Juan Ramón Durán

“La ideología de los periodistas en los 80 era por convicción”
ElHeraldo.hn

Honduras

20.05.2011 - Redacción - ecerratoSPAMFILTER@elheraldo.hn

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Diversos son los momentos en que el periodista Juan Ramón Durán ha vivido al filo de la navaja en el ejercicio de la profesión.

"Mi vida ha estado en peligro varias veces", confiesa, pero no por eso se arrepiente de "estar en los zapatos" de un comunicador por las múltiples satisfacciones que ello le ha dejado.

Con cuatro décadas bregando en el mundo de las noticias, Durán es una fuente generosa de experiencia y consejos. Ya sea como catedrático universitario de la clase de Periodismo Interpretativo o como corresponsal del prensa internacional, Durán mantiene su carácter sosegado, pero firme.

Después de librarse de ciertas ocupaciones durante la mañana, el periodista atiende a EL HERALDO para compartir algunas de sus vivencias más importantes:

¿Cuántos años lleva en el periodismo? Yo tengo alrededor de 40 años en el periodismo y 33 años en la docencia universitaria.

¿Por qué decide ser periodista? Estaba estudiando en la Escuela Normal de Varones Pedro Nufio, estudiaba magisterio, estaba la gran huelga del magisterio, para variar, y como estudiante normalista montamos un programa de radio en Radio América los fines de semana y comenzamos a publicar un periódico, se llamaba Adelante, un periódico mensuario que lo imprimíamos en la imprenta La República. Ahí sentí la gran identificación con el periodismo.

Yo quería estudiar Medicina, pero mi familia no tenía los recursos económicos y tuve que optar a una beca en la Escuela de Varones, el profesor Jesús Milla Selva me dio esa beca y como participamos en la huelga de 1969, cuando el magisterio logró sus primeras grandes conquistas, entonces el poeta Óscar Acosta, en el diario El Día, comenzó a publicar unas entrevistas que yo publicaba en el periódico estudiantil.

Mi sorpresa fue terrible, ver mi nombre en una página completa tamaño estándar con una entrevista al poeta Roberto Sosa, luego publicaron entrevistas a Eduardo Barh y luego al teatrista Saúl Toro.

Esas cosas reafirmaron mi deseo de ser periodista, de lo cual no me arrepiento, he logrado las mayores satisfacciones de mi vida profesional.

¿Qué le ha dado y qué le ha quitado el periodismo? Me ha dado muchas satisfacciones de orden personal, he viajado a muchos países en cobertura de acontecimientos, me han dado la oportunidad de estudiar en el exterior, en seminarios, cursos y talleres, y eso es lo que me ha dado.

Lo que me ha quitado... sí, el tiempo oro no se lo dediqué a mi familia como debía porque el periodista destina prácticamente minutos a su familia, eso es lo que lamento a estas alturas de mi edad, a mis 59 años.

¿Hubo momentos críticos en su carrera en las décadas de los 70 y 80? Uuuuuh, sí. Uno salía de la casa y no sabía si iba a regresar. Muchas veces teníamos que salir acompañados entre periodistas porque no sabíamos el momento en que podíamos ser capturados y desaparecidos.

En dos ocasiones estuve a punto de ser secuestrado, pero afortunadamente hay amigos; recuerdo a un abogado que trabajaba en la DNI, que me dijo: "Mirá, estás en problemas, no salgas de tu casa".

Yo tenía que trabajar, pero gracias al aviso de ese amigo pude evadir el intento de secuestro. Eso fue en el 83, y en el 84 el doctor Ramón Custodio nos dio mucha protección.

Yo tuve una discusión con el general Gustavo álvarez Martínez porque él me acusó de que yo escribía mucho sobre derechos humanos.

Pero vino a Honduras un periodista del Washington Post, Robert McCartney, y me cubrió con un manto y me presentó en la Embajada de Estados Unidos como asistente de él y colaborador del periódico más importante del mundo, eso de alguna manera detuvo el hecho, de que me registraran en la Embajada como corresponsal de un medio norteamericano.

Para el Washington Post cubrimos varias cosas, recuerdo la cobertura cuando derribaron un helicóptero en la zona fronteriza con Nicaragua y ahí murió un personaje de la contra de Nicaragua y cubrimos para la NBC y para el Washington Post.

Yo tenía mi obligación laboral con Inter Press Service (IPS) y con otras corresponsalías y en la IPS nos pedían exclusividad.

¿Qué diferencia hay en la creencia ideológica de los periodistas en la década de los 80 y en la actualidad? Hay diferencias... En la década de los 80 había una postura ideológica auténtica, era por principios, era por convicciones políticas auténticas y yo en esta coyuntura veo que es muy artificial, la veo como muy traída de los cabellos por intereses del dinero, tanto las inclinaciones de izquierda como de derecha. En la década de estudiantes nos movíamos por ideas, por doctrinas, pero ahora veo que incluso en nuestro gremio las cosas se mueven por un interés extraordinario.

¿Toda su experiencia ha sido en diarios? Básicamente, en agencias internacional de prensa, yo comencé como esclavo del abogado Moisés de Jesús Ulloa Duarte y él me dijo que le ayudara en la corresponsalía cuando él estaba fuera del país. Lo cómico en ese momento, en diciembre de 1972, es que él se fue para México y me dejó cubriendo la agencia y en eso vino el golpe de Estado y a los tres días un periodista francés de La Moneda llama y pregunta por Moisés y le dije que estaba en México, le dije que Moisés tuvo una emergencia y él salió del país y me dijeron que me quedara (cubriendo) pero les dije que de ninguna manera, porque él es mi amigo.

A partir de ese momento comencé a trabajar en la agencia, luego pasé a Acan-Efe, luego fundé el diario La Noticia, de corta duración.

¿Cómo cambia la vida profesional de un periodista cuando trabaja para una agencia? Creo que sí, el trabajo del corresponsal de prensa es extremadamente delicado, muy cuidadoso; no se puede equivocar. En una ocasión, trabajando para la agencia EFE, un compañero con el que compartíamos la corresponsalía de la agencia se equivocó al usar la palabra "broca del café" por "roya del café" y fue destituido por cuestiones de minutos. Hay que hacer una redacción con dos a cuatro fuentes, una redacción más o menos nítida y el trabajo es riguroso y, claro, es uno de los mejores remunerados.

¿Tengo entendido que recientemente tuvo una anécdota cuando trabajó en la reporteada durante la crisis de junio de 2009? Sí, la colega Telma Mejía enfermó y me dijo que le cubriera para la agencia IPS y realmente estaba alejado de la profesión unos años, primero porque saqué mi especialidad en investigación de 2003 a 2005, luego mi trabajo en la Comisión de Transición de la Universidad de 2005 a 2008 y después un diplomado en investigación científica y la colega Mejía me llama y tengo que cubrir tanto la actividad de los favorables al golpe de Estado como los contrarios al golpe.

En unos lados le decían a uno resistencia, en otro golpista. Un muchacho me insultó y estuvimos a punto de irnos a los puños porque me dijo que me había visto bajar de un carro europeo. También cuando intenté entrar al velorio de una líder de la resistencia una persona se me acercó para insultarme y decirme que era golpista.

¿Alguno de sus hijos intentó estudiar periodismo? Los tres tuvieron intenciones, solo uno tenía claro que iba a ser médico y ya se graduó. Yo les dije que ellos estaban en la libertad de estudiar, solo mi hija mayor, Cecilia, estudio comunicación y publicidad en Unitec y trabajó en EL HERALDO, luego en Calderón Publicidad y ahora es docente de Unitec.

¿Por qué los periodistas siempre recomiendan a sus hijos que no estudien periodismo? Por los riesgos de la profesión y uno no quiere que sus hijos pasen el estrés y la tensión que genera el periodismo, estimo que hay una sobreprotección para los hijos. Yo estuve a punto de perder la vida en varias ocasiones. En una Semana Santa estábamos cubriendo un accidente aéreo con Armado Cerrato en Las Lajas y estuvimos caminando tres días para encontrar el avión y cuando llegamos al accidente llegó un avión de la OEA, estamos hablando entre 1971 y 1972 y prácticamente casi nos decapita con las aspas del aparato.

Otra vez, cubriendo la visita del jefe de Estado de Honduras, Oswaldo López Arellano, en Panamá, nos invitaron a que fuéramos en el avión el corresponsal de Prensa Latina y para que fuéramos en el avión con Oswaldo López Arellano y Omar Torrijos, nos elevamos del aeropuerto de Punta Paitilla y comenzamos a llegar a la zona del Canal, hubo un llamado al helicóptero en donde se le advertía al piloto que estaba entrando en territorio de Estados Unidos y que lo iban a derribar. El piloto les contestó que dentro del aparato iba el presidente Torrijos y contestaron "bueno, no importa".

Yo sentía que en cualquier momento nos derribaban con un misil. Afortunadamente el piloto, sin que el general Torrijos se diera cuenta, hizo un viraje y se alejó de la zona. Esa nota fue primera plana en los diarios de Panamá.

¿Cómo conoció a su esposa? Yo la conocí en el Coro Polifónico Nacional de la Escuela Nacional de Música, yo era estudiante de la Escuela Normal de Varones en el año 69 y Francisco Lara, que le gustaba la música, y otros colegas decidimos ir a la Escuela Nacional de Música y mi esposa Belinda llegaba al coro. Una tarde ella andaba un collar de esos de fantasía y le dije que estaba muy bonito y ahí comenzó todo...

¿Cuántos años de casado? ¡úpalé!, yo me casé en 1973. He cometido muchos errores en mi vida, uno como periodista cree que uno forma parte del poder y con el poder todo se le ofrece, se le ofrecen invitaciones a comida, mujeres, paseo, viajes y a veces uno comete errores, ese tipo de ambiente lo ciega a uno y comete errores, pero afortunadamente si uno rectifica y reconoce la falla es perdonado y logra una vida familiar más o menos tranquila.

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