Sus inicios fueron cuesta arriba, con muchas privaciones, pero sus padres lo incentivaron para que no desmayara. Y los frutos llegaron; Octavio Alvarenga logró convertirse en un destacado ortopeda, persistente a la hora de reclamar los derechos de los que menos tienen.
Beligerante y osado en sus palabras, Alvarenga ha tenido problemas por "decir la verdad", pero lo hace con gusto.
Cómo empezó su aventura por las ciencias médicas, por qué tipo de penurias pasó y cómo logró el éxito son facetas que revela en la siguiente entrevista concedida a EL HERALDO:
Tengo entendido que sus orígenes fueron complicados Mi familia es muy humilde, de San Francisco de la Paz, en Olancho, mi papá hizo segundo grado, mi mamá hizo cuarto grado, pero eran gente dedicada a la lectura. Mi padre pasó toda su vida leyendo y mi abuelo fue maestro de educación primaria empírico, pero tenía un intelectual de primera, un lector nato.
Entonces mi familia era una gente con vocación de mandar a sus hijos a la escuela a la fuerza, a mí me encantaba andar montado en un macho, a las ancas de mi padre, pero él me puso mucho rigor para que yo fuera a la escuela.
¿Cómo hacía para estudiar en medio de esos problemas? En el colegio Fraternidad, en Juticalpa. Llegó un momento en que mi padre no pudo seguir ayudándome porque la situación estaba dura, entonces los maestros de mi colegio me daban cinco lempiras cada uno para pagar mi colegiatura y mi comida.
¿Le ayudaban porque era buen estudiante? Sí, era buen estudiante, no era el mejor, pero más o menos, claro, era de los mejores, pero nunca fui el mejor. Luego terminé mi bachillerato ahí, ya participaba mucho, teníamos un club de estudiosos de Olancho y yo participaba mucho en la pastoral juvenil de la Iglesia Católica, fui del coro.
Yo tenía mi programa radial, tenía programas culturales en Olancho y participé en concursos de oratoria, gané concursos, pero nunca fui el mejor porque había otros gallos más brillantes.
¿Cómo hizo para ir a la universidad? Yo estudié en la Universidad Autónoma y tuve que trabajar en un aserradero, en Lepaguare, ahí dormíamos en el piso y mi trabajo era medir madera, y estuve trabajando para conseguir la matrícula de la universidad.
El que me contrató me robó dinero porque no me pagó el dinero completo, pero con el dinero que conseguí me vine a Tegucigalpa y con todos mis hermanos desde Olancho y rentamos un mesón en el barrio La Leona, eso fue en los 70.
Y en ese mesón vivíamos mi hermano, el otro que me sigue y que trabajaba, entonces juntamos la platita y mi papá nos mandaba la comida de Olancho .
Luego mi hermano decide irse al Seminario Mayor a estudiar sacerdocio y yo sigo en la universidad, me metí y ya no tenía dinero, así que me fui a trabajar de vigilante de una escuela. Yo trabajé en la escuela Simón Bolívar, del barrio Los Profesores, pero trabajé muy poco, le voy a decir que fui a sustituir al hombre que habían matado unos 8 días antes de comenzar.
Una vez casi me matan a pedradas; en ese tiempo me sacaron una carrera a piedras que si no corro me matan.
¿Después buscó otros trabajos? Pues la universidad me dio beca, me daban 124 lempiras al mes, eso fue en 1976, con eso vivíamos mis hermanos y yo.
¿Y le ajustaba ese dinero? Sí, uno en la pobreza… dormíamos en el piso, no teníamos cama ,usábamos cartones. Mire, después consigo trabajo como docente en la universidad, estaba en cuarto año de Medicina, me tocó ser docente como instructor de anatomía. Claro, ya me pagaban el doble, 250 lempiras al mes, pero ese era un platal para mí, hombre, ya teníamos camas, ya comíamos diferente.
Cuando llegué a séptimo año de Medicina y ya empecé a trabajar en el hospital El Carmen, nos daban comida y alguna cosa poca de sueldo.
Luego terminé mi internado y me fui para La Esperanza, Intibucá, a hacer servicio social allá.
Yo hice un apostolado del servicio social, le cuento que me tocaba salir de madrugada con rajas de ocote encendido y con un paraguas salía de emergencia para atender gente que no tenía dinero. Estuve en ese lugar tres años y medio. La gente agradece mucho, el ocasiones me regalaban gallinas para darme las gracias.
Yo ganaba mucho dinero en La Esperanza, bueno mucho dinero para alguien que no está acostumbrado a tener, ganaba cinco lempiras por consulta, pero había que darle muestras de medicamentos, poner inyecciones.
Luego me sentía cansado de hacer medicina general, eso es cansado, porque eran las 12:00 de la noche y aquel gentío en la clínica y yo ya no aguantaba. Por eso decidí especializarme.
¿Dónde? En mi país, yo había acumulado un dinero como para irme a estudiar a Europa y ya andaba con esa nebulosa que tenía que estudiar afuera, fui a Guadalaja, porque quería enrolarme en una universidad que se llama Escuela de Graduados de Guadalajara, pero pedían un montón de cosas ahí, solo aceptaban gente del Estado de ellos y por eso no pude estudiar.
Regresé y alguien me dijo que por qué me quería a ir si aquí iba a operar, que aquí era muy florida la cirugía, la "pesa" es muy buena porque la gente se hiere peleando, dicen que hay mas muertos que en Irak.
Yo me puse a pensar cuál era la clase en que mejor nota tenía y por eso me especialicé en ortopedia, porque me gustaba el área quirúrgica. Me gradué de médico general en 1984 y de la especialidad en 1988.
¿Cuántos años de ejercer la profesión? Hombre, yo tengo 22 años de ser especialista, pero está todo el mundo atrás, cuando me forjé como estudiante de medicina.
¿Qué cosas son las que más recuerda de su vida como médico? Yo recuerdo que estaba una paciente y le dije al médico residente que le diera la receta de la prótesis y el cemento y al día siguiente le digo al médico residente si le había dado todo y me dijo que solo el cemento, ¡no!, el cemento es una sustancia que sirve para unir huesos, le dije.
La señora me dijo que ella había comprado el cemento y que lo había traído y cuando le pregunté que cómo había hecho para comprarlo sin receta ella me dijo que la hija lo había comprado en la ferretería... Otra vez una paciente se me fue sin cita, y yo quedé con aquel peso de conciencia ya que tenía unos jefes muy rígidos que si se daban cuenta que la paciente se había ido sin cita me iban a castigar y como al tercer día me fui a tres emisoras a hacer llamados al paciente y apareció y le pude dar la cita.
¿Cómo llega a ser subdirector del hospital Escuela? Mire, yo llegué acá, primero fue allá en la dirección, me llevó un militar, no me llevó ningún político, y él me llamo para que le ayudara, eso hace como cuatro años y ese militar, el doctor Juan Ramón Barahona, médico militar, me rogó tres veces que le ayudara, pero nunca tuve poder, nunca nombré a nadie, nunca quité a nadie, nunca participé en una compra, todo eso fue un voluntariado.
Luego, al llegar el nuevo gobierno prescinden de mis servicios y entonces... no, yo no tengo ningún cargo administrativo, cuando quedo como jefe de Ortopedia es porque el jefe está de vacaciones, aquel gallo tiene más antigüedad que yo.
La plaza sí la gané por concurso, pero estuve 9 años por contrato. Me pagaban de lunes a viernes y no me daban vacaciones. Ahora solo estoy dedicado a los reemplazos de rodilla y de cadera, pero hice operaciones de huesos en general, hace mucho tiempo.
¿Decir las cosas de frente le ha acarreado muchos problemas? Hombre, claro que sí. Mire, el que no dice la verdad, el que no tiene enemigos es porque nunca dijo la verdad. Yo no creo que tenga enemigos de muerte, pero sí gente a la que le puedo caer mal, ha de haber. Óigame, si hasta de la virgen María hablaron, cómo no van a hablar de mí, que soy un triste pecador.
¿Cómo ve su nombramiento como jefe de quirófanos luego de exponer sus quejas por las muertes de personas después de ser operadas? Espero que no sea maquillaje, que sea una figura de maquillaje, voy a ver con el señor director cuáles serán mis atribuciones y el mando que voy a tener, si todos se van a alinear alrededor mío está bien, pero si la gente está... yo no voy a pelear, porque yo tengo vocación de curar gente, pero no de amansar gente.
¿Cuándo se casó? Estaba en último año de Medicina, cuando tenía 29 años.
¿Cómo la conoció? En una protesta en el parque Central, en una manifestación porque siempre me ha gustado protestar, ya ni me acuerdo por qué era la protesta.
¿Le ha gustado la política? Yo nunca he estado en la política, si me hubiese metido en la política hubiese sido ministro o algo. Yo admiro la otra gente que anda, siempre que ande en caminos de honradez.
