Honduras
Mientras las autoridades de la Secretaría de Seguridad hablan de aplicar todo el peso de la ley a los sicarios que asesinaron al vocero de la Dirección General de Investigación Criminal de San Pedro Sula, estos delincuentes siguen matando a miembros de la Policía Nacional.
Ayer, otro agente fue asesinado en la capital industrial del país, en un crimen similar al del inspector Edgardo Gallegos. La víctima es el policía clase I Felipe Portillo de Dios, de 27 años de edad, quien murió a manos de sicarios que le dieron persecución cuando se transportaba en un vehículo y lo atacaron a balazos alrededor de las cinco de la tarde.
Con la muerte de el agente suman dos los crímenes de policías en menos de cinco días.
El pasado viernes en horas de la mañana, en la avenida Nueva Orleáns de San Pedro Sula, fue acribillado el inspector Edgardo Gallegos, y ayer cuando el reloj estaba por marcar las cinco de la tarde, en el barrio Las Palmas, entre la 20 y 21 calles y 3 avenida, quizá los mismos sicarios acabaron con la vida de otro policía.
En las primeras pesquisas, los agentes encargados del caso presumen que el móvil del crimen está relacionado con la labor que ejercía en la Policía Nacional.
Los investigadores descartaron el robo, pues al policía no se llevaron sus pertenencias, entre ellas el carro marca Isuzu con placas PBL 6787 y color verde en el que se conducía.
Los hechos
Compañeros de labores del infortunado agente manifestaron que Portillo, antes de ser ultimado, dejó su motocicleta y su arma de reglamento en el complejo policial del barrio La Guardia, tomó su vehículo y se dirigió para su casa.
Antes de llegar al semáforo de la 20 calle, tres individuos a bordo de una camioneta negra sacaron sus armas de grueso calibre y comenzaron a disparar.
En medio de la lluvia de balas, el agente sacó un arma nueve milímetros, abrió la puerta y se enfrentó con los malhechores. Mientras buscaba refugio, Portillo pasó la mediana del bulevar y cruzó la calle tratando de salvar su vida, pero cayó abatido a balazos. En la escena del crimen se encontraron cerca de 60 casquillos de AK-47 y otras armas de grueso calibre.
Mientras se realizaba el reconocimiento, a la escena llegó Cándida Osorto, suegra de Portillo, quien entre lágrimas manifestó que hacía media hora había hablado con él.
"Iba para la casa porque yo le pedí el carro prestado", dijo la suegra.