La cuenta regresiva para los días del escape de verano ha iniciado, la brújula se vuelve loca y apunta decididamente hacia el sol, el mar, la arena y la diversión que se desarrollan en las costas hondureñas.
La ciudad de Tela, en el departamento Atlántida, es uno de los destinos favoritos. Considerada como la acreedora de algunas de las playas más bellas del país, visitarla es casi una obligación para los amantes del verano.
Los ceibeños actualmente le apuestan fuertemente al turismo nacional y extranjero, la ciudad cuenta con una infraestructura que se adapta a las exigencias mundiales. Se destaca Hotel y Villas Telamar que tradicionalmente ha sido un lugar de referencia para turistas nacionales e internacionales.
Tela cuenta con ofertas para los visitantes con variedad de precios y una atractiva vida nocturna. También cumple con las expectativas de gustos variados ya que por su ubicación es un punto de partida para quienes son atraídos por las zonas de contacto con la naturaleza como el Jardín Botánico Lancetilla y los parques nacionales Punta Sal y Punta Izopo.
Vida. Fundada el 3 de mayo de 1524 por el conquistador Cristóbal de Olid con el nombre de Triunfo de la Cruz, sus calles y playas han sido los testigos silenciosos de grandes relatos que condensan en gran parte una importante parte de la historia del continente.
Al paso de los años su nombre cambió, probablemente con el afán de abreviarlo a Tela.
A finales del siglo XVI, la bahía de Tela era uno de los lugares más reconocidos en la América que vivía la aventura de la colonia. Se convirtió en la sede favorita de los bucaneros que buscaban interceptar los barcos españoles para robarles los tesoros que estos previamente habían sustraído de Centroamérica, México, Cuba y otros puertos del Atlántico.
Tela se convirtió en ciudad en 1912, mismo año en el que su historia iba a tener un nuevo e importante cambio.
Con la decisión del gobierno de iniciar a otorgar concesiones iniciaron los años del enclave bananero y del levantamiento del gigante de la Tela Railroad Compañy, cuyo fantasma todavía se respira en la ciudad y se hace sentir en sus rincones y callejones.
Este lugar tiene muchas historias que contar y su población pareciera que puede reflejar cada momento que ha vivido la ciudad.
Actualmente la principal apuesta es el turismo, y los teleños se han vuelto parte de este esfuerzo por presentar a su tierra al mundo para que pueda mostrar todos los tesoros que se enorgullece de ostentar.
ConÓzcalo. A menos de cinco horas de la capital, el recorrido es tranquilo y una vez dejando atrás las ajetreadas calles de El Progreso, Yoro, poco a poco se va sintiendo un calor diferente y una calma que deja claro que se ha llegado al destino.
El mar durante el día se muestra tranquilo manteniendo un oleaje que envidian muchas otras costas del mundo. La arena se extiende varios metros creando junto al mar de azul-claro un bello paisaje que es atravesado por el viejo muelle que pareciera el capricho de algún pintor o un homenaje a la vasta historia con la que cuenta la bahía.
En las calles parece que el tiempo se detuvo en aquellos años en los Honduras era más conocida como la “República del banano”. Las casas mantienen un estilo que dibuja otro paisaje multicolor que complementa al maravilloso espectáculo que brinda sin interrupción el océano.
Pasarse todo el día en la playa es vivir una serie de aventuras, hay miles de cosas que hacer en el agua así como en tierra, los hoteles y resorts ofrecen espectáculos y preparan juegos para los visitantes.
A pocos minutos se encuentra las poblaciones garífunas que mantienen sus tradiciones milenarias que han marcado con gran sobriedad la identidad de Honduras.
Estas poblaciones poco a poco se han abierto al turismo pero tratando mantener su independencia buscan alternativas en las que su cultura pueda darse a conocer al mundo sin ser trastocada o dañado el estilo de vida que han mantenido durante tantas generaciones.
Los garífunas son uno de los pueblos más impresionantes que alguien puede llegar a conocer, su alegría y dedicación al trabajo y el respeto por su ambiente es un ejemplo a seguir, sin decir su apego por la cultura y el arte en la que sobresale sus formas musicales en la se hacen presentes las percusiones y los vientos que recuerdan a sus antepasados africanos.
Naturaleza. Las costas de Tela todavía proveen pescado que es otro de los rubros más importantes entre los habitantes que se preocupan por la conservación del medio ambiente.
La ciudad está rodeada por importantes reservas con las que afortunadamente aún cuenta el país.
Muy cerca está Punta Izopo, con una gran variedad de flora y fauna, lugar donde habitan en armonía aves, monos, caimanes y tortugas.
En el oeste de la bahía de Tela está Punta Sal con arena blanca, un exótico espacio que es el hogar de varias especies, también puede conocer la laguna de Los Micos, que es definitivamente uno de los puntos más bellos de toda la región centroamericana.
Tela es el portal para algunas de las sorpresas más gratificantes que se pueden encontrar en territorio hondureño, es además una de las más pintorescas ciudades.
Los hondureños la han colocado como uno de sus lugares favoritos para visitar, ya que cuando el sol en otras latitudes pareciera inclemente en Tela siempre sonríe.
Ahora busca captar a nuevos visitantes de otras tierras que andan buscando grandes experiencias y que con seguridad las encontraran de sobra en esta antigua ciudad, que ya está lista para recibir a quienes deseen ser enamorados al ritmo de las olas o de los enérgicos tambores garífunas.
Anímese y reconozca una importante dosis de la esencia de Honduras. Definitivamente que en un lugar como este la vida alcanza condiciones muy difíciles de mejorar.
