico, Morazán es un poco más avanzado en los tiempos, unos años más cerca de nosotros y, por ende, de ideas mejor elaboradas de gobierno y Estado.
¿Qué errores se le pueden atribuir a Morazán?
Concretos errores se encuentran en Guatemala, donde peca de inocente ante Carrera, confía en exceso peligroso en la burguesía de ese Estado y en su fuerza religiosa, así como errores en batalla cuando intenta reconquistar la capital en 1840 de manos de Carrera. Muchos otros errores se expresan en Costa Rica, donde por momentos le faltan audacia y autoridad y por otros mal que le sobran. Errores al desestimar la fuerza mayormente oculta del poder inglés, que concluye defenestrándolo y asesinándolo. Mientras es presidente de la Federación pudo haber ejercido mayor presión política para que el Congreso Federal empujara los cambios que solicitaban los pueblos y que pudieron haber salvado al proyecto federal. Nadie niega que fue un político hábil, pero que quizás le hubiera sido de mucha ayuda un poco más de autoritarismo. Claro, esto lo decimos nosotros lejos de aquellos tiempos y de sus circunstancias, que desconocemos en profundidad. Es fácil juzgar desde lo extemporáneo. Creo que su mayor error es haberse anclado más allá de lo prudente a un proyecto político que hacía aguas tempranas y que él debió detectar peligraba. Aunque no le hubieran aprobado jamás la integración gubernamental en un solo mando, por lo menos lo hubiera intentado. La historia se lo reconocería hoy.
¿Aparte de lo que se enseña en las escuelas, qué es lo que los jóvenes deberían saber sobre Francisco Morazán?
Su ética. Los principios cívicos de un hombre que, sin ser perfecto, aspiró permanentemente a la perfección alcanzable en los planos de la expresión personal, la política, la relación con los demás. (No recomiendo que sigan su ética en el amor). Morazán es una escuela de conducta política, aunque cometa errores, pues su intención honesta es lo válido. Es también modelo en la persistencia, constancia y vigor para alcanzar los objetivos que se propone, ya que no ceja, no se rinde, no capitula ni se traiciona en búsqueda de afanes personales. Es igual modelo de solidaridad y ambición democrática, pues toda su vida peleó por el beneficio de los demás. Incluso es imitable en el dominio del arte de la guerra, en lo que fue genio natural.
¿Cuál sería la manera adecuada de celebrar a este prócer de la patria?
Publicando un millón, dos millones, tres millones de ejemplares de libros con su ideario, vocación y pensamiento y colocándolos en manos de niños, jóvenes, adultos y viejos hondureños. A ver si conociendo al héroe lo admiramos más y lo imitamos.
¿Podrá Morazán volver a marchar desde su tumba?
Lo hace todos los días en la personificación de los hondureños probos que prefieren luchar a diario y vivir pobres que robar; en la figura del maestro cumplidor y estudioso o del alumno ansioso de conquistar un porvenir. Lo hace en manos de los artistas que, a pesar de la pobreza del mercado cultural, prosiguen escribiendo obras, pintando cuadros, componiendo canciones, tallando metales o maderas. Marcha a batallar otra vez cuando la gente se va a la calle a reclamar una injusticia o una inequidad; cuando hay pensadores que imaginan a una Honduras fuerte, sólida y dueña de ella misma, no vendida al capital transnacional; resucita en la palabra honesta del buen sacerdote, no del jerarca millonario, que educa a sus fieles a conocer el bien y la felicidad. Hay Morazán para rato en Honduras y Centroamérica. Mientras hay ansia de libertad, Morazán vive por siempre.
