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Decretan toque de queda por imparable violencia

Vecinos se toman la justicia por su mano al matar a 6 malhechores que se atrevieron a asaltar un comercio y tomar rehenes para garantizar su huida. Prohibido salir a partir de las 7:00 PM
14.06.09 - Actualizado: 15.06.09 05:34am - Unidad Investigativa de El Heraldo: diario@elheraldo.hn

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Yoro,

Honduras

Cuando el sol se oculta, las casas se vuelven prisiones y las calles son senderos casi desolados.

La armonía de Victoria, Yoro, se vio interrumpida de golpe por una banda de delincuentes que osaron asaltar un comercio del lugar, pero estos pagaron su atrevimiento con sangre y desde ese momento la tranquilidad no ha regresado.

Los lugareños se tomaron la justicia por sus manos, mataron a 6 de los 10 malvivientes que escogieron el camino fácil de la delincuencia y encontraron una vía de terror.

Tras el incidente, se pusieron en práctica medidas extremas: desde las 7:00 de la noche hay toque de queda decretado por la alcaldía, y otras acciones preventivas.

Trinidad Chávez, juez de policía del pueblo, cuenta que no ha quedado otro remedio para que Victoria vuelva a ser el lugar apacible que siempre ha sido más que restringir la circulación de personas.

“Este siempre ha sido un pueblo trabajador, nunca hemos tenido problemas por delincuencia pero ahora hay que defender nuestro puebloâ€, cuenta con tristeza.

Y es que un toque de queda solo se decreta en situaciones extremas, en que la criminalidad desborda y sobrepasa la capacidad de prevención de las autoridades.

Después del huracán Mitch, en 1998, se aplicó un toque de queda pues los delincuentes estaban aprovechando que el fenómeno debilitó el sistema de seguridad.

Pero hoy no es un fenómeno natural el que provoca una respuesta tan drástica en un solo pueblo sino la incapacidad del gobierno en controlar la delincuencia común y organizada.

“El que desobedezca va a dormir a la posta hasta el día siguienteâ€, indicó Chávez.

Solamente los estudiantes de centros educativos nocturnos y miembros de iglesias que tiene cultos tienen permiso especial de andar después de las 7:00 de la noche, pero esta licencia se les suspende a las 10:00 de la noche.

Sumado a ello, los vecinos que integran la mesas de seguridad ciudadana también hacen rondas junto a los policías del municipio.

Victoria, a 180 kilómetros de la capital, es un municipio de unos 35 mil habitantes entre el pueblo, 40 aldeas y 135 caseríos que en su mayoría se dedican a la ganadería y el comercio.

El tiroteo

El inusual suceso de ese día supera cualquier libreto de Hollywood sobre el viejo oeste, de esas historias en que el pueblo temeroso se arma de valor y corre a los chicos malos que llegaron para sembrar el terror.

El reloj marcaba casi las 9:00 de la mañana del 2 de junio pasado cuando un vehículo pick up, con 10 personas a bordo, se estacionó frente a un negocio. Del carro bajaron 8 delincuentes que entraron al comercio y gritaron: “este es un asaltoâ€.

Los otros dos delincuentes quedaron dentro del automor vigilando la posible llegada de policías.

Los malhechores que entraron al negocio exigían al dueño del establecimiento todo el dinero que tenía, pero mientras eso ocurría un joven quedaba sin aliento corriendo por las calles para avisar del hecho a la posta del pueblo.

“Un niño me contó que estaban asaltando el negocio y salimos en veloz carrera para actuarâ€, dijo la policía Juliana García.

En la posta solo habían dos policías, pues otros 5 asignados a Victoria estaban ese día de misión en otro lugar.

García, junto a su otro compañero, fueron al sitio y al percatarse, los dos delincuentes que estaban en el carro se dieron a la fuga, dejando a sus compinches prácticamente atrapados en una trampa mortal. “Nos agarraron a tiros al vernos los del carro, y nosotros respondimosâ€, contó la policía sobre los primeros minutos de la refriega.

El dueño del local gritó a los policías que se fueran porque los ladrones les habían advertido que “primero muertos antes que entregarnosâ€.

“Si se acercan (los policías) matamos estos perros (rehenes en el negocio)â€, gritó otro de los criminales, según la agente del orden.

Tras una fallida negociación, los delincuentes salieron a la calle pero usaron como rehenes al dueño del comercio, su familia y varios clientes.

La intención era cruzar la calle hasta llegar al estacionamiento en donde estaba el carro del propietario de la tienda, para salir huyendo. Pero, temerosos, los 8 delincuentes empezaron a disparar y los 2 policías respondían.

Apoyo ciudadano

La lucha era desigual, pero de repente, las calles cercanas al negocio se empezaron a llenar de vecinos armados que no dudaron en usar sus pistolas para proteger a los policías. “Eran más de 100 personas, los tiros salían de todos lados, nunca habíamos visto nada igualâ€.

Al producirse la tirazón, los delincuentes decidieron liberar a los rehenes y todos emprendieron carrera hacia diversos lados.

Uno de los criminales salió herido en el estacionamiento, quedó manando sangre profusamente y uno de los vecinos corrió a rematarlo.

Los otros siete corrían despavoridos para escapar de la furia de los victorenses.

La policía logró capturar a dos, luego de una incesante carrera. “A uno lo herimos y el otro quedó sin municiónâ€, explicó García.

Los dos delincuentes fueron llevados a la posta, hasta donde llegaron coléricos ciudadanos exigiendo que se los entregaran.

A quienes primero intentaron matar, ahora suplicaban para que los protegieran.

“Les dijimos a la gente que no se los podíamos dar porque estaban bajo nuestra custodia; los delincuentes pedían perdón y nos rogaban para que no los diéramosâ€, explicó otro agente policial que participó.

Los mataron

Los otros 5 compañeros huyeron entre las montañas, atravesando quebradas y lomas de las aldeas cercanas.

Sin embargo, su suerte estaba echada: “los vecinos nos dijeron que no los iba a dejar salir con vidaâ€, contó la policía. Esas palabras fueron ciertas.

De nada les sirvió esconderse o suplicar, pues cada vez que un aldeano divisaba a uno de los delincuentes, lo ajusticiaba.

Los cuerpo fueron llevados a Medicina Forense de San Pedro Sula.

“Aquí uno no está seguro ya. Es increíble lo que ha pasado, este siempre ha sido un pueblo tranquiloâ€, dijo Osberto Landa, dueño de un negocio.

Cualquier rostro extraño ahora es visto con recelo en Victoria, los murmullos invaden las calles ante la presencia de alguien no conocido, de cualquier potencial delincuente que firme su sentencia de muerte si intenta volver a cometer un crimen.

Desde este lamentable incidente, los lugareños han tenido que refugiarse de la delincuencia de manera obligada en sus propias viviendas.

* Realidad:

IMPARABLE La ola de inseguridad comenzó a tocar pueblos en donde nunca habían sucedido hechos violentos, como en Victoria.

SIN POLICÃAS El gobierno asegura que hay más policías, pero en Victoria está demostrado que casi están solos.

REMEDIO Es por eso que la gente se ha visto en la necesidad de tomar la justicia por sus manos, pues no hay esperanza de que el gobierno cumpla su promesa de dar más seguridad.

* Medida: El toque de queda será por tiempo indeterminado, hasta que se esté seguro de que no hay riesgo de que la ciudad vuelva a sufrir más violencia, según la alcaldía.

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Los ciudadanos han tomado conciencia que se tiene que ayudar a la policía y en algunas ocasiones participan en operativos en horas de la noche.
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