Tierra adentro, allá donde la modernidad se resiste a llegar, Luciano Pinoth creó su propio paraíso, bajo la visión de que el mundo no estará en peligro mientras se cuide la naturaleza.
La era de los ambientalistas no estaba ni en ideas, cuando este agricultor, que apenas hizo tercer grado de educación primaria, entendió que la naturaleza marca el equilibrio de la vida.
Hace 30 años, mucho antes del auge de tantas ONG “ambientalistas”, este campesino tuvo la visión de que la humanidad caminaría hacia su autodestrucción al contaminar y destruir el ambiente.
No buscó financiamiento internacional, sino que con su propio esfuerzo y el apoyo de su esposa, Alba Esmelia Arguijo y de sus cinco hijos, emprendió su gran proyecto, que hoy se conoce como Finca Villa Ester.
A 28 kilómetros de Guaimaca, Francisco Morazán, está la comunidad de La Aserradera, ahí, en 1978 Pinoth comenzó a construir su propio edén, en un terreno de siete manzanas que su padre le heredó.
Su sentimiento por el poco apoyo estatal recibido lo deja entrever en un poema que el mismo escribió. “Mi finca deja dinero al Estado, pero éste es un desalmado, tengo que andar de rodilla, para que me presten un centavo”, critica en sus versos.
Aquel terreno, situado a 1,150 metros sobre el nivel del mar y proclive a la erosión poco a poco se convirtió en un cafetal, posteriormente en una reserva natural, privada.
Este es el fruto del trabajo de toda una vida, aseguró Pinoth, relatando orgullosamente cómo comenzó sembrado café típico, o sea café indio, después fue mejorando la finca con una nueva variedad de café conocido como paca.
El cambio a la nueva variedad de café representó un nuevo trabajo para Pinoth quien se vio en la obligación de construir acequias o terrazas para evitar la erosión del suelo, ligeramente inclinado.
El cambio representó una mejoría en la producción, por ejemplo en una manzana donde sembraba 900 plantas de café típico, con las variedades mejoradas llegó a sembrar 3,000 plantas, explicó. Construyó su pequeño beneficio para procesar el café. La pulpa del grano la utiliza como fertilizante, el agua que sale de este trabajo no va a parar a ningún río, como sucede frecuentemente, sino que cae en un depósito construido con ese fin. La pulpa del café, Pinoth la usa también para el cultivo de la llamada lombriz roja californiana, una especie que convierte la pulpa en bioabono.
ESPECIES. “Desde un principio cuidé de los árboles que ya estaban en el terreno y como si presintiera los problemas ambientales que hoy se presentan, empecé a sembrar árboles frutales, árboles maderables y no maderables”. Así la finca se fue llenando de árboles de caoba, de papiro, de roble y de cuatro variedades de cedro en peligro de extinsión, entre otros.
La imaginación de este conservacionista no se quedó ahí, tras observar que algunas variedades de orquídeas estaban desapareciendo en la montaña, fue tras su rescate y logró salvar muchas de ellas. Hoy las flores de estas plantas parásitas crecen y florecen en los troncos de los árboles de su finca.
El toque del paraje natural empezó a verse más colorido, con el cultivo y siembra de plantas ornamentales exóticas de distintas variedades, que hoy bordean los senderos hechos a mano.
Aprovechando el agua, construyó cinco lagunas donde además de peces cultiva también caracoles. Estos productos una parte es comercializada y la otra es utilizada para el consumo.
Villa Ester, ahora es una finca integrada donde los químicos están desechados, predominando los productos orgánicos, con lo cual evita la contaminación del medio.
Cuando se cuida la naturaleza, ella siempre juega a favor del hombre, explicó recordando que “en 1987 salió un gusano que devoraba la hoja del árbol de guama- planta que sirve de sombra al café- pero una variedad de pájaros, atacaron el gusano y controlaron la plaga”.
Por la forma de protección empleada, actualmente la finca es visitada por centenares de escolares que encuentran en ella un modelo de aprendizaje.
A pesar que Pinoth apoyó a varias organizaciones cafetaleras, de forma ad honórem, su trabajo no le ha sido reconocido más que por la Asociación Hondureña de Periodistas Ambientalistas y Agroforestales (Ahpaaf) que recientemente le otorgó el premio Bellota de Oro.
