Honduras
Las tradicionales marchas pacíficas del Día del Trabajo parecen ser parte de la historia.
Al menos, eso se deduce de los daños provocados en la ciudad de San Pedro Sula, donde los manifestantes dejaron a su paso vidrios quebrados, cajeros automáticos dañados, rótulos destruidos e infinidad de paredes rayadas.
Al igual que en otras ciudades del país, las exigencias de un aumento al salario mínimo, una mejor educación, seguridad y mayores oportunidades de trabajo, más de 30 mil trabajadores las relegaron a un tercer plano en la celebración del Día Internacional del Trabajo.
Durante la marcha, que comenzó desde el centro comercial Megaplaza, prevaleció el desorden ocasionado por miembros de la resistencia liberal zelayista.
La caminata estuvo conformada por 17 organizaciones de trabajadores, grupos sindicales, magisteriales, etnias y campesinos aglutinados en el frente nacional de resistencia popular, quienes pidieron al gobierno mayor compromiso e igualdad social.
Cientos de miembros de la llamada resistencia popular con sus rostros cubiertos y enarbolando llamativas mantas, la mayoría rojas y negras, coreaban consignas pidiendo una asamblea nacional constituyente.
Otros portaban pancartas en las que se podían leer mensajes alusivos a no violar contratos colectivos, no al “paquetazo”, repudio al aumento al combustible y a la canasta básica”, no a la corrupción y solicitando un empleo digno y bien remunerado, como una reforma agraria integral, alto a la violencia y un rechazo a la ley de inmigración de Arizona.